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Apuntes en medio del campo (de
batalla)
Ana Longoni
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Texto escrito
en ocasión de la primera publicación de Trama.
Cualquier reflexión sobre el estado del campo de las artes
visuales(1)
en la Argentina de la última década debería toparse
con la pregunta acerca de los porqué de la disociación
en compartimentos estancos de los discursos teóricos o historiográficos,
por un lado, los discursos de la crítica de arte, por otro,
y los discursos "en obra" (las producciones o intervenciones
artísticas). ¿A qué me refiero? A que las investigaciones
universitarias sobre historia y teoría de las artes atesoran
saberes rigurosos que difícilmente traspasan las estrechísimas
murallas de la Academia, mientras los críticos consagrados
por los medios y los fun cionariatos
repiten y acomodan sus muletillas ante el mejor postor, y los artistas
delegan la teoría en otros, considerándola como una
intrusión exigida en los catálogos que poco o nada dice
de las obras (lo que muchas veces termina siendo un juicio absolutamente
certero). Un triple carril de líneas paralelas que, desafiando
el teorema, no se cruzan nunca.
Claro que hay excepciones, y no pocas, en estos trazos groseros que
hago. Pero, además, me atrevería a sugerir que hay síntomas
acotados, si se quiere de que algo está cambiando.
El mismo reconocimiento de estos aislamientos territoriales impulsa
de alguna manera incipiente a imaginar puentes, influjos,
vínculos, fusiones, contaminaciones, deslizamientos y polémicas
que pueden proveer de sangre nueva nuestras autorreferenciales prácticas
e intervenciones en el campo del arte.
¿A qué señales aludo? Enumero desordenadamente,
sin jerarquía, algunos datos. Una: Santiago García Navarro(2)
analiza la emergencia de una serie de "teóricos jóvenes"
que acompañan el "surgimiento y consolidación de
diversos espacios alternativos" y reivindica la polifonía
de la crítica en los medios gráficos. Dos: cobraron
estado público (a través de la publicación del
libros o de la curaduría de exposiciones) algunas investigaciones
históricas rigurosas y de largo aliento, que llevan a Gonzalo
Aguilar a sugerir que estamos ante "una inflexión en la
crítica [cultural] argentina"(3).
Incluso la iniciativa empresaria de un banco alrededor del arte argentino
difunde algunas voces provenientes del mundo académico, tanto
en formatos de lujo como en masivos fascículos coleccionables.
Tres: algunas reuniones, mesas redondas, debates públicos,
vienen cruzando personas que hasta hoy (encorsetados en alguna de
estas tres pertenencias) ni siquiera se habían escuchado nombrar.
Y ahora hasta planean estrategias conjuntas. Cuatro: los hasta hoy
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Ilustración de Clement Moreau
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dieciocho números de Ramona señalan
entre otras cosas una "avidez de escritura"
en los artistas, frente a la que se sintieron interpelados algunos
críticos e historiadores. Quinto: la misma existencia de Trama
se postula como la generación de un ámbito propicio
para que un grupo de artistas aspire a la construcción de teoría
acerca de la propia producción. Podría seguir esta enumeración
pero quedo aquí.
2.
Si se puede atribuir el señalado desentendimiento entre teoría
y práctica a la formación (eminentemente práctica)
de los artistas en las escuelas de arte y los talleres y a la formación
(exclusivamente teórica) de los historiadores del arte universitarios,
convendría considerar que otros contextos (sin ir más
lejos el sistema universitario chileno) son notoriamente distintos.
En ese sentido, quizá no esté de más introducir
aquí la distinción que establece el francés Pierre
Baqué entre investigación sobre artes plásticas,
investigación por las artes plásticas e investigación
en artes plásticas. El primer estado concierne a la estética,
a la historia del arte, a la sociología del arte, y apela a
un cierto método o rigor que dice de sí ser científico.
El segundo, a los artistas, en tanto deben constituir su creación,
inventarla. El método aquí, en todo caso, es definido
por cada sujeto. El tercero, la investigación en artes plásticas(4),
vincula o mejor integra los dos estados anteriores. Si su objeto también
es crear una obra, esta será a la vez soporte de una investigación.
Dice Baqué al respecto: "El procedimiento es más
complejo. En perspectiva: una preocupación, luego una idea,
por último un sujeto, un tema, un problema, un método
en que práctica y teoría se entrelazan, en que se elaboran
una o varias respuestas a las preguntas iniciales".
3.
La verdad obvia de que la última dictadura tuvo entre sus efectos
más persistentes el bloqueo de la memoria colectiva tiene en
el campo artístico una forma no reconocible tan fácilmente:
la imposibilidad de entablar diálogos, parentescos, genealogías
entre los artistas y el arte contemporáneos y los acontecidos
en tiempos no tan lejanos (al menos en cantidad de años).
Un escollo insalvable hasta hace muy poco para los que quisieran
emprender alguno de los senderos que llevan a la revisión de
esos vínculos inter-artísticos era la destrucción,
la ausencia o la privatización de archivos en donde tener acceso
a la documentación necesaria para encarar dicha tarea. Hoy,
iniciativas públicas mas no estatales como las
que llevan a cabo la Fundación Espigas o el CeDInCI (cubriendo
un espectro menos específico pero también relevante
en relación con las artes plásticas) como mínimo
merman la dificultad en cuanto a la consulta de las fuentes.
El meollo del problema radicaría hoy más bien en las
formas en que circulan las ideas y en los modos en que alcanzan legitimidad.
En cuanto a esta cuestión, creo que puede hablarse de la fuerte
marca política que implica el (es)forzado discurso de la despolitización
de la historia del arte. En lo que sigue intentaré aclarar
este punto, que hace a las formas de lectura que desde el presente
definen el (los) sentido(s) de lo pasado.
4.
Una de las dimensiones generalmente obturada tanto desde la historia
del arte como la de la política en Argentina es aquella que
señala los complejos vínculos entre las artes visuales
y las distintas expresiones de la izquierda a lo largo del siglo XX.
A esta altura, no podría decirse que la historiografía
existente oculte o niegue que Berni sostuvo un vínculo cambiante
pero intenso con el Partido Comunista, por mencionar a un ineludible
del arte argentino. Pero sí señalar que en ella el dato
político se vuelve irrelevante, se considera en tanto accidente
o anécdota, y no en tanto dimensión que atraviesa no
sólo la vida del pintor sino también su obra y su colocación
en el campo artístico.
A lo largo de distintas coyunturas del siglo pasado, la historia del
arte se entrecruza con la historia de las izquierdas, de maneras diversas,
dando lugar a una trama común de producción, circulación
y recepción de productos culturales. No se trata de un vínculo
pacífico sino de un terreno de tensiones, conflictos y afinidades,
polémicas públicas y adhesiones secretas. Reconstruir
los momentos más sobresalientes de este cruce es una empresa
compleja y en su mayor parte pendiente.
Las razones de esta postergación son de órdenes diversos.
La historiografía del arte, en la que predomina una mirada
estetizante que evita las "contaminaciones" de su objeto,
tiende a relegar, desconocer o infravalorar la dimensión política
de los posicionamientos de los artistas y de sus producciones. A su
vez, desde la historiografía política, las cuestiones
artísticas quedan reducidas a meros ornamentos, ilustraciones
de la palabra, desconociendo su potencial revulsivo y su especificidad.
Más puntualmente, la misma historia de la izquierda argentina
es, en gran medida, una materia pendiente, a pesar de que su papel
político y cultural ha sido relevante "en su rol en la
construcción de organizaciones sindicales, mutuales y cooperativas,
en el activismo y la difusión cultural, o en su intervención
política en acontecimientos mayores de
este siglo, desde la Semana Trágica al Cordobazo"(5).
La cuestión requiere considerar en el análisis las posiciones
de los artistas plásticos dentro del
campo artístico, sus intervenciones, sus producciones, los
canales de circulación de sus obras, las lecturas críticas
que de ellas se hicieron, las ideas que en torno a la producción
artística con las que coincidían o polemizaban, etc.
En cuanto a las "izquierdas", el uso del plural da cuenta
de la diversidad de fenómenos que puede considerarse dentro
de ese término, no sólo en relación con las organizaciones
partidarias y sus políticas culturales públicas u oficiales,
sino también en cuanto a la "cultura de izquierdas"
en un sentido amplio, la circulación de sujetos e ideas (libertarias,
anarquistas, socialistas, comunistas, trotskistas, foquistas, maoístas,
etc.) dentro de ciertos ámbitos culturales, los conflictos
y las polémicas desatadas y sus repercusiones y presiones sobre
la actividad artística.
Es decir, la empresa incluiría tanto una relectura de la historiografía
existente como la exploración de aspectos inéditos en
torno a los cruces entre dos dimensiones, la artística y la
política de izquierdas, en determinados hitos del último
siglo, partiendo de la hipótesis de que se trata de una relación
tensa, llena de matices, de encuentros y desencuentros, pero que indudablemente
presenta un aspecto productivo e iluminador de posiciones y producciones
hasta ahora dejadas de lado o miradas sesgadamente. Todo ello podría
desembocar en una reescritura de (aspectos de) la historia del arte
argentino del último siglo desde una perspectiva nueva, que
desentrañe aspectos, producciones, prácticas, artistas
e ideas estético-políticas hasta ahora dejados de lado
o mirados en forma parcial.
5.
Ciertas coyunturas claves en la historia del arte argentino del siglo
XX cobran una nueva dimensión al considerar los cruces e imbricaciones
con la política de izquierdas. Se trata de ciertos hitos en
la historia cultural en los que la articulación entre arte
y política pretendió superar, de diversas maneras y
límites, la práctica artística tradicional, y
tendió a inscribirla en la vida, lo que muchas veces reformuló
no sólo las formas de hacer arte, sino también las de
hacer política. Un abordaje que se limite a considerar los
aspectos "autónomos" del campo artístico dejaría
de lado aspectos como: la intención de los artistas de que
sus producciones intervengan como herramientas en la lucha política
o social; los mandatos explícitos o implícitos que las
organizaciones políticas hicieran hacia los artistas integrados
o cercanos a sus filas, y cómo repercutieron en sus producciones,
al privilegiar determinados lenguajes, géneros y formatos;
cómo determinaron la circulación de las obras; cómo
actuaron como estímulo o disuasión;
los vínculos entre vanguardias artísticas y vanguardias
políticas, cuyas superposiciones y debates son fructíferos
y dan lugar a experiencias inéditas.
¿Cuáles son a grandes rasgos estas coyunturas que podrían
definirse con mayor precisión y corrección en un programa
de investigación futuro?
La producción y posición en el campo artístico
de los "Artistas del Pueblo". La influencia de las ideas
estéticas de Proudhon, Bakunin, Tolstoi, Renan y Kropotkin
en el anarquismo argentino. La influencia de las ideas sobre arte
de Sorel, Berth y Pelloutier en el anarcosindicalismo. La propuesta
gráfica y plástica de La protesta y otras publicaciones
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Dirigente sindical
Ilustración de Tristán
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anarquistas: apertura a las estéticas
vanguardistas. La preponderancia de la gráfica y los grabados
como formatos del arte político. A diferencia de la "actitud
vanguardista", los Artistas del Pueblo desdeñan la experimentación
dentro del lenguaje plástico, construyendo una propuesta anclada
en criterios estéticos ya superados. Pero esa observación
no basta: hay que contemplar su definición de un arte de intenciones
sociales y políticas que supone el compromiso personal del
artista, al ponerse al servicio de organizaciones obreras, definiendo
a partir de esa intención los formatos, los medios y las técnicas
a utilizar, los canales de circulación, etc. Hay que revisar
también sus intervenciones en el campo artístico contra
la Academia que llevaron a que en los años 20 los que
detentaban las posiciones más radicales rompieran con la "institución
arte"(6).
Vanguardia artística y vanguardia política en los años
20. Debiera revisarse la oposición en dos polos excluyentes
dentro de la renovación (Florida versus Boedo, el arte por
el arte frente al arte comprometido), en sus zonas limítrofes
e intersecciones. Vínculos entre los grupos de vanguardia y
las posiciones políticas anarquizantes. El impacto de la revolución
rusa en el campo cultural. La propuesta estética de revistas
como Martín Fierro, Proa, Prisma, Claridad.
En la década del 30, la modernidad de izquierda encuentra
su formulación en clave vanguardista: se fusionan las preocupaciones
de índole formal con las políticas. La influencia del
Partido Comunista y la doctrina estética de Plejanov. Artistas
"orgánicos" y "compañeros de ruta".
Adhesiones intelectuales a la República Española, impacto
de la Guerra Civil y llegada del exilio republicano. La teoría
estética de Elías Castelnuovo (El arte y las masas,
Buenos Aires, Claridad, c. 1933). Las ideas estéticas de Héctor
Raurich. El caso de Antonio Berni, el "Nuevo Realismo" y
la Mutualidad (Rosario). Al volver de Europa, Berni considera que
las transformaciones formales no alcanzan para provocar una verdadera
revolución artística y se propone construir, junto a
un grupo de jóvenes artistas experimentales rosarinos, una
estética que cruce "lo nuevo" con la utopía
revolucionaria. Desde allí defiende la referencialidad al mundo
(a los males sociales: el desempleo, la miseria, la guerra) dando
lugar a la formulación del Nuevo Realismo. Las posiciones sobre
arte y política de Facio Hebecquer. El impacto de Siqueiros
y la propagación del muralismo como dogma del arte político.
El arte abstracto aparecido en la década del 40 como
nueva vanguardia. El grupo nucleado en torno a la revista Arturo,
la experiencia Madi (síntesis de Materialismo Dialéctico),
la Asociación de Arte Concreto-Invención. Tomás
Maldonado y el impacto de las ideas utópicas de la Bauhaus.
El perceptismo de Raúl Lozza. Polémica y ruptura con
el Partido Comunista del grupo encabezado por Cayetano Córdova
Iturburu. Sobrevivencia de Lozza en las filas partidarias en tiempos
del dogma del "realismo socialista".
A fines de la década del 60, se produce la emergencia
de una nueva vanguardia, vinculada al circuito institucional modernizador,
articulada con la eclosión de la Nueva Izquierda cultural.
Repercusiones de las ideas en torno al arte de pensadores marxistas
como Althusser, Gramsci, Della Volpe. Nuevas rupturas con el Partido
Comunista: la experiencia de La Rosa Blindada y Pasado y Presente.
Impacto de la Revolución Cubana en el campo cultural. Ruptura
de una zona de la vanguardia con el Instituto Di Tella, y corrimiento
a la CGT de los Argentinos; realización de Tucumán Arde.
Definición de una "Nueva Estética", inscripta
en el proceso revolucionario. Otras manifestaciones del "conceptualismo
ideológico" en los primeros años 70. Estrategias
del arte político dentro y fuera de los
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Revista Claridad,
ilustración de tapa
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márgenes institucionales. El arte,
en tiempos de la violencia armada.
A partir de la década del 80, se producen intervenciones
visuales callejeras y acciones urbanas en el marco de las movilizaciones
de derechos humanos. Siluetas, pañuelos, manos y otras imágenes
que instalan en la trama ciudadana la referencia / invocación
a los detenidos-desaparecidos. La experiencia de CAPATACO, GASTAR
y otros grupos de arte político. El arte-correo como alternativa
a los circuitos habituales y formatos canónicos. La producción
de Edgardo Vigo. El arte-correo como alternativa a los circuitos habituales
y formatos canónicos. Arte en fotocopias. Grupos contemporáneos
de arte político en la calle: Grupo de Arte Callejero y Etcétera
(Buenos Aires), Costuras Urbanas (Córdoba), en Tránsito
(Rosario).
Por cierto, este listado es arbitrario y arriesgado en sus inclusiones
y ausencias. No pretende ser más que un borrador a discutir
entre muchos, en la hipótesis (o la apuesta) de que podría
tenderse a conformar una red de investigaciones (investigaciones sobre,
por y en) que aborden críticamente la cuestión.
6.
Para ir cerrando, quisiera proponer algunos tópicos o ideas-fuerza
que aparecen reiteradamente a la hora de pensar los cruces entre arte
y política.
La tensión entre renovación formal y contenido social,
entre vanguardia artística y compromiso político, presente
en las producciones, las reflexiones y las intervenciones públicas
de los artistas. Esta disyuntiva no sólo se hace manifiesta
en la conciencia de los creadores, sino que deja su marca en las obras
que producen, en los medios artísticos por los que optan, los
circuitos donde exhiben sus obras, el público al que interpelan.
No implica necesariamente optar por
uno u otro extremo de la disyuntiva, sino desarrollar un conjunto
de estrategias complejas y muchas veces contradictorias entre sí,
al interior o en los márgenes
del campo artístico. A veces, esta tensión pretende
resolverse en la búsqueda de una estética nueva, no
sólo por el repertorio de temas, procedimientos y materiales
artísticos sino por su inserción / inscripción
en un proyecto utópico o inmediato reformista o
revolucionario.
Es más que productivo tener en cuenta las polémicas
en torno a la representación del contenido político
en el arte, los debates acerca del realismo y la abstracción,
los efectos (en obras y en discurso sobre las obras) del dogma del
"realismo socialista", sus propulsores, corrimientos, reformulaciones,
detractores y epígonos.
En el marco de las utopías vanguardistas que postulan transformar
el arte y la vida, se pone en cuestión la autonomía
del arte, entendida como pérdida de función del arte
en la sociedad burguesa. La aspiración de los vanguardistas
es reinscribir el arte en la vida, para superar esa separación
(como señala Bürger, en el texto ya citado). Estos intentos,
de alto potencial político-utópico, muchas veces adoptan
la forma de un cambio radical de lenguaje, la búsqueda de un
nuevo público, y en especial los impulsos por contribuir desde
el arte a modificar la sociedad.
La relación arte/ política encuentra también
un núcleo de tensión en la función que desde
la política se le otorga al arte. El otorgamiento de un lugar
de propaganda o celebración de la letra de la política
se ha debatido muchas veces con la aspiración de la más
absoluta libertad creativa. Muchas veces se aspira a conciliar el
poder creativo del individuo con el impulso imaginativo de la sociedad.
Lo que aparece como evidente ante esta diversidad de problemas a considerar
es la heterogeneidad de resoluciones formales del llamado "arte
político". Allí donde se pretende reducir el arte
a herramienta de propaganda, un conjunto de obras y de vidas se nos
resisten a veces mudas, a veces paradojales, a veces risueñas
a la espera de nuevos abordajes. Abordajes que no prescindan de considerar
de sí mismos lo que portan de los prejuicios de su tiempo a
la hora de aproximarse a las desmesuras. |
Docente e investigadora de la UBA, Universidad
de Buenos Aires, integrante de la comisión directiva del
CeDInCI, (Centro de documentación e investigación
de la Cultura de Izquierdas en la Argentina), coautora del libro
"Del Di Tella
a Tucumán Arde" (Buenos Aires, El cielo por asalto,
2000) y "De los poetas malditos al videoclip" (Buenos
Aires, Cántaro, 1998).
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(1)
Para la noción de campo
artístico me remito a Pierre Bourdieu, Las reglas del arte,
Barcelona, Anagrama, 1995.
(2)
"Crítica a los críticos",
en Ramona nš 17, Buenos Aires, octubre de 2001.
(3)
"La presencia de una nueva
voz", en la revista Prismas nš 5, Unqui, Quilmes, 2001.
(4)
"Algunas preguntas, reflexiones
y comentarios sobre una práctica universitaria de investigación
en artes plásticas", en Cuadernos de la Escuela de Arte,
nš 1, Santiago, 1996.
(5)
Jorge Cernadas,
Roberto Pittaluga y Horacio Tarcus, "Para una historia de la
izquierda en la Argentina: reflexiones preliminares", en: revista
El Rodaballo, nš 6/7, invierno de 1997.
(6)
Peter Bürger, "Teoría
de la vanguardia", Barcelona, Península, 1987.
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