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Tulio de Sagastizábal
¿Qué es, a su criterio, ser
un artista profesional?
Un modo de comenzar a hablar de profesión es preguntar
¿quién es un profesional? Y eso nos remonta a unas
antiguas escenas de unos antiguos señores trabajando laboriosamente
en unas imágenes que son , que eran, sus imágenes
del mundo. Y esas imágenes del mundo eran productos que
devendrian mercancias.De este modo producción y profesión
establecian la alianza que daba al rol de artista un lugar en
ese mismo mundo. Un lugar reconocible, un lugar aceptable, un
lugar útil. La condición de profesión se
alumbra pues como un nicho social. Y los profesionales eran, y
son, los que realizan ese trabajo reconocible ,repito, en su particularidad.
Lo profesional es asi función. Y la función por
definición no se autodefine. Se conforma en su relación
con el cuerpo que la aloja. La imagen de ese cuerpo es lo que
inquieta, porque ha dejado de ser un modelado prolijo. Y hemos
perdido confianza en la posibilidad de comprenderlo cabalmente.
O peor aún, dudamos de que dicho cuepo se presente dos
veces igual a si mismo. entonces:¿qué función
en qué lugar? ¿Quién es un profesional? La
secuencia avanza un poco y en la escena ya no estan esos señores
modelando manualmente sus mercancias, aunque como telón
de fondo muchos permanecen concentrados en esa actividad, pero
las luces enfocan otro plano donde algunos profesionales diseñan
proyectos a ser realizados en tales o cuales circunstancias, en
tales o cuales instituciones, porque la demanda de trabajo se
ha diversificado y el concepto de función se desplaza desde
el lugar de producción de imágenes hacia un lugar
de elaboración de nuevas relaciones de significación.
El autor ya no continúa siendo un imaginero ,es un productor
de interrogantes, o más exactamente la misma función
de interrogación sobrepasa la estricta producción
de imágen. Es un debilitamiento del mostrar como evidencia
de lo inefable. Quizás todo el cuerpo de incertidumbres
ya no permanezca asido a tópicos reconocibles y pasibles
de ser respondidos a traves de una imágen, y es más
la necesidad de demoler discursos consolidados que reproducir
cánones de los modos de decir. Entonces, también
la nueva escena que nos devolvía la imágen de los
profesionales acomodados en los nichos institucionales, produciendo
en gran medida en respuesta a las necesidades de un espectáculo
contemporáneo como principal demanda de trabajo, describia
una función que comienza a enrarecerse. ¿Qué
función es previsible, para producir qué profesión?
Quizás, eterno retorno, un destino anónimo sería
un precio justo a tanto devaneo, y que el César se quede
con su parte que es lo que ha hecho siempre. El artista como autor,como
herencia de los tiempos modernos, esta condenado a elaborar estrategias
para su propia disolución.Es la consecuencia creible de
su paradójica profesión de fé incrédula.
¿Cómo es la relación
entre control y azar en la construcción de su obra?
Para hablar de la dialéctica del azar y el control, o lo
que es igual del control y el descontrol, me gusta tomar como
punto de partida el momento en que la percepción del azar
se transforma, de manera tal que lo que fue percibido como apéndice
del hacer, el azar como accidente, se vuelve su contrario: el
verdadero continente. Ha sido histórica la relación
de los artistas con ese supuesto" encuentro" en el transcurso
de la producción con un azar que cumplia la función
de validación, de legitimación de lo producido.
Pero de este modo se trataba siempre de un azar que podia articularse
con el universo dominante de los lenguajes, dejando en un oscuro
lugar la pregunta sobre el origen, la pertinencia, y en definitiva
el por qué del valor legitimador de dicho azar minúsculo.
Esta idea asimilable del azar facilitaba la creencia en la fortaleza
de los discursos, dominantes, fetichizados, impidiendo establecer
una mirada mas apropiada sobre la naturaleza del hacer. Y una
vez producida la inversión y el azar regresado al universo
de lo no controlado, trasfondo inabarcable y límite abrupto
de toda pretensión de sentido, el hacer se reconstruye
en una imagen de mayor fragilidad que podemos comprender mejor.
Porque podemos comprender mejor la necesidad de control y construcción,
la búsqueda de continuidad, la articulación de los
fragmentos. Podemos comprender mejor la horma ficcional de los
lenguajes y la necesidad de despegarnos de lo incomprensible.
Y podemos llegar a percibir nuestras propias obras como el esforzado
intento que son de instalar nuestro propio azar en lo desconocido.
Así dejando de mirar el azar en nuestro hacer y viendo
nuestro hacer en el azar, toda temporalidad se vuelve efímera
y podemos volver a recoger la flor del dia con mucha calma.
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