Manteniéndolo en lo real
Kathryn Smith

 
Texto publicado en Zonas de Silencio, editado
por la Rijksakademie van beeldende kunsten,
Amsterdam, 2001 .



"Hace unos ocho meses atrás, conducía por la carretera M4 que va hacia Umhlanga.[...] Cuando cerca de la piscina de Kings Park, encontré algo que inadvertidamente se convertiría en la inspiración para este primer proyecto. Caminando a lo largo del bajo separador de concreto que divide las dos autopistas, se encontraba esta alta mujer negra (claramente embriagada) zigzagueando deliberadamente en su camino como una equilibrista. Estaba descalza y vestida con un plástico negro concebido como un vestido de boda, arrastrando una larga cola por detrás. En sus manos apretaba un ramillete de flores blancas de plástico. [...] Más tarde ese mismo día, de vuelta hacia el centro de la ciudad, la volví a ver, esta vez emergía de los bosques a siete u ocho kilómetros de donde la había visto originalmente. Con el vestido de boda ahora algo maltrecho, y el ramillete reemplazado por un pulcro manojo de ramas de madera que se balanceaba perfectamente sobre su cabeza, caminaba de vuelta hacia la ciudad. Esto es un derroche de lo que yo llamo chamanes urbanos, vinculando pedazos de detritos con éllos mismos. [...] posibles ejemplos de los híbridos que emergen del contacto de lo rural con lo urbano. Yo quedé absorto por esta suerte de colisiones o fusiones."
Greg Streak: Octubre 27, 2000..


La primera iniciativa sudafricana de la red RAIN, tuvo lugar en Durban, Sudáfrica
Para marcar diferencias en Sudáfrica, hay un dicho popular que dice: "Ciudad del Cabo está en rewind, Durban está en play, y Johannesburgo en Fast-forward." Esto generalmente se usa para referirse a la idiosincrasia del estilo de vida en cada una de las principales ciudades sudafricanas, haciendo un examen más preciso, la trivialidad del dicho revela muchos de los subtextos de afiliación política y cultural de cada zona, donde aunque algunos detalles han cambiado, los fundamentos han permanecido más o menos iguales antes y después del Apartheid.
Durban es a menudo vendida como un lugar de reflexión y respeto cuando se trata de debatir sobre "hibridismo" cultural. Mientras Johannesburgo se apropia de la mentalidad, recordando esos dorados días de lucha, reemplazando rápidamente cultura seria por un laager
(1) de temas europeos, casinos-malls que se desarrollan envolviendo su periferia, la callada eficiencia de Durban ha sido vista cuando su dedicada comunidad artística salva, con sus propias manos, el agonizante presupuesto de adquisición de la galería de Durban a través de series de eventos-fiestas artísticas.
A pesar ser una de las tres mayores ciudades sudafricanas (Johannesburgo y Ciudad del Cabo completan este trío), Durban es frecuentemente excluida del circuito de las más importantes actividades del mundo artístico local. El significado de Pulse no solo elevó el perfil de esta vertiginosa y compleja ciudad, sino también creó una extraña intimidad entre los artistas locales y sus contemporáneos internacionales. Pulse: Open Circuit ("pulse: Circuito Abierto") expuso e indujo los crecientes dolores culturales de un país que tiene que madurar bajo el ojo público. La doble relación de integridad frente al afán de agradar da cuenta de las posiciones y tendencias del arte visual contemporáneo de Sudáfrica a todo nivel.
El clima que se suscitó desde la primera elección democrática en 1994, trajo un interés sin precedentes en 'el arte de Sudáfrica', casi como si la cultura visual de Sudáfrica pudiese ofrecer alguna explicación sublime sobre el estado esquizofrénico de la nación o de las naciones. Como resultado, instituciones euroamericanas organizaron numerosas exposiciones colectivas[M.E.20], muchas de las cuales recibieron el clamor de la crítica en los países anfitriones, pero luego fueron condenadas al 'volver a casa' considerándolas simplistas, retrógradas o fundamentalmente desinformadas.(2).

Aunque no exclusivamente sintomático del status quo sudafricano, hay factores financieros y otros más abstractos que se traducen en una carencia de exposiciones importadas en Sudáfrica. Eventos que dicen estar dedicados al 'diálogo cultural e intercambio' con frecuencia terminan siendo unívocos, frustrantes y limitados desde el punto de vista de productividad. Tanto que muchos artistas jóvenes locales sin recursos para viajar al extranjero, sienten a menudo que están produciendo en medio de un vacío. Los detalles sobre las causas y los porqués son predecibles y aburridos, manifestándose en debates en círculo alrededor de políticas poscolonialistas, que frecuentemente terminan parodiando asuntos seminales a mano (y por extensión, haciendo caricaturas de los mismos críticos).
Después de dos tumultuosas bienales, y sin la promesa de una tercera; aún no estamos nada cerca de entendernos, aparentemente seguimos condenados a ser construidos en vez de ser constructivos. Siendo rupturas básicas, ninguna de las dos bienales parecen haber forjado algún cambio real en la topografía cultural de este país(3).

Pulse: Circuito Abierto aceptó este reto, con sus telescópicas retículas estratégicamente dirigidas a hacer más visibles las diferencias locales, mediante la interacción con contemporáneos internacionales. Las intersecciones entre el primer mundo (nuevas tecnologías) y el tercer mundo (tecnología tradicional), su producción de objetos artísticos mutantes, y la creciente 'presencia ausente' de la tecnología en la era de la información, fueron temas presentes en la agenda.


Necesidades de la tecnología tradicional (lo-tech) y exigencias de la nueva tecnologías (hi-tech)
Los artistas visuales contemporáneos en Sudáfrica somos sumamente conscientes de nuestro potencial de volvernos curiosidades. Esto es algo contra lo que nos defendemos, o aprovechamos estratégicamente para bien o para mal. En manos menos sensibles, la incursión sobre la identidad y lugar (a lo largo de la historia y la memoria), puede resultar con mucha facilidad excesiva y agotada. Tan desagradable como es la palabra, pulse: Circuito Abierto fue un reflejo real del potencial de lo "glocal". (global + local?)
Los artistas de 'África' se ven una y otra vez confrontados a extrañas preconcepciones de 'centros' internacionales que distan mucho de la existencia de posibilidades de trabajar con nuevas tecnologías en esta lejanía; y de lo que acá queremos producir. En general, esto tiene dos vertientes. En un primer escenario, cualquier obra tecnológicamente dependiente es celebrada indiscriminadamente (cualquier vídeo es un buen vídeo). En un segundo y peor de los casos, a veces pareciera ser que la audiencia internacional a menudo quiere un tipo de producción que sea corroborado con una suerte de 'exotismo primitivo' anacrónico, una actitud que suele ser inspirada por una ignorancia del matiz cultural entre un país africano y otro.
No es necesario decir que, a menudo (aunque no exclusivamente) son los artistas negros lo que se encuentran con esta actitud, que motiva estas preguntas: ¿Han sido todos los artistas del África creados iguales? ¿Son también, entonces, iguales sus creaciones en una escala mundial? La tecnología es por inherencia modernista, si asumimos que tiene el potencial de servir a la causa del desarrollo humano. Entonces, ¿Cómo conciliamos el concepto postmoderno de "todo-es-representación" y el concepto postcolonial de identidades-en-crisis, que parece sustentar todo acto creativo contemporáneo, con la historicidad de la tecnología? Y ¿Sigue siendo la cronología lineal un concepto que sirve para definir el desarrollo en una escritura de la historia en la era de la información, donde el tiempo y el espacio son comprimidos, extendidos, no lineales y abstractos? A riesgo de parecer totalmente fuera de foco, me pregunto si el rechazo, a veces inconsciente de reconocer la presencia de las nuevas tecnologías en el arte africano contemporáneo tiene que ver con cierto deseo tradicionalista de retener el "placer de lo primitivo" – el toque artesanal. ¿Representa el uso de las mismas herramientas que preservan la brecha entre el primer y tercer mundo, una amenaza fundamental a la construcción de la historia y la producción cultural occidental?
Como señaló Olu Oguibe (1997), en un país donde la brecha entre los que tienen todo y los que no tienen nada sigue siendo tan grande, la sigla en lenguaje cibernético PONA (People of No Account - personas no conectadas a Internet), rige para la mayoría de la población. En la política de inclusión/exclusión, esto toma un giro más siniestro. La retórica del posthumanismo puede que celebre la habilidad perceptible de trascender el cuerpo biológico, sin embargo aún no hemos resuelto el problema de hambre, sed y enfermedad, y menos la electricidad, telecomunicaciones básicas y alfabetismo.
Como yo lo veo, aparte de los debates sobre el primer y tercer mundo; el potencial real de las tecnologías digitales radica en las comunidades compartidas de grupos con altos intereses específicos que mientras crean una suerte de economía convergente (vacilo en usar el término definitivo 'global'), intensifican sus propias zonas específicas.
Celebro que la Internet brinde oportunidades más fáciles y baratas de publicación, gozo con el auge de su empeño en democratizar el acceso al arte y al diseño, y saco provecho los foros de discusión transcontinentales y del intercambio de información. Pero sobretodo lo que más me interesa es la pretendida 'limpieza' aparente del medio digital, y los espacios donde esta supuesta perfección es transgredida por lo orgánico y biológico.
En su ensayo curatorial para Transversions (2da Bienal de Johannesburgo), Yu Yeon Kim adopta la retórica del virus informático para describir el comercio en grandes exhibiciones internacionales como "un sistema de infección mutua asegurada", y hace la pregunta: ¿Cómo somos traducidos, modificados y reencarnados en estas encrucijadas?". [1997:348].
La producción y la existencia, para quienes tienen acceso, tienen lugar ahora en los intersticios de los sistemas de información. Pero, ¿qué elementos del conocimiento de la tecnología tradicional son cruciales para ubicarse en el mundo de las nuevas tecnologías, que se mueven tan rápido entre lo "nuevo" y lo "viejo", y que casi rechazan un estado transicional? La tecnología tradicional como medio puede ser percibida romántica o nostálgicamente, pero, ¿Por qué no buscar en esas instancias que describimos como tecnología tradicional (y, al hacerlo, diferenciándolas de lo digital) un sustento para enfocar mejor la crítica de la alta tecnología? Esto nos permite hacer preguntas sobre necesidad, seducción, deseo y autoreflexión.Injertos mutantes - o copias impecables?
Si existimos en los espacios que Yu Yeon Kim concibe -navegando sobre aguas en mares digitales y globalizados, sin anclas culturales que nos sitúen en un espacio- corremos el riesgo de sacrificar la herencia por El Imperio del Signo. Si este es el caso, ¿Realiza el marketing global de 'la cultura', como ella pregunta con agudeza, "una disolución de la cultura original, o es sólo una característica de su evolución"? [1997:347]
De la misma forma en que las tecnologías digitales cambian (invisiblemente) cada vez más la manera en que nos percibimos y percibimos a los demás, más límites aparecen que definen lo aceptable y lo inaceptable en un extraño espacio paradójicamente democratizado.
La experiencia de una semana en Durban, que incluyó un recorrido a través del CBD que cubrió una gama cultural que va desde tradicionales mercados africanos hasta mezquitas, iglesias católicas, y 'bunny chows4 (un tipo de empanadas) en el popular restaurante de Patel, me puso a pensar otra vez sobre la noción de "injertación" cultural propuesta por Colin Richards (1997).
Un 'injerto' no es un simple límite o punto de intersección, sino un corte traumático que bien puede, o no, ser regenerativo o reparativo. Teniendo acepciones tanto botánicas como quirúrgicas, injertar algo involucra ineludiblemente un contacto e intercambio a través de la 'diferencia'. Requiere cultivo y tiempo, el 'trabajo' de la cultura. Esto extiende y opone clichés, metáforas orgánicas de 'hibridismo' cultural o 'polinización cruzada' para hacer resaltar las siempre presentes pero tácitas tensiones entre naturaleza y cultura. Como tal, se trata de una contaminación estética, "la estética algunas veces violenta de lo imperfectamente sano, lo parasitario en lo simbiótico" [1997:235] Es más exitoso aún en su fracaso, recordándonos "como las cosas pueden ser hechas para que puedan resultar de manera diferente."
Por lo tanto, ¿En el contexto cultural de Sudáfrica, está el punto de intersección digital limpio o lleno de cicatrices? ¿Son las obras producidas con soluciones digitales una nueva clase de "objetos intrincados", como lo describe Nicholas Thomas
(4)?(Richards 1997: 234)? Estaría de acuerdo con Richards en que el espacio entre las líneas de intersección es simbólicamente denso, ya que el espacio y la espacialidad han venido a dominar nuestro entendimiento de la cultura visual, así como nuestra interacción a través de límites geográficos.


Como conclusión

El subtexto y significación de una aventura como RAIN tiene su esencia en el acceso. El dinero y las redes internacionales brindan recursos valiosos con los cuales podemos empezar a abordar estos problemas discutiéndolos de manera productiva e inclusive controversial. Es lamentable que necesitemos de depender de la ayuda de amigos internacionales para realizar el trabajo de la cultura local, pero como tal, deviene en un compromiso con responsabilidades mutuas. El proveedor no puede asumir el papel de 'padre' pues implica el riesgo de reproducir legados coloniales. Lo mismo puede decirse del 'estirar la mano', el lado opuesto que mantiene nuestra propia mentalidad 'limosnera'. Tampoco puede negarse la agencia financiadora con la excusa de "pero no se trata de dinero". Porque claramente lo es, lo que entonces hace posible extender el campo de producción, y al hacerlo, una idea más clara de nuestra posición dentro de este campo.


Kathryn Smith (1975) es crítica independiente, curadora y artista, nació en Durban y radicada en Jobannesburgo Se mudó desde 1994 para estudiar Bellas Artes en la Universidad de Witwatersrand y se graduó en 1999. Es socia de The Trinity session, un consultorio independiente de arte. Smith es editora de www.arthrob.co.za, y escribe regularmente para Mail&Guardian así como para varias revistas y periódicos locales e internacionales.


(1)
Tradicionalmente, un círculo de carros tirados por bueyes, creando un recinto de protección, como se practicó durante el ‘Gran Viaje’ y en ejercicios similares de colonización.




(2)
El debate sobre el ‘Survey Show’ ha sido discutido en varias publicaciones y medios asociados a la Internet, incluyendo De Arte (Kathryn Smith), el periódico Mail & Guardian (Brenda Atkinson) y www.artthrob.co.za.- Contemporary Art from South Africa (Kathryn Smith, Sue Williams y otros).


(3)
Ver Richards, Colin (1995) Retaining this Fire en Atlantica International Revista de las Artes Centro Atlántico de Arte Moderno. P 132-144


(4)
Para un debate más amplio sobre el problema de la ‘era de ruptura’ digital, ver Richards, Colin. ‘Bobbit’s Feast: Violence and Representation in South African Art’ en Atkinson, B. y Breitz, C. (eds.) (1999) Grey Areas: Representation, Identity and Politics in Contemporary South African Art. Johannesburgo: Chalkham Hill Press. Pags. 165-209.
Richards responde a los respectivos ensayos de Oguibe y Enwezor: ‘Beyond Visual Pleasure´ y ‘Reframing the Black Subject’ donde ellos toman algunos artistas sudafricanos para llamar la atención sobre el problema de la imagen apropiada y mediada.