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Buenas tardes. Muchas gracias a todos por venir,
y muchas gracias a Trama por invitarme. Quisiera proponer algunas
reflexiones un poco desordenadas sobre algunas de las cosas que
he visto y escuchado estos días, y sobre Trama mismo, en
tanto evento, colectividad, institución
(¿Qué
palabra cabe usar en este caso? Tal vez no haga, en los próximos
minutos, otra cosa que esbozar algunos elementos para una respuesta
a esta pregunta.)
Empecemos por retener las condiciones. Las condiciones para que
haya sido posible que nos encontráramos, nosotros (una cierta
cantidad de argentinos, artistas la mayor parte, y algunos extranjeros),
aquí, de una manera que hubiera sido inusual hasta hace poco,
para exhibir, observar y discutir proyectos que poseen algun vínculo
con lo que la convocatoria llama la "proyección social"
de las prácticas artísticas. Empecemos por retener
dos de las condiciones gracias a las cuales estas sesiones toman
la forma que toman. La primera de estas condiciones es la comunicación
electrónica, que toca a Trama de varios modos y por varias
razones. Una de ellas es trivial, pero importante: porque provee
el medio de realización de una coordinación difícil,
entre varios sitios y varias lenguas, a través de varios
husos horarios (y esto no es indiferente a los procesos de globalización
en tanto estos dan lugar a la emergencia de una cierta "forma
de sentimiento", un cierto modo de estar en presencia de lo
otro, el otro lugar y el otro tiempo, sincronizado y desincronizado).
Otra es la impregnación de los imaginarios por la forma de
la red, estructura que no se actualiza solamente en la World Wide
Web, pero de la cual esta red nos impone una forma poderosa. La
tercera sobre la cual quisiera, más tarde, volver
es que ella pone en nuestas pantallas de manera cada vez más
frecuente cierta clase de objetos: objetos variables, incompletos,
más o menos interactivos, que se despliegan en un universo
donde las cosas suceden de manera considerablemente diferente a
cómo suceden las cosas en el universo físico.
La segunda de las condiciones condición y motivo, presupuesto
e incitación es la recomposición general de
las relaciones entre estados y colectividades a las que, en Argentina
y un poco por todas partes, asistimos estos días (y que resulta
también inseparable de la globalización realmente
existente, con sus violencias y pacificaciones, dominaciones y hegemonías).
Me refiero a la recomposición de esa forma de vincular instituciones
de gestión y grupos de individuos que había llegado
a consolidarse a partir de mediados del XX, luego de un proceso
de prolongada construcción (proceso que estaba en el centro
de lo que llamamos "modernidad") en el curso del cual
se había conformado también nuestra imagen de qué
cosa es una "sociedad", y que ha estado desintegrándose
desde hace por lo menos un cuarto de siglo, hasta el punto de que
resulta razonable para algunos, el sociólogo John Urry por
ejemplo, proponer que deberíamos pensar en nuestro presente
como una fase "post-societal", en la que "varias
'redes y flujos' globales debilitarían las estructuras sociales
endógenas que el discurso sociológico ha considerado
usualmente que tenían el poder de reproducirse a sí
mismas" . Esto equivaldría a un desmontaje de lo "social
como sociedad" que habría estado asociado a las
sociedades nacionales individuales, relativamente definidas en sus
bordes y más o menos homogéneas. Esto que en
pocos sitios es más visible, diría yo, que en Argentina
debiera interesarnos a la hora de discutir la cuestión de
la "proyección social" del arte. Es que si algo
se nos impone, en tanto artistas o intelectuales, en el presente,
es que ensayemos maneras de pensar esta cuestión más
allá de los modelos que hemos heredado de aquel universo
del estado de bienestar o el estado de modernización, cuya
retracción, más o menos ordenada (como sería
el caso, digamos, en Europa o, menos, en los Estados Unidos) o desordenada
y desastrosa, en Argentina y probablemente Indonesia, si nos atenemos
a la descripción que de sus condiciones hacía Ade,
tiene lugar en estos días bajo la forma del retiro
de un cierto compromiso de gestión por parte de un estado
que establecía esas regiones de la educación y la
salud, del trabajo y el ocio que aseguraban el tipo de integración
de poblaciones que vemos esfumarse desde hace algun tiempo, dando
lugar a otras cosas, a otras coordinaciones de individuos y, para
c ada individuo, a otras formas de placer y malestar.
Ninguno de estos dos desarrollos es ajeno a una cierta modificación
en la manera de suceder las cosas en el territorio del arte. Estamos
muy lejos, naturalmente, del momento en que era posible escribir,
como se lee en cierta "Pratique du bon Français",
un panfleto revolucionario publicado en 1794 y citado por Miguel
Tamen en un excelente libro llamado Amigos de objetos interpretables,
que reescribe el sexto mandamiento de esta forma: "Les beaux
arts tu cultiveras; / D'un état ils sont l'ornement"
("Cultivarás las bellas artes / Que son el ornamento
de un estado"). Pero también es cierto que, como escribe
el propio Miguel Tamen, "la relación entre los deberes
respecto al arte, una doctrina del arte como ornamento, y la presencia
del estado, que impregna este no demasiado elegante dístico,
parece todavía marcar poderosamente lo que sentimos que es
una actitud dominante hacia el arte" . Y que marca también,
yo agregaría, nuestras reflexiones sobre su "proyección
social", que quizá habría que comenzar a concebir
de un modo diferente al modo moderno, que suponía, con mucha
frecuencia, que esa proyección debía consistir en
la proposición de un símbolo que sirviera para la
reunión de una comunidad o expresara el disenso que la habita
(reuniones y disensos que suponían una cierta naturalidad
de lo "social como sociedad").
Por nuestra parte, nos situamos resueltamente si no interpreto
mal las cosas que he estado escuchando estos días en
la descendencia de los movimientos que, desde hace ya más
de medio siglo, se presentan como reacciones a una "institución
del arte" que había llegado a cobrar su estructura moderna
final en ese mismo momento en que lo hacían las instituciones
del estado de bienestar o de modernización, forma que inmediatamente
experimentaría su crisis (esto es un poco lo que aun asociamos
con los años '60), tras la cual quedaría fatalmente
herida, y experimentaría el progresivo vaciamiento del cual
asistimos ahora a su consumación (lo que es una de las razones
de que haya algo así como Trama). En su forma madura, esta
institución del arte coordinaba las interacciones de una
serie de términos: artistas individuales y más o menos
inventivos que proponían obras (entidades bifaces: objetos
por un lado, pero más que objetos por el otro) destinadas
a una recepción esencialmente individual y fundamentalmente
silenciosa, que experimentaban otros individuos que se encontraban
con ellas en galerías (lugares del comercio y de la rebelión)
o museos (sitios de la historia), y que solían orientarse
por discursos emitidos por ciertas autoridades críticas.
Había otras cosas también en este universo: grupos
más o menos programáticos de artistas, asociaciones
de galeristas, academias de críticos, para no hablar de las
mil diversas formas de la publicación. Y había por
supuesto una enorme variedad de transgresiones de esta estructura,
que sin embargo poseía una enorme resistencia, lo que se
debe sin duda al peso de la historia, y que se ha demostrado una
vez más en el hecho de que, aun herida, mantiene una cierta
presencia en el campo público.
Es en el contexto de esta red de prácticas, de modos de socialización
y de organizaciones, allí donde ella se encontraba con una
serie de resistencias activas, que se originaban los esquemas que,
más o menos explícitamente, hemos estado empleando
para hablar de la "proyección social" del arte,
y específicamente de la presentación del arte en el
espacio público. Me refiero a los esquemas construidos por
las vanguardias, neovanguardias, ultra- y metavanguardias. No digo,
por supuesto, que estos instrumentos no sean útiles, pero
es preciso complementarlos con otros, cuya construcción es
lo que estamos realizando, me parece, estos días, incitados,
entre otras cosas, por la sensación de que la red en cuestión
se reformula profundamente, hasta lo irreconocible, reformulación
de la cual Trama en Buenos Aires y Ruang Rupa en Jakarta (o, por
ejemplo, Saraï.net en Bombay, o Knowbotics Research en Berlin
y otros lugares), constituyen sin duda índices.
No es que todos estos colectivos sean lo mismo, tengan las mismas
intenciones o se estructuren de la misma manera. Las diferencias
entre ellos son, en ciertos casos, tan grandes como las que puede
haber entre un taller y un grupo militante. Pero todos ellos se
parecen en que no tienen un lugar ni una definición clara
en el universo de prácticas, modos de socialización
y organizaciones que caracterizaba la institución del arte.
¿En qué sentido? En el sentido de que producen mediaciones
de objetos, formas de relación, espacios y discursos que
no responden a los parámetros que se había dado esta
institución en condiciones de modernidad. Supongamos que
Trama es menos una instancia de preparación, un preliminar
para que algunos artistas compongan trabajos destinados a su exhibición
en galerías o museos, para la fruicion de espectadores y
el trabajo de los críticos, y que esto, esta semana y sus
estribaciones, en el pasado y el futuro (estas muestras y discusiones,
pero también estas conversaciones en salas, y las publicaciones
a las que están destinadas a dar lugar), son el objetivo
propio de los esfuerzos de aquellos a quienes se debe que se haya
establecido este lugar. Supongamos que la situación típica
de producción y recepción de arte tendiera, en el
futuro inmediato y segun una deriva irreversible, a aproximarse
a la situación en que nos encontramos aquí, y que
debamos pensar la experiencia de algo así como el "arte"
(y sus modos de proyectarse) más bien a partir de lo que
sucede en sitios como éste que a partir de la situación
de lo que le sucede, usualmente a solas, al artista en su taller,
al espectador en su sala, al crítico en su oficina. ¿Qué
forma tendría entonces una "institución del arte"
modificada?
Pero antes deberíamos hacernos otra pregunta. ¿Cómo
se podría describir la situación en la que hemos estado
y estamos todavía, en este sitio, involucrados?
Permítanme acentuar algunos de sus rasgos, estilizar otros,
y describirla en algo así como su forma extrema (forma que
yo diría que por momentos alcanza). Si estamos aquí,
en esta sala y en los espacios que la rodean, es porque hay objetos
(superficies, volumenes, imágenes, textos) que se ofrecen
como puntos de organización de una conversación, cosas
de observación y de debate. Pero no solo eso. Tengo la impresión
de que esos objetos tienden a aparecer aquí, entre nosotros,
como instancias de observación y de problematización,
pero más aun como instrumentos para mantener la densidad
de las conexiones en una agrupación extensible. Agrupación
extensible a la que hay que atribuirle no solamente un interés
en cuestiones en arte en general, sino un interés particular
en que las superficies y volúmenes, las imágenes y
discursos que en esta red de conexiones se genera muten y aumenten,
de manera que en cada una de sus actualizaciones dé lugar
a otros puntos de despliegue. Objetos que poseen estos rasgos, que
aparecen de este modo, son lo que llamo "objetos epistemicos".
La expresión se debe a Karin Knorr Cetina, que la ha usado
principalmente para referirse a los objetos de investigación,
tal como puede encontrárselos en los laboratorios, pero también
a, por ejemplo, los mercados de divisas o los programas de computadoras.
Los objetos epistémicos, dice Knorr Cetina, "son característicamente
abiertos, generados de preguntas y complejos. Son procesos y proyecciones
más bien que cosas definitivas. La observación y la
investigación los revela incrementando más que reduciendo
su complejidad" . Yo agregaría aquí que ellos
son coordinantes: cosas que alcanzan su mejor valor cuando se incorporan
en prácticas orientadas a alcanzar una cierta manera de coordinación,
que es de suyo inestable. Estos objetos son inductores de colectividad,
y como tales nos alcanzan: incitaciones, ocasiones, condiciones,
medios para la invención de formas de socialidad.
Así que de lo que se trata aquí es de la formación
de una colectividad de individuos que gravitan en torno a ciertos
objetos epistémicos, que son al mismo tiempo medios para
el despliegue de una socialidad cuya forma habría que poder
describir. Ayer Christian Ferrer hablaba de la emergencia creciente,
en Buenos Aires, de formas de socialidad asociadas con la amistad,
y dejaba entrever, si no me equivoco, que Trama era parte de esta
dinámica. Lo que, si fuera el caso, sería un buen
punto de partida, aun cuando habría que introducir un par
de aclaraciones. Una es que hay en juego aquí una cierta
institucionalización que carece de sentido en el grupo de
amigos en sentido estricto. No quisiera que se leyera "institución"
en el sentido de un orden rígido de posiciones y de reglas
(que es, sin duda, el modo como la palabra suele sonar en nuestros
oídos), sino para emplear una definición del
economista Masahiko Aoki un sistema emergente y capaz de sostenerse
a sí mismo de creencias compartidas acerca de como un cierto
juego se juega, y "una representación comprimida de
los rasgos invariantes y salientes de una trayectoria de equilibrio"
, si me permiten referirme a la cuestión de un modo particularmente
abtruso. Esta es la condición para que algo así como
Trama posea una resistencia a las variaciones personales, resistencia
de la cual carece, en principio, un grupo de amigos. Otra es la
función de los extranjeros en todo esto. Yo diría
que es, al mismo tiempo, la de participantes y testigos: participantes
que, al mismo tiempo, atestiguan; testigos que, al mismo tiempo,
participan. La situación se presta, por supuesto, a todos
los equívocos. Pero estos equívocos son necesarios
para que se verifique el tipo de entreapertura que una situación
como ésta precisa, para que entre otras cosas
el espacio en que ahora mismo estamos pueda considerarse un espacio
público. Entreapertura que es la condición de la introducción
de un acto de atestiguamiento que es siempre una posibilidad de
separación de la colectividad: la posibilidad de una fuga.
Y que introduce, también, una indeterminación. Lo
que es importante. Porque las colectividades de que se trata se
inscriben en la herencia del arte moderno en lo que este arte tenía
de más inquieto y de menos satisfecho. Es decir, de más
crítico. Solo que ciertas condiciones para la crítica,
condiciones propias del universo moderno (y posmoderno) ya no encuentran
entre nosotros su lugar, de manera que la crítica debe ser
reinventada. Una figura que sin duda debiera subsistir es la de
esa indeterminación que, en la tradición moderna,
solía considerarse una cualidad de los objetos del arte.
Indeterminación que era pensada, por supuesto, en conjunto
con los principios de extrañamiento o extrañeza, desplazamiento
o inquietud, desde Brecht a Borges, desde Adorno a Barthes. No creo
que las formas del extrañamiento conserven el mismo poder
en nuestro universo. Pero una cierta indeterminación pareciera
aun valiosa, aun cuando ahora se identifique como la cualidad del
espacio de una colectividad que gravita en torno e incorpora en
su proceso objetos menos extrañantes que conectivos.
Y esto es algo que debiéramos esperar, supongo yo, que suceda
con frecuencia creciente en los parajes del arte: que se verifiquen
actos de invención de colectividades experimentales (no importa
cual sea su estabilidad y su duración un día,
una semana, un año, ni importa tampoco cuánto
comprometa a sus miembros). Podrá decirse que éste
ha sido siempre el caso: desde los círculos de cooperación
más pequeños hasta el movimiento surrealista, Fluxus
o el situacionismo en sus diversas encarnaciones. Y sería
perfectamente cierto: el siglo que acabamos de abandonar ha sido
particularmente rico en esto. Pero también es cierto que
con una enorme frecuencia ellos se han conformado en torno a la
lógica del movimiento o aun el partido. Lo que no es el caso
en estas colectividades que comienzan a convertirse en, digamos,
las moléculas a partir de las cuáles se recompone
el sistema del arte.
Dicho de otro modo: prefiero entender iniciativas del tipo de Trama
(o Ruang Rupa, o tantas más) como índices de una reorganización
general del sistema del arte. Tengo la impresión de que,
en un momento no demasiado lejano, obras, artistas, galerías
y críticos pertenecerán de algun modo a la periferia
de lo que sea que se constituya en relación a la herencia
del arte. En las regiones donde se construye novedad habrá
habido, más bien que individuos separados, colectividades
(no importa cuán pequeñas) inmediatamente interesadas
en la generación de una cierta clase de objetos, pero también
en mantener una coordinación que no es separable de esa generación.
Pero los objetos en cuestión, si han de ser coordinantes
eficaces y, a la vez, conservar en su contextura ciertas huellas
del proceso de su generación, tenderán a tomar la
forma de lo que he llamado "objetos epistémicos".
En cuanto a la puesta en común de estos objetos, no se desprenderá
de la instancia de su generación, que habrá sido siempre,
además de una construcción material, una conversación.
Por lo cual el discurso no estará en relación con
los objetos en relación de anterioridad (teoría o
plan) o posterioridad (evaluación o comentario). En cuanto
a la relación de estos objetos con aquello que se encuentra
más allá de los límites del colectivo, tendrá
la forma de un doble gesto: de inserción e invitación.
El destino de procesos como éste es particularmente incierto.
Pero puede anticiparse que el territorio de prácticas, modos
de vida, organizaciones en el cual el arte habrá venido a
desplegarse tendrá una forma diferente a aquel en que, desde
un cierto arte moderno, se proclamaba la necesidad de una disolución
y una reabsorción en lo que se llamaba "la vida".
Es que el presente, considerado desde la perspectiva de la alta
modernidad, es una fase de desdiferenciacion de esferas: no sólo
de la esfera del arte, sino también de la política,
la economía o la ciencia. Este punto es particularmente difícil
de desarrollar en este contexto, de manera que prefiero detenerme
aquí, y dejar que la conversación reanude su curso.
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Reinaldo Laddaga es escritor y filósofo,
graduado en la Universidad de New York.
Es Profesor adjunto de Lenguas romances, Literatura Latinoamericana,
cultura, cine y artes visuales en la Universidad de Pennsylvania,
Estados Unidos
Se especializa en las literaturas de Argentina, Chile y Brasil poniendo
especial interés en el tema identidad.
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