ciclo de debates redes, contextos, territorios


Debate final

Panelistas: Reinaldo Laddaga, Andreas Siekmann, Charles Esche y Christian Ferrer.

 

Charles Esche: -Hay algo que quedó afuera de mi presentación y es específicamente la relación entre los grupos de artistas y Trama, y quizás sea interesante reflexionar sobre esto. Tengo que decir que el nivel de las preguntas y de la interacción que se dio en los últimos días ha sido excepcional. He participado de una serie de encuentros como este y en muchas ocasiones -sobre todo cuando se da esta estructura del espacio con una presentación frontal y esta puesta teatral- suele ser bastante hueco, no se alcanzan los contenidos. Tengo la sensación de un inicio, de un momento iniciático, puesto que por lo que vi no hay raíz, no veo que haya un inicio histórico, raíces históricas en los últimos veinticuatro años en relación con lo que se está hablando en este momento. Les ruego que me corrijan, si me equivoco. Trama no busca ser una institución sino que es una suerte de proto-institución, a partir de la cual se puede desarrollar una actividad significativa. Acaso sea importante explicar qué quiero decir con "una actividad significativa".
Siempre va a haber individuos solitarios, francotiradores que con suerte pueden tener un efecto en el escenario artístico internacional, naturalmente, esto siempre puede suceder. También siempre puede haber curadores, y particularmente ahora, que recorren el mundo explorando las escenas locales para invitarlos a participar de las bienales. (En realidad las exposiciones internacionales han dejado de existir, porque todas se llaman "bienal", pero eso es otro punto.) Seguramente no hay ninguna razón para pensar por qué una obra significativa no debería llegar a tener visibilidad internacional, seguramente la va a terminar teniendo, pero a lo que me refiero es más específico y tiene que ver con lo que ayer mencioné como comunidad. El punto es cómo una comunidad de artistas puede llegar a tener más visibilidad a través del trabajo conjunto. Entonces la visibilidad lleva a la oportunidad de mostrarse. Primero a escala local y más adelante a nivel internacional, la gente empieza a registrar una escena y luego a un grupo particular de gente y eso ayuda a la diseminación de la obra. Pero quisiera mencionar algo mucho más importante: mejora la calidad y las ideas de las obras mismas. Yo no veo la obra como un objeto autónomo y tampoco veo al sistema de distribución como algo que explote la obra o le brinde apoyo a la obra. En realidad creo en la comunidad de artistas en su debate, en el tipo de discurso que estuvimos desarrollando en los últimos días, una comunidad de artistas que se testean mutuamente, que evalúan también su propia obra y que tienen un compromiso crítico con la obra de los demás integrantes de la comunidad. Ese tipo de comunidad no es ajena al mundo del arte pero tiene una integridad propia, si puede ser, utópica, como me acusaron ayer…La oportunidad de que se abra una organización como Trama provee este tipo de discurso crítico y de apoyo crítico para los artistas individuales en Buenos Aires. Y por eso es muy importante verlo no solamente como un mecanismo publicitario, promocional o de marketing que les pueda dar visibilidad como artistas individuales. Por el contrario, en tanto artistas individuales, Uds. artistas van a tener un doble beneficio: al dar algo al grupo, tanto más van a recibir como individuos. Esto es básico en todos los grupos, y también es esencial, pero suele ser negado por la educación del arte puesto que la educación del arte sigue ateniéndose en occidente a la idea del genio en el siglo XIX. Creo que en el seno de los grupos existe la posibilidad de descartar todo aquello que carezca de sentido o que sea un disparate, también la idea de vanguardia -puesto que la vanguardia implica unos pocos iniciados que están adelantados. Hay que crear la idea de una comunidad que genera fuerza para los individuos que la integran. Es una especie de valor agregado que se crea al integrarnos en una comunidad. En este sentido creo que esta descripción idealizada de una comunidad tiene potenciales, puede ser realizada aquí, pero a la vez también se plantean dificultades y problemas. Lo que más me ha preocupado es la falta –una vez más es una observación que realmente me gustarían que me corrigieran- de una integración institucional, o de un marco institucional. No fui a ver ningún museo porque me dijeron que no valía la pena ir, pero también me parece que hay una necesidad de ver las comunidades artísticas como una especie de ecosistema integrado por diferentes individualidades, instituciones y organizaciones de diferente tipo y que puede ser autosustentable. Me llamó mucho la atención la idea de la ciudad mítica de la que habló Christian, como una ciudad que genera su propia cultura. Creo que la capacidad de generar la propia cultura depende de una suerte de ecología, de una diversidad, de una hibridación de los espacios, de las posibilidades, de las interacciones, y para mí Trama es un punto de partida, pero no puede hacerlo por sí solo. Si me puedo llevar algo conmigo es un gran optimismo con respecto a Trama pero también un cierto temor, en el sentido de que si no hay Tramas plurales, Trama 1, Trama 2, Trama 3 -y esperemos que con diferentes nombres- acaso esto termine llevando a una implosión porque el otro rasgo notable de los grupos de artistas es que son sumamente frágiles tanto en términos económicos como emocionales: la mayoría sólo dura unos pocos años. Tengo entendido que Trama está planteado en términos quinquenales, y es muy importante pensar en términos de períodos de tiempos acotados, pero después tiene que haber otro fenómeno, otra manifestación que comience a formarse, además hay que pensar en paralelo con otras formaciones, habría que empezar a pensar entonces como resultado de esta conferencia, de la necesidad de comenzar a crear este tipo de comunidades. Acaso Trama no sea solamente el punto de partida, quizás uno de los resultados de esta conferencia sea que Uds. empiecen a pensar en otras formas de trabajar en conjunto, de buscar sustento. Sé que no hay dinero, pero si están interesados en desarrollar su trabajo y en llegar a tener alguna visibilidad internacional, creo que uno de los rumbos más seguros y más provechosos es integrarse en comunidades. Las alternativas que se plantean es estar en el taller y tener la expectativa de que alguna vez te descubran o si no la segunda alternativa es integrarse en un conjunto, en una comunidad, y empezar a trabajar juntos, y me parece que esta sería una posición y una decisión muy sensible, muy importante y muy criteriosa, sería muy importante tomar este camino, sobre todo tanto en términos institucionales como para vuestro propio desarrollo personal. Había otras cuestiones que quería mencionar, pero quizás aparezcan en el curso de la discusión. Eso fue mi conclusión.

Christian Ferrer: -Sin ser un gran conocedor de las formas que tomó el arte argentino en los ’90, sí tengo un recuerdo de estos diez años pasados, en tanto que a uno siempre lo invitan a ver algo de arte, dejando de lado las grandes exposiciones a cargo de museos o instituciones que hay en la Argentina, tengo el recuerdo de que una de dos: o me invitaban a la inauguración de una muestra o una exposición, o me invitaban a ver una instalación, que es una palabra que los años ’90 –por lo menos en mi buzón de correo y en mi buzón de correo electrónico- aparecía mucho. Sin embargo cuando uno analiza un poco los proyectos que aquí fueron usados y presentados, nos encontramos con una artista que aquí pretende usar a la red informática, no para difundir su obra, sino para construirla colectivamente, a otra persona que se plantea cegar una casa, a un grupo colectivo que se propone una intervención política en relación a la memoria reciente, una chica que se plantea repartir una determinada construcción relacionada a un malestar de los argentinos en Ezeiza, un taxista que tiene su propia guerra de guerrillas en la ciudad con los publicitarios, otro grupo de personas que andan relevando ranchos por el norte argentino, una chica que deambula por villas miseria de su ciudad en Posadas, Misiones, y así sucesivamente, es decir, una serie de trabajos en espacios que no me parecían que interceptaran a mi recuerdo del tipo de invitaciones que yo recibía. Trabajos que además a veces suponen cruces de clases sociales, tanto en el proyecto de Florencia Blanco como en el proyecto de fotografía del personal doméstico de sebastián Friedman, como en el trabajo de Sonia Abián también, trabajos que por otra parte cruzan de manera muy fuerte el hecho mismo de deambular por la ciudad, entendido el deambular por la ciudad como algo contrario a la circulación, y tomo a una sala de exhibición como lugares por donde se circula, no internamente, sino lugares donde se va, desde un lugar en el que uno vive en la ciudad hasta ese lugar en forma circulatoria, es decir, lo más funcional posible: la llegada en menos tiempo, etc. El deambular supone experiencias, apropiación de la ciudad… asombro, también: aprendizaje. En el proyecto de Sonia Abián, en el proyecto de Rocío, en el proyecto de los dos chicos arquitectos (Leonello Zambón y Lucas Ferrari), en el proyecto de los Ranchos, en el proyecto del Grupo de Arte Callejero, en lo de Oscar Brahim, también el taxi de Oscar Brahim, ahí hay una fuerte relación con el deambular urbano y también hay un aprendizaje, hay una maceración y una acumulación de aprendizaje que va modificando la actitud de las personas, es muy evidente para mí en el trabajo de Oscar Brahim, que por otra parte había visto yo en un video. También en el de Sonia Abián.
Por supuesto también hay un trabajo con la memoria y la política, que está presente en el trabajo de Molinari, en el diccionario de las artes de Diana Aisenberg, donde se busca ser sentido sobre la multitud posible de connotaciones históricas, biográficas y actuales que tiene una palabra, en el Grupo de Arte Callejero evidentemente,y también me pareció que había una fuerte relación con la memoria, aunque de una manera extraña en el trabajo presentado ayer sobre Ulrike Meinhof de Dennis Adams, donde se intentaba de alguna forma mostrar que hay una persona que todavía sigue viviendo una pesadilla y que se le pide al paseante ocasional que la libere de esa pesadilla, de hecho el ritmo de entrega de cada fotografía es el ritmo de la pesadilla, es decir como de quien trata de subir una escalera que no termina nunca o de escapar de ella.
Yo detecto aquí una diferencia con respecto a lo que percibí o lo que recuerdo de la década del ’90. Pero también hay aquí por lo menos atisbos, como pequeñas y breves apariciones de otras formas posibles de hacer arte.
En la Argentina el arte es importante. Siempre lo fue. Lo es para los políticos, lo es para los periódicos, lo es para la gente común y corriente, lo es para la Universidad, lo es para los animadores televisivos, se dice la palabra "arte" y todos quedan como embobados, como embelesados. El arte es importante, porque el arte o bien tiene una utilidad social, o bien mejora socialmente a la persona, o bien mejora su espíritu. Basta ver la televisión y en cualquier programa, siempre que se habla de arte, se lo habla bonachonamente, con cierta bonomía, con cierta disposición positiva, nadie parece odiar el arte en la Argentina. O bien esto es señal de una profunda ignorancia con respecto al arte o de un profundo odio oculto bajo la figura del amor.
La otra forma en que habitualmente el arte también ha aparecido en la Argentina y específicamente en la década del ’80 y por razones políticas está en relación a su politización. Esto quiere decir que la politización del arte era un deber ser un desideratum, no exactamente me estoy refierendo a un arte político, a un arte que piense la política, sino a la politización obligada del arte. Sin embargo es evidente que en los años ’90 sostener estas cosas se ha vuelto un poco más complejo. Curiosamente el taxista Oscar Brahim lo propone. Él se ha dado cuenta, por su propio deambular por la calle, de que la gente está sometida a la belleza más imponente, más pugnante, más poderosa que existe en la ciudad, que es la belleza de la publicidad. Y él la odia. En su guerra de guerrillas, de lo que se ha dado cuenta es de que la belleza a la cual nosotros tenemos acceso no es una belleza esencial, ni la belleza de la que hablaba Rilke, el umbral hacia el conocimiento de lo terrible, o el encuentro con lo terrible, sino que es una belleza postiza, rotativa, y muy efectiva, muy creativa además. Es decir él se ha dado cuenta de un problema para el arte: el hecho de que la belleza, que es por otra parte uno de los grandes temas de la estética y del arte, en nuestra época es sencillamente algo postizo. Me resulta curioso que sea un taxista quien se haga cargo de eso. Todo arte tiene que hacerse cargo de este problema al mismo tiempo. En segundo lugar porque el arte ya no puede fundamentar sus temáticas, sus trabajos con materiales o con sus objetos de interés a partir de un mundo no contaminado por el mundo industrial, por el mundo financiero y también por el mundo publicitario contemporáneo. Eso quiere decir que no existe ya un lugar en las grandes ciudades modernas que no esté tomado, al menos desde hace unos cincuenta años, sino mucho más, por esta conformación del mundo. De un mundo pre-industrial casi no han quedado huellas, de un mundo industrial clásico comienzan ya a quedar pocas. Por lo tanto esto hecha por tierra a muchas tradiciones con las cuales se ha pensado al arte. Entre otras, por ejemplo, la del surrealismo, que -dejando de lado la cuestión del inconsciente- buscaba ciertamente reconquistar el aura urbana a través del encuentro con objetos que tuvieran la marca de una mano perita, de una mano artesanal. Hoy es muy difícil encontrar ese tipo de objetos, o se los encuentra en San Telmo, caros por otra parte.
Otro problema lo encontramos en que la relación clásica entre arte y política se sostenía en la posibilidad de denunciar el escándalo del hambre, o el escándalo de la autocracia, del absolutismo. El siglo XIX conoció ambos fenómenos en occidente: hambre y absolutismo. Todavía nuestros modelos políticos, nuestra forma de pensar la política depende de esta vieja tradición, la lucha contra la censura, contra las prohibiciones, la lucha para conseguir mayores libertades cotidianas o mayores libertades ciudadanas –derechos humanos por ejemplo- y la lucha contra la "mano dura" del autócrata. Pero esas formas de la autocracia, salvando en algunas zonas muy específicas en el mundo ya no existen de esa manera. Existía en Indonesia, como bien nos ha sido contado hace pocos días, pero no de esa manera. De manera tal que si desestimamos el hambre, el hambre real, el hambre como el que hay en África, como objeto en las grandes ciudades occidentales y también desestimamos el peso de la autocracia tal como se la conoció hasta mitad del siglo XX, y quizás también desestimamos la forma en que las sociedades liberales organizaban consensos de acuerdo a un criterio de representación con los ciudadanos, el arte queda ahí en una zona nueva con relación a la política, tiene que descubrir las claves de esa relación entre las personas y la política. Lo cual se complica si se piensa que antes, en otra época, quedaba claro que podía haber una zona del arte de vanguardia que luchara contra el arte mentiroso, o formal, o paisajístico, o el arte de las formas de la etiqueta de la burguesía, como quiera llamársele. Y al mismo tiempo se encontraban las culturas folklóricas de origen campesino, todavía intocadas, aunque experimentaran la ciudad moderna.
Hoy nosotros experimentamos el triunfo de un populismo internacional de estilo norteamericano, pero también de una plebeyización que en cada lugar asume formas distintas de ese populismo internacional, pero se conecta con él, por un lado, y es un tipo de plebeyización que no tiene contacto firme con la política, tanto como lo tenía en otra época en donde las clases populares tenían alianzas relativamente fuertes, con grandes ideologías políticas. Ese es un fenómeno nuevo, también, es decir, el fenómeno de que el arte responda a fuertes corrientes –digo: el arte consumido realmente por millones de personas y no el arte de los pequeños cenáculos, incluso los innovadores.
Tampoco se puede decir –esto surgió en la discusión con Oscar Brahim- que el receptor del arte, como receptor de la publicidad disponga de un arsenal propio que lo defiende de la misma. Dispone en alguna medida de una panoplia, de una cierta cantidad de armas simbólicas y de armas históricas y políticas con las cuales defenderse, pero no por completo. Porque en gran medida el receptor es alguien que ha sido construido, en gran medida por los medios de comunicación, de la misma manera que el cliente ha sido construido por el sistema capitalista. Allí donde el sistema capitalista no llega no hay clientes. Hay personas que tienen obviamente relaciones con mercados y con bienes, pero no un cliente. Un cliente es construido por el propio sistema capitalista, de la misma manera que el receptor de los medios de comunicación es construido por este mismo. Disponen de un grado de libertad, pero en el interior de una esfera determinada, de una cápsula determinada.
Estos son grandes temas, me parece, que deben ser expresados por el arte, al cual sumaría un tema complejo, que es una creciente tendencia a nivel internacional a disponer de una conciencia cínica o de una conciencia un poco encanallecida, por lo cual la persona sabe que lo que está haciendo está mal, y por eso lo hace. Lo cual rompe con la vieja relación que tenía la conciencia moderna, burguesa, con la mala fe. Es decir: está mal, lo hago y siento culpa por hacerlo. No aquí: está mal, y por eso lo hago. Este tipo de conciencia es un problema también del cual el arte tiene que hacerse cargo y es un tipo de conciencia que circula por las grandes ciudades y especialmente por sus castas políticas, por sus representativos. No descartaría al fin que la imaginación contemporánea movilizada por la biotecnología y por la informática, -como en otra época lo era movilizada por la energía atómica y el viaje espacial, hoy la biotecnología y la informática han reemplazado a esos dos grandes vectores anteriores en la conformación de un imaginario técnico a nivel mundial- también deban ser grandes temas para el arte. Que en Argentina al fin, se toquen con la precariedad constituiva de las artes de la sociabilidad actual. Esto también es un tema nuevo para los artistas. Hace diez años atrás todavía la mayor parte de las personas que vivían en la Argentina, aún quejándose, aún ya en estado de cierta duda, aún suponiendo los grandes problemas que hubo en este país en 1989, las grandes transformaciones de ese año, eran personas con expectativas hacia el futuro, personas todavía orgullosas de su condición de argentinos. Hoy esto no es así. Por lo tanto la precariedad es una horma constitutiva de las artes de la sociabilidad actual. Esa precariedad ha logrado que se destruyan no solamente las viejas certezas con respecto a las instituciones en la Argentina, no solamente ha destrozado un ciclo de cincuenta años de mitos plebeyos asociados al ascenso social, no solamente ha destrozado la relación de los cuerpos con el mercado laboral, con el mercado de la apariencia, sino que también en buena medida ha roto el peso que tenía la organización familiar en la Argentina. Como consecuencia de eso es mi opinión que lentamente han comenzado a aparecer en los años ’90 formas asociativas de tipo amistoso. Esto creo haberlo dicho y lo quiero reafirmar. Una metáfora habitual en política durante los años ’90 en Argentina que yo no compartía sostenía la idea de que en Argentina estaba creciendo el individualismo. No solamente no lo compartía por razones conceptuales, sino porque además creo que era equivocado, era una mala percepción de lo que estaba ocurriendo, y que al mismo tiempo, se decía, crecía el individualismo y se destruían las redes solidarias. Por el contrario, yo creo que en estas condiciones de precariedad es cuando se ponen a prueba las redes de solidaridad entre las personas, porque cuando la torta es grande y todo el mundo recibe algo, aunque sea una migaja de la torta, o cuando la solidaridad es obligatoria, o tiene relaciones fuertes todavía con las instituciones, ser solidario es fácil. En cambio en situaciones de precariedad es cuando se pone a prueba esta solidaridad. Creo que grupos como Trama, como muchos otros grupos que no son equivalentes pero que también operan en la sociedad argentina son grupos que juntan a personas y establecen una forma de asociación que tampoco es tribal en el viejo sentido de la palabra, sino que está cruzada con una forma de sociabilidad profundamente urbana y moderna y que ha ido evolucionando a toda velocidad en los últimos 150 años, que son las relaciones de amistad públicas entre las personas, que no son solamente afectivas, sino que suponen una capacidad operatoria, suponen relaciones de confianza, suponen relaciones en red y no una relación en círculo, el círculo perfecto de amigos, sino extrañas formas en donde unas personas se relacionan con otras no de la misma manera, suponen funciones asesoriales, políticas, financieras, económicas operativas, en el sentido de que hacen cosas, y no necesariamente todo el tiempo, y que no están del todo marcadas por una ideología solamente, sino por la necesidad de seguir sosteniendo algo en esta precariedad, que es algo del orden de lo humano, y me gustaría terminar diciendo que es algo del orden de lo argentino, también.

Andreas Siekmann: -Voy a decir algo muy breve, porque ya se dijo mucho. Lo que me pareció bueno de Trama es que estas invitaciones suelen estar ligadas con el riesgo del consumo, pero este programa fue muy productivo en el sentido de que los invitados fueron convocados a co-producir y esto me parece una gran ventaja. En muchos proyectos, quisiera dar una breve impresión, creo que el espacio público muchas veces es tomado como legitimación para el propio trabajo, lo cual es importante pero hay que tener en cuenta la historia: el espacio público fue primero un espacio geográfico, luego tuvo una dimensión funcional y luego una dimensión social. Y creo que en este espectro, que establece tambien un rango temporal, nos encontramos ante la última dimensión, la social. La mayoría de estos proyectos trabajan con esta dimensión social. A mí me llamo la atención cómo la mayoría de los proyectos presentados subrayan el tema de la distribución y de la comunicación, lo que a su vez lleva a que nos planteemos cómo deberíamos informar, cómo deberíamos relatar esto. Me parece interesante en este contexto y en base a las oportunidades que brinda Trama para el intercambio, retomar la historia para informar o relatar los hechos, de modo tal que el medio y la forma que toma el medio también contenga un mensaje acerca de cómo estamos usando este medio. Si nos quedamos en el nivel de la distribución y de la comunicación se genera una especie de efecto de eficiencia –me resulta difícil formularlo- que se transforma en una evaluación, entonces el criterio de éxito es cuando muchas personas lo vieron y de alguna manera esto funcionó.
Me parece que habría que pensar en ser disfuncionales, en cierta disfuncionalidad, porque esto también significaría ubicarse fuera del consumo en términos de una crítica. Por eso me parecería importante una especie de reflexión sobre el medio.
Otro punto que quisiera señalar es el de las políticas identitarias, entre lo global y lo local, podríamos intentar ubicarnos en lo "glocal" si me permiten el neologismo, en el sentido de no tener una especie de estigma de no encontrar palabras porque todo esté basado demasiado en la identidad, y en lo que hace a la circulación de mercaderías, tenemos que buscar también una especie de permeabilidad, importante también en términos de políticas migratorias. Habría que buscar un lugar de la permeabilidad, y si pienso en cómo podría transformarse este simposio en una forma escrita, me parece que sería importante que se profundizaran las líneas de argumentación y de sistematización en el trabajo del público en el sentido de que fuera más sistemática la presentación. Me parece que las presentaciones tendrían que sistematizar la argumentación sobre el espacio público. Esto muy brevemente.
Quisiera agregar que me parece genial que Trama esté organizado por artistas y creo que también debería haber un principio de rotación de modo tal que las personas que ahora están haciendo proyectos luego participen en la organización de los simposios, de modo tal que la gente que está organizando Trama pueda volver a hacer obra, para que no se cree una especie de jerarquía o de distribución de roles.

Reinaldo Laddaga: -Yo voy a intentar nuevamente tratar de volver a tejer y comunicar lo que acaban de mencionar Charles, Andreas y Christian junto con algunas de las cosas que me parece haber oído estos días y algunos de los problemas que me parece que quedan aún por plantearse y que sin duda serán el objeto de próximas Tramas. Encuentro algunas extraordinarias coincidencias con algunas de las cuestiones planteadas por Christian, y algunas de las planteadas por Charles. Christian hablaba de esta formación de redes de socialidad que él designaba con el nombre de redes de amistad. Pienso que la palabra es buena aunque hay que tener en cuenta que él también hablaba de la necesidad de una capacidad operatoria y de una dimensión productiva de estas redes de amistad que suponen un cierto grado de institucionalización y de toma de distancia de la red respecto a sí misma para establecer formas de estabilidad que creo que apuntan en la dirección que Charles también apuntaba cuando decía que es preciso para una iniciativa como Trama no desestimar enteramente la dimensión institucional. Ahí creo que hay un problema estratégico complejo entre la voluntad de fluidez, de indeterminación y de libertad a la cual responde una cierta toma de distancia respecto a lo institucional, pero que hay que negociar con la necesidad de estabilidad que es difícil obtener sin aunque sea una forma débil de institución, o como diría Christian, una forma precaria de institución. Creo que la precarización y la voluntad de asociación son fenómenos correlativos. Aquí hubo una cuestión dando vueltas –sobre todo en algunas posiciones de Charles y de Andreas y algunas otras posiciones formuladas desde la perspectiva argentina en este caso, pero que encuentro que era compartida si no me equivoco -por algunas cosas que mencionó Ade- que tiene que ver con si hay un proceso de individualización creciente en algunas de nuestras sociedades, cuál es la causa fundamental. Creo que Charles y Andreas ponen un énfasis en la temática del consumismo y de la ideología del consumismo, que no sé hasta qué punto funciona tan bien para lugares como la Argentina donde la hiperindividualización y la precarización tienen que ver aparentemente por una inyección de inseguridad y de desinstitucionalización, que me parece que hace a una diferencia entre el norte y el sur, digamos, en un contexto de globalización compartida, que es necesario tener en cuenta a la hora de discutir el tipo de cuestiones que estamos discutiendo acá. Pareciera, sin embargo, que hay por lo menos un proceso creciente que es común y que sin duda es el resultado de un malestar de individualización compartido, que tiene que ver con esta voluntad de formación de redes de asociación que en algún otro momento hubiéramos llamado post-tradicionales, en la medida en que no se apoyan sobre ninguna identidad naturalizada, simplemente, ni siquiera el tipo de identidades semi-naturalizadas que constituyen el tipo de identidad de género, sexual o incluso de raza. Sí me parece que se apoyan sobre la localidad, la situación en un lugar, son redes que muchas veces aspiran a resituar un grupo de gente en un lugar y que tiene que ver con una hiperconciencia respecto a la localización espacial y a la relación entre el hogar y el contexto más global, que entiendo que son fenómenos bastante más diferentes que los que estábamos acostumbrados a observar, por lo menos en perspectiva norteamericana durante los ’80 y principios de los ’90 en términos de políticas de la identidad. Me parece que no son grupos que responden a por lo menos la forma precisa que tomó en los años ’80 y en los ’90 la temática de la identidad. Esto en cuanto a formas de asociación que son post tradicionales en este sentido, o precarias también, en el sentido de que no se apoyan en cualidades compartidas a priori, antes de producirse la reunión, vamos a decir, demandan un extraordinario esfuerzo de invención, institucional, organizativa, que creo que es el desafío al cual se enfrenta Trama o alguno de los otros grupos de los que estamos hablando o algunas de las comunidades electivas de las que hablaba antes Charles.
Es decir, cómo se organiza una cosa así no está claro para nadie, de ahí que posean el tipo de fragilidad que también mencionaba Charles, fragilidad afectiva y fragilidad organizativa, con respecto a la cual también hay algo que hacer, y nuevamente allí la cuestión de la institución me parece importante.
¿Qué diferencia sin embargo habría entre cosas que suceden en el contexto del arte, en cuanto a esto, y cosas que suceden en otros contextos? ¿Habría algo de particular en lo que concierne a Trama o algunas de las comunidades electivas en contextos de arte respecto de lo que sucede simplemente en los barrios o en todas partes? Ese me parece que es un problema que nos queda por plantear un poco mejor de lo que hemos sido capaces hasta ahora. Una de las cosas que hay que tener en cuenta en este aspecto es que hoy el espacio del arte, por razones de la historia reciente del arte, es un espacio relativamente no determinado. Tengo la impresión de que cuando Charles mismo ayer planteaba que el espacio del museo es un espacio particularmente favorable para ser abierto a iniciativas comunitarias, se refería a este aspecto, a lo relativamente indeterminado de los espacios de arte que es lo que hace posible que sigamos llamando arte a cosas que en muchos casos no se parecen a lo que solíamos llamar arte. A pesar de lo cual la mayor parte de las cosas que vimos aqui parecieran tener por lo menos un rasgo en común, que es esto que también mencionaba recién Christian, que parecieran ser trabajos que toman como su materia menos significaciones materiales, campos de objetos, etc. y más justamente formas de socialización, formas de organización social. Tendríamos que ver qué es lo que esto quiere decir, tomar como materia esto, y hasta qué punto es posible y deseable una elaboración estética, conciente de las formas de socialidad o de las formas de relación. ¿Qué tiene que ver esto con el arte?
Creo que uno de los lados por el cual yo ensayaría elaborar esto está conectado con lo que acaba de mencionar Andreas. El problema práctico que yo he visto en gran parte de los proyectos de estos últimos días es un problema de presentación, cómo se presenta lo que se hizo, de qué manera, en qué sentido las presentaciones que hemos visto dicen algo verdaderamente sobre lo que sucedió. La cuestión de la presentación me parece particularmente importante porque creo que uno de los aspectos a través de los cuales podríamos intentar abarcar esta cuestión es a través de una lógica de la ejemplaridad. ¿Hasta qué punto una comunidad, colectividad, forma de sociabilidad que se constituye en contexto artístico debiera aspirar a algo parecido a la ejemplariedad, debiera presentarse como ejemplo de buena socialidad? Por un lado esto es para cualquiera de nosotros difícil de hacer, en parte porque vivimos en comunidades hiperindividualizadas donde la ejemplaridad es un disvalor, en cierto modo, por lo tanto es difícil plantear las cosas en téminos de ejemplaridad. Pero ayer cuando Charles hablaba de este proyecto de exhibición de comunidades me preguntaba qué quiere decir esto, ¿quiere decir que la comunidad se manifiesta como ejemplar?, ¿cuál es el valor para la comunidad que se constituye en cuanto a pensarse a sí misma como ejemplar?
Esta me parece que es una cuestión que queda por discutir, que está conectada con la cuestión perfectamente práctica de cómo se presentan en público trabajos como los que hemos estado viendo. Que el problema en este caso sea al mismo tiempo teórico-estético y práctico, al nivel más inmediato de la realización inmediata de ejercicios como estos, me parece interesante porque tengo la impresión de que fuera de la lógica de la obra, como me parece que estamos trabajando acá, en la práctica, la cuestión del valor político del arte, de la relación entre arte y política, tiene que modificarse decisivamente. Tengo la impresión de que hemos estado discutiendo intensamente sobre esto, también tengo la impresión de que no disponemos todavía de los medios para ponernos rápidamente de acuerdo sobre discusiones de este tipo. Probablemente no haga falta que esto suceda, por lo menos inmediatamente y sin duda un cierto ejercicio de la paciencia es necesario en momentos claramente transicionales como el nuestro.

Marina De Caro: -Yo ayer no estuve, así que no escuché lo que dijo Charles, pero hoy sí escuché varias veces que habló sobre el objetivo de la visualización internacional de los proyectos, como algo que conlleva cierta jerarquía, o lo repitió varias veces, o a mí me sonó así. Sí lo puedo ver como una consecuencia, sumamente interesante, de una construcción de un proyecto de artistas o de una situación cultural, pero no lo veo necesariamente como un objetivo último, con esa cualidad con la que me parece que se enunció. Lo cuestionaría desde ese lugar.

Charles Esche: -Yo no creo para nada que sea el objetivo último. Para nada, si dije algo parecido realmente, soy estúpido. Lo que quería decir es que en el marco de una situación de globalización y de cosmopolitización simultánea -las ciudades se han transformado en grandes espacios internacionales de mezcla- la idea de tener un debate nacional, la idea de una visibilidad nacional y la idea de ignorar lo global y lo internacional, me parece un error. Precisamente si uno piensa en un proyecto como Trama, que se inició en el marco de un proyecto en Amsterdam -y si queremos ser cínicos, en una especie de colonialismo holandés, pero bueno esto no es así- ha sido financiado por una serie de instituciones internacionales y se ubica como una fuerza cultural en el marco de la globalización y no como una fuerza económica. Entonces la única dificultad que tendría con lo que vos estás planteando es que si negás la importancia de lo internacional, por defecto estás entonces implicando que este es un debate nacional y no creo que sea lo que querés implicar.

Marina De Caro: -No, no le quito importancia, solamente estoy indicando un cambio en la ecuación. Me parece sumamente importante, que va a caer por su propio peso y que es su camino el de que sea internacional en su momento, pero planteado de esa manera me pareció que se estaba estructurando un proyecto con ese objetivo. Ese objetivo creo que casi ni hay que plantearlo porque cae de hecho. Por eso es que lo cuestionaba, no porque considerara que tiene que ser sólo un proyecto con características nacionales en absoluto, porque también me parecería sumamente acotado y fuera de época. Pero con los medios como están dados, el tema de que sea internacional está planteado desde un comienzo. Lo que cuestionaba era el lugar donde se ponía ese objetivo de que fuera internacional, no que lo sea. Esas palabras me resultaron sumamente duras, como el de "ignorar…" ¿cómo fue? (mira a la traductora). Dijiste un par de palabras así…con un carácter pesado que no pronuncié y no era mi intención.

Charles Esche: -No quería ser duro, debe ser el golpe de calor…Todo lo que quería señalar es que la visibilidad internacional no es un objetivo en sí mismo sino un medio para lograr el objetivo que implica la obra. Naturalmente se puede hacer un trabajo que no busque visibilidad internacional, pero creo que un proyecto como Trama implica que Buenos Aires se posicione en un diálogo internacional. No podemos pensar que se invierta la situación y que el mundo le hable a Buenos Aires, porque eso sería en contra de cómo está el mundo en términos de poderes. Lo que estamos tratando de plantear es un diálogo, y creo que esta dimensión del diálogo internacional es central y esencial a Trama y me parece muy importante.

Marina De Caro: -Soy un poco obsesiva pero voy a insistir nuevamente. Me da la sensación que planteas que o es de un lado o es del otro, y no es desde ningún lugar. No es de la Argentina para afuera, o de afuera para la Argentina. Parece siempre que la estructura de pensamiento es repetir un patrón: o de la Argentina para afuera o de afuera para la Argentina. En ese sentido se pierde la estructura de red, que no es de un lugar para otro…No es eso. No es "vengan a nosotros" o "nosotros vamos hacia ellos". No es ninguna de las dos posibilidades, es una tercera.

Charles Esche: -Está bien, estoy de acuerdo, pero uno tiene que emitir cosas desde la red, sino uno se convierte en un nodo pasivo de la red y entonces eso se convierte en un circuito muerto, tiene que haber algo que salga, si no, no hay comunicación. Es simple, me parece…

Público: -Me interesaba el otro día de la exposición de Christian Ferrer… Dentro de la temática de la circulación de obra de arte en una ciudad, hablabas de lo mostruoso, con lo que tenía que lidiar cada habitante de la ciudad. Quisiera que te explayaras un poco más con respecto a lo monstruoso, cómo está entendido allí. Por un lado a mí me evoca una resonancia de dimensiones monstruosas y de deformidad también, y luego planteaste unas figuras de héroes, que no recuerdo en este momento cuáles eran, y cuál sería la heroicidad de ellos.
Después tengo una pregunta para Siekmann también.

Christian Ferrer: -Creo haber usado la metáfora de lo monstruoso de distintas maneras. Hay una relación tradicional del arte…¿Con quién dialoga el arte? El tema aquí era en gran medida "Redes, contextos, territorios" urbanos. El arte también dialoga con la muerte, y acá está establecido un diálogo con las distintas metáforas de la muerte en vida. Metáforas a la vez de una muerte última: esto es tradicional. No todo el arte dialoga con la muerte, pero me da la sensación que cuando el arte es perdurable tiene siempre esa relación.
Yo usé la metáfora de lo monstruoso en distintos sentidos. No tanto en el tema del tamaño, que es un tema que le importa a mucha gente, pero a mí no. No percibo las ciudades monstruosas solamente por el tamaño que tiene consecuencias sobre las personas. Quiero decir: no creo que lo pequeño sea hermoso, no creo que lo pueblerino sea agradable necesariamente ni creo que lo contrario de la metrópolis o de la megalópolis sea una vida en un lugar estático y pequeño. Al contrario, no lo veo ahí, lo cual no quiere decir que no tenga efectos muy concretos. Lo monstruoso yo lo veo en que toda ciudad ejerce una presión particular sobre los cuerpos, sobre las vidas de las personas y los transforma en monstruos. Eso está relacionado con la autoconstitución de una ciudad como un hecho mítico. Las ciudades aparecen y desaparecen, las ciudades no son eternas, la cultura de las ciudades no son eternas. Las ciudades que han tenido un esplendor pueden perderlo, ¿Quién se acuerda hoy de Samarcanda, una ciudad que durante trescientos años era la frontera de la ruta de la seda? Se llegaba ahí, y desde allí se desplegaba hacia todos los puntos cardinales las riquezas de Oriente, afluía mucho dinero y por lo tanto también Samarcanda fue una ciudad de mucha cultura. Venecia es hoy un museo… Eso quiere decir que las ciudades no son eternas: prosperan, se diversifican, construyen cultura y también se derrumban. Ni siquiera todas las ciudades son capaces de autoconstituirse como ciudades míticas. Ese mito constitutivo es un mito que tiene sentido en tanto y en cuanto está activo, está vivo. No en tanto y en cuanto se marchita o se establece una forma de herbario. Ahora bien, una consecuencia de esa ciudad mítica es que se vuelve neurótica, es decir infeliz. Y todas esas presiones que caen en el habitante lo transforman en alguien monstruoso sin que tenga plena conciencia de esa monstruosidad. Esa es una primera metáfora, que se cruza con la historia nacional, en particular en el caso de Argentina….
Todas las historias nacionales son monstruosas, pero en el caso de Argentina en particular lo es.
Lo cual es curioso, porque cuando uno piensa en Colombia, por ejemplo, mira hacia atrás y parece haber una guerra civil ininterrumpida desde hace 200 años. Pareciera que Argentina fuese un país culto, civilizado, moderno, construído a imagen y semejanza de ciertas postales europeas, con fuertes corrientes migratorias europeas, pero también tiene una historia monstruosa que no es necesario explicar del todo, aunque nunca se la asume en su completa dimensión. Y en tercer lugar, yo no planteé que hubiera necesidad de los héroes urbanos. Digo que Baudelaire comienza su gran libro sobre las ciudades, "Las flores del mal", planteando un elenco de héroes urbanos. Son todos héroes que provienen de un afuera, de un lumpenaje, de un margen. Son héroes lúmpenes todos ellos, o héroes minoritarios, en todo caso son todos héroes que escapan a la máquina circulatoria, espectacular, teatral, laboral es decir las piedras basales del teatro y de la fábrica, que constituyen la ciudad. Estos héroes son figuras del suburbio, por decirlo así, y son mirados de alguna forma como monstruos humanos, viven para sí mismos, es su único destino, vivir para sí mismos: el mendigo, la prostituta, el lúmpen, el hampa, la lesbiana, el revolucionario. Son seres que viven no para la especie, sino para sí mismos, no tienen otro destino porque la sociedad los coloca en ese lugar. Pero esas figuras clásicas, que siguen aún dando que hablar –de hecho está lleno de críticos de arte o literarios o sociólogos que andan buscando permanentemente el maldito- ya no tienen sentido del todo a medida que se va desarrollando el siglo XX.
Debo haber usado también la figura de lo monstruoso en dos o tres sentidos más laterales. Pero lo fundamental para mí es que la horma urbana construye necesariamente monstruos, y que lo único que pueden hacer estos monstruos en una ciudad monstruosa es encontrar sentido a través de la generación de cultura. Esa generación de cultura que es inevitable, los destruye a sí mismos, es decir, no es consolatoria, no es más reparadora. Es destructiva, pero no pueden hacer otra cosa. En ese sentido yo pensaba al destino de los cuerpos, de las vidas, de las experiencias en la ciudad de Buenos Aires, por lo menos.

Público: -¿Por qué no es reparatoria?

Christian Ferrer:
-Sobre todo no es consolatoria…Y no es reparatoria en el sentido que no puede salvar a las personas, el arte no salva a nadie, lo cual no quiere decir que frente a obras de arte las personas no puedan aprender. No en el sentido pedagógico de la palabra, sino lo cual no quiere decir que frente a una obra no pueda obsesionarse con una pregunta. Pero pensarlo como consolatoria o salvífica –quizás reparatoria no es la palabra adecuada- me parece… me parecen figuras clásicas, digamos, de la historia del arte moderno que no comparto.
No considero que los monstruos sean precisamente desagradables. No lo pensaba en esa clave.

Sebastián Friedman: -Quería preguntarle a Andreas si se podía explayar un poco en su idea de "disfuncionalidad".

Andreas Siekmann: -Con disfuncionalidad me refiero a que la eficiencia de las obras de arte en el espacio público no solamente puede estar determinada por el mandato de la difusión o la eficacia en los medios, sino que una de las razones por las cuales uno sale al espacio público es que uno parte de una falta, de una carencia de algo que uno considera necesario y a la vez uno tiene una relación idiosincrática con la eficiencia de estos espacios de productividad y legitimación que es el espacio público.
Un caso concreto de disfuncionalidad tenía que ver con el ejemplo de Adams y Ulrike Meinhof: la esfera pública no tenía cara, solamente existía una mirada monádica de la cámara que registraba cuadros fijos de la película de Ulrike Meinhof y lo distribuía a la gente en el espacio público. Me parece un caso poco afortunado de disfuncionalidad, pero es un caso de disfuncionalidad. En este sentido era simpático.

Ade Darmawan: -Esta pregunta es para Charles: ¿Cómo ves un gran proyecto supuestamente llamado "intercambio cultural" como parte del capitalismo global? Porque, como sabés, está financiado por una corporación muy, muy grande y también va de la mano con la expansión económica, yo creo.
En relación a lo de ayer, hablando de una institución fluída, ¿Cómo relacionas esto con aquello? ¿Cómo la globalización económica está ligada a la globalización cultural?, pero también esta cuestión del intercambio, estuvimos hablando de que la globalización es un nuevo colonialismo, ¿Es como un viaje de ida, de nuevo?

Charles Esche: -Es una pregunta imposible de responder, en realidad, pero lo que me gustaría señalar es que la globalización económica tal como la vemos ahora no tiene nada que ver con las posibilidades de intercambio cultural o del intercambio global. Pero sería mejor hablar de "internacional", porque el término "intercambio global" ha sido cooptado por las fuerzas económicas por la economía de libre de mercado del capitalismo y le han dado forma y le han dado brillo. Vos sabrás mejor que yo de las relaciones globales que tiene Indonesia, por ejemplo, las conocerás mejor que nosotros, donde el desempleo es generado por compañías basadas en los EEUU y en Europa y aún así los fundamentos de la economía indonesa no han cambiado básicamente. Es uno de esos casos de falacia, donde estamos hablando de los fundamentos de la economía global. Desde mi punto de vista, que no es económico, hay muchas mentiras en cuanto a los beneficios económicos de la globalización. Lo que sí permiten las crecientes capacidades de intercambio comunicativo que nos trae la globalización es la posibilidad de comunicarnos unos con otros, y por eso podemos ser parásitos y usar como parásitos los mecanismos de comunicación que han sido creados por la globalización económica para crear nuestro propio tipo de redes. En este sentido la visibilidad internacional es sumamente importante, no en términos de visibilidad hacia occidente, sino la visibilidad entre Indonesia y Argentina o entre Malasia y Corea, me parece que las posibilidades a las que llegamos gracias a la globalización, si querés, no son posibilidades directamente atribuibles a los efectos directos de la globalización, sino que son efectos secundarios de los que podemos sacar provecho. Tenemos que manejarnos en un camino paralelo, con otros objetivos, y en este sentido hay mucha confusión porque las razones por las que se permite o se promociona el intercambio cultural es por una idea de globalización económica y esto en realidad es un contrasentido, y ha quedado claro porque la globalización es en realidad un neo-colonialismo económico. Especialmente en el caso de Indonesia esto ha quedado clarísimo. No sé si relamente estoy respondiendo tu pregunta.

Ade Darmawan: -En cuánto a las instituciones fluidas, con respecto a lo que dijiste ayer, ¿cómo podrían sobrevivir estas instituciones fluidas?

Charles Esche: -¿Cómo podría sobrevivir una institución fluida? Es muy importante retomar esa palabra horrible que mencionó Andreas que es "glocal". Una de las cosas que me interesa especialmente en este momento es un debate que comenzó con la idea de la cosmopolitización y que básicamente está relacionado con la cuestión de la identidad. Y lo que pone en cuestionamiento es la retirada de las identidades nacionales, y junto con ellas de las certezas que proveían las identidades nacionales. Y esto no se continuó con una identidad global. En sentido utópico sería deseable tener una identidad global, pero no ha ocurrido. Entonces una de las respuestas más frecuentes son las identidades fundamentalistas, o las identidades éticas: lo podemos ver en Yugoslavia clásicamente, pero también en muchos otros países. Entonces, la cosmopolitización propone la idea de una identidad ubicada y situada en una ciudad que en sí misma es étnicamente diversa y que también aspira, tiene la ambición de ser lo más diversa posible en términos éticos, entonces la ciudad específica, en un lugar específico, con la mayor globalidad posible, es lo que más permite dar cuenta de la diversidad étnica, lo que permite que seamos felices juntos. Esto es una propuesta que ya está funcionando en muchos casos. En la ciudad de Malmö, en Suecia, el 50% de los habitantes de menos de 25 años no es sueco, y entonces tenemos que dar cuenta de esto desde la institución fluida que queremos crear en esa ciudad. Entonces el intento, que va a llevar mucho tiempo, es de crear aperturas hacia esas comunidades que existen. Tenemos que crear un espacio para esas comunidades. Aquí tenemos una posibilidad de trabajar en términos "glocales", en términos de acción, trabajando con la dimensión global pero con la permanente referencia a las identidades multiétnicas de una ciudad concreta. Yo sé que tu pregunta estaba dirigida a la globalización económica, pero no estoy en condiciones de dar respuesta a esto. Espero de alguna manera haber dado respuesta a tu pregunta de todos modos.

Sonia Abián: -Quería preguntarle a Charles acerca de algo que él dijo ayer o antes de ayer, no me acuerdo. Él se planteó un interrogante: "¿De qué manera el arte puede volverse difícil otra vez sin perder la accesibilidad?" Quería saber si él puede ampliar un poco eso, si él piensa que lo que se produce actualmente es light, es fácil, cómo lo definiría…

Charles Esche: -Quizás yo ya hablé de eso porque lo que quiero decir es este sentido de estar en una situación opuesta a la vanguardia. O sea, no existe tanta dificultad como antes se podría haber visto o considerado, o una comunidad exclusiva para la cual se hace un objeto de arte, ni la idea de que la vanguardia o avant garde es un término militar, representando gente que está más adelantada a su tiempo o a su sociedad. Eso ya no funciona más, y lo que pasa, como dijo Christian, es un movimiento hacia una cultura pop, por decirlo así, un arte que se integra no a la vanguardia sino a algo más populista. Lo que quiero decir con "el arte que se hace más difícil", pero al mismo tiempo retiene la accesibilidad, es que retiene la posición difícil, no en términos de vanguardia, sino en términos de plantear ciertas preguntas, preguntas políticas, fundamentalmente. Creo que tu trabajo lo hace de hecho, pero planteando preguntas políticas que son difíciles porque no son necesariamente aquellas que una sociedad o una localidad en especial quiere enfrentar, pero usando al mismo tiempo los medios y los mecanismos que no se basan en un formulismo de vanguardia que es exclusivo. Así que creo que estoy fundamentalmente hablando de hacerlo dificil en términos de contenido pero reteniendo la accesibilidad de la forma.

Sonia Abián: -Retomando el tema de los héroes, quería preguntarte (a Andreas) si definirías tu personaje -a ese jean deshabitado- como un héroe.

Andreas Siekmann: -No creo que sea un héroe, creo que es más bien una superficie de proyección, son mostrados como objetos sin substancia y en realidad significan la transformación de un pantalón, un jean utilizado por la clase obrera, un objeto de culto en una cultura postindustrial, y en este sentido, no hablaría de un héroe sino de una superficie de proyección y la falta de substancia ha sido elegida a propósito para dar cuenta de la piel y para mostrar que es una superficie de proyección. Por eso me resulta muy difícil hablar de un héroe. Volviendo a la pregunta de si uno está hablando para una especie de sujeto revolucionario, todo esto es una superfice de proyección para las exclusiones que se dan en la ciudades. Quizás podría retomar una idea que es la del papel de la crítica y el papel de la crítica en los proyectos, pensando en lo difícil que resulta hacer visible lo que significa la privatización de los espacios públicos y prácticamente no hay imágenes para esto. Precisamente si hablamos de globalización tenemos que tener en cuenta en qué medida las ciudades abandonan sus deberes públicos para hacer entornos favorables a las inversiones. Creo que es muy importante que los proyectos que trabajan con el espacio público, den cuenta de esta liquidación, de este abandono de los espacios públicos para mostrar cómo los proyectos que desarrollamos a partir de una sensación de impotencia no lo estamos haciendo como una suerte de consuelo o de actividad masturbatoria, sino simplemente para dar cuenta de la necesidad de mantener derechos, los derechos que conquistamos…que se conquistaron tras largas luchas (me estoy volviendo muy emocional), pero son los derechos que se conquistaron para participar del espacio público y de la esfera pública.

Santiago García Navarro: -Charles en un momento se preguntó si Trama era una actividad que estaba funcionando de manera individual en el contexto argentino. No es así, hay varios proyectos, desde pequeñas revistas, a pequeñas galerías, incluso la recuperación de ciertos museos y pequeños centros culturales, que podrían decirse de manera más amplia incluso, que están funcionando no sólo en Buenos Aires sino en cinco o seis ciudades de las provincias, del interior del país. Todos somos bastantes optimistas, estaba comentando con Reinaldo, se repite bastante la palabra "fundacional" como si estuvieramos viviendo un momento fundacional, y todo esto es muy positivo pero al mismo tiempo se habla de precariedad y se habla de que el caso argentino es bastante dramático en este momento muy preciso porque realmente estamos asistiendo a la decadencia violenta de un país.
Ayer, sin ir más lejos en la tapa de Clarín, que es el diario de más tirada en la Argentina, el titular más importante decía que diariamente se crean 2000 nuevos pobres en la Argentina, lo cual quiere decir que el núcleo familiar básico compuesto por 4 personas gana menos de 450 dólares mensuales. Lo cual supone que es muy difícil pensar en otras actividades más allá de las de la mera subsistencia. Entonces por un lado sentimos un gran optimismo, pero por otro lado pienso yo que está la sombra de la posibilidad de continuar estas redes o estas protoinstituciones en un futuro en el que parecería que el dinero no nos permitiría seguir avanzando. Y también me pregunto si el artista no terminaría siendo, o los últimos artistas –esto lo pinto a propósito de una manera casi apocalíptica- si la función del artista no sería como en el caso del proyecto de Sonia Abián la de un testigo de esa precarización absoluta.

Charles Esche: -Muchas gracias por la descripción, es muy interesante y no era consciente de esta estadística de las 2000 personas que empobrecen día a día. La pregunta de si el arte tiene que funcionar como testigo: yo no creo que el arte deba o no deba hacer nada, no me gustaría hacer planteos prescriptivos en este sentido.

Santiago García Navarro: -No, no. La pregunta no estaba focalizada en eso. Era casi irónica en ese aspecto mi pregunta. A lo que me refiero es a las posibilidades de construir redes y afianzar este programa, cuando las situación social y económica es realmente dramática.

Charles Esche: -A lo mejor yo no entendí bien las cosas porque hace solamente tres o cuatro días que estoy acá. Si bien la situación aquí obviamente es extrema, el hecho de que los artistas se junten en grupo, ya sea en Varsovia, Sofía, Bulgaria o Estambul, -en circunstancias muy diferentes, eso lo reconozco- pero tampoco en circunstancias sanas en realidad… esas son las más productivas. Si uno va a Los Angeles o a Londres, en este momento, en los últimos tres o cuatro años las iniciativas de los artistas, organizaciones de artistas como Trama han sido muy débiles, porque el mercado comercial domina totalmente el pensamiento de los artistas: ¿cómo puedo venderme? ¿cómo puedo relacionarme con la galería que me asegure mi futuro económico? Yo no estoy subestimando de ninguna manera lo que estas diciendo, podría ser posible no obstante -porque parece ser posible en otros lugares- hacer cosas dentro de esa situación. Aún enfrentando todas esas dificultades económicas pero igualmente pudiendo actuar. Me parece que lo más importante en cualquier situación es no dejarse discapacitar por la situación, al punto que no quede posibilidad de actuar. El hecho del arte en ciertas circunstancias puede ser un gesto de esperanza en un entorno desesperanzado.

Reinaldo Laddaga: -Creo que Santiago plantea una cuestión que tenemos que tener en cuenta acá que es la cuestión de la temporalidad propia de estas situaciones y está claro para alguien que no está en la Argentina que en la Argentina hay una sensación inmediata de urgencia: la cosa está por terminar y por lo tanto hay un nivel de precipitación que en la mayor parte de los casos provoca una sensación de pérdida de poder. Creo que el hecho de que Trama y otros grupos de artistas existan tiene que ver con un intento de recuperar espacios de poder, de recuperar espacios donde la gente tenga la sensación de tener control sobre algunas de las cosas que pasan, realmente. Sobre todo en condiciones donde el espacio macropolítico aparece como incontrolado, verdaderamente. También creo que espacios como este tienen que ver con una tentativa muy práctica de formación de receptores. Porque el problema con la cuestión del testimonio: ¿debiera un artista dar testimonio de esta desintegración? Me parece que sí, no veo porque un artista debiera no hacerlo, y tengo la impresión de hecho de que aquí hemos visto una variedad enorme de proyectos, algunos de los cuales están vinculados a una tradición del arte político de denuncia, y otros al arte político de testimonio, que tengo la impresión que en el contexto latinoamericano fue algo así como la reacción informal entre artistas escritores a comienzos de este proceso, en los años ’80. Esto me parece que sería quizás largo de desarrollar. La cuestión por la cual creo que iniciativas como estas tienen que ver con formar receptores es que el problema es que si un artista debiera, entre otras cosas, dar testimonio de esta desintegración, la pregunta es testimonio para quién. Esto es el problema, porque este mismo proceso es un proceso de desintegración de la figura del individuo ciudadano que va al museo, por ejemplo, que es precisamente el que presupone una forma clásica de arte, entre otras, la forma del testimonio. Este proceso es un proceso que entre otras cosas desintegra al destinatario, en definitiva. Por lo tanto hay un problema particularmente delicado en momentos como este y no me parece que o el testimonio o el espacio del testimonio -el espacio de formación de redes- sea realmente una alternativa, sino que me parece que son procesos correlativos.

Santiago García Navarro: -En definitiva estoy hablando desde el avance de una lógica capitalista que tiene por principales víctimas a los países que están fuera del centro. No me refería solamente a la Argentina, pienso también en Colombia, o en Venezuela o en Paraguay o pienso en Indonesia también, entonces a veces me pregunto (porque yo soy un optimista con respecto a esta situación) pero a veces me pregunto si no será un tiempo que durará cinco años porque para ese momento ya la debacle sea absoluta, ¿no?

Rodrigo Alonso: -Mi pregunta es para Andreas. Quisiera hacerle una pregunta en relación a este concepto de eficacia, él habló de relativizar el tema de la eficacia en el espacio público, por lo menos de un cierto tipo de eficacia, y después me pareció escuchar en lo que dijo que señaló la necesidad de sistematizar las presentaciones que hicieron los artistas y su propia postura en relación al ámbito público y al ámbito de la comunicación. Mi pregunta es: Esta sistematización, ¿apunta a otro tipo de eficacia?¿Cuál sería esa eficacia? ¿Cuál es la necesidad de sistematizar ese tipo de posición de la obra con respecto al espacio público?

Andreas Siekmann: -En cuanto a la eficiencia, creo que desde hace por lo menos veinte o treinta años sabemos que el arte juega un papel muy importante en la ciudad en los procesos de levantar los valores inmobiliarios de los barrios. En el caso europeo el gerenciamiento de los barrios llevó a que se usara el arte para reciclar tramas urbanas, a través de eventos y a través de acciones financiadas en muchos casos por los dueños de los inmuebles o por gente que tiene negocios en la zona para subir los valores de los alquileres. Este es un mecanismo que se da en Europa donde el arte en los espacios públicos termina instrumentalizado para estos fines. Por eso el arte tenía que asumir una posición clara en ese contexto.
En cuanto al tema de los informes y de los relatos, hay modelos de los años sesenta o setenta para referir o para dar cuenta de los proyectos aunque uno no haya estado allí. Para que uno pueda darse una idea de lo que sucedió allí. A lo que me refería es que si uno está participando de un proyecto, habría que aprender a participar en términos de oposición, vale decir, poder dar cuenta del proceso en el que uno está trabajando, en qué medida puede ser utilizado por el enemigo, uno tiene que aprender en qué medida lo que uno está haciendo puede ser utilizado por el enemigo. A la vez hay que pensar que el proyecto también tiene que contener una reflexión sobre el arte en el espacio público, en el sentido más amplio, y esto sería una metodología concreta para acercarse a las cosas teniendo en cuenta también la historia de las cosas, en este sentido lo decía.

Sonia Abián: -Quería decir algo volviendo sobre lo que decía Santiago, el artista como testigo, mi idea es que un testigo es un observador, es alguien que observa, que ve algo; se supone que eso que se ve lo registra, o de alguna manera lo preserva o lo conserva porque en el sentido en que él lo decía, que hacía la referencia al contexto actual de la Argentina, supuestamente va a desaparecer, está en vías de desaparición. Yo creo que ese puede ser un aspecto, pero quería resaltar o mencionar otro que me parece igual de importante que es el aspecto de la acción, la acción que se opone de alguna manera a esa pasividad del testigo, acción como un tratar de conservar la capacidad de actuar, y de no convertirse en un discapacitado, que es otro concepto que apareció antes. Todo este contexto en crisis creo que provoca como una discapacidad para actuar, y creo que el sentido de acción, por lo menos para mí en este proyecto, es un tratar de retener y de conservar esa capacidad para actuar.

Público:
-Yo quería hacer mención a lo que dijo esta persona de la cual no sé su nombre, que habló del tema del testigo y de los 450$. Yo creo que hay un perjuicio muy fuerte en relación a si es más importante comer que expresarse. Yo trabajo en una organización que desde hace diez años impulsa trabajos de arte en contextos de pobreza y que empezó justamente por registrar que las personas en condiciones de muchísima necesidad se reúnen igual a generar proyectos artísticos, en esos contextos de precariedad, con todas las dificultades de los contextos, muchas veces sin trabajo, muchas veces porque no hay otra cosa para hacer y porque no hay recursos para hacer otra cosa. En el medio de la villa de San Roque, que queda en San Fernando, los vecinos levantaron hace tres años un enorme galpón donde querían levantar un centro cultural. Y durante muchísimos años no lo pudieron hacer, porque no había ningún artista que fuera a enseñarles, ni a tocar la guitarra, ni a tocar el piano, ni a armar una coreografía, ni a hacer un video, ni a que nada sucediera. Entonces me parece que lo que se puede hacer en relación a cambiar esas circunstancias, es muchísimo y tiene que ver con lo que decías vos recién (a Sonia) que es la acción, de involucrarse y hacer cosas y de participar en esa transformación. Yo conozco muchas personas que ganan muchísimo menos de 450$ y que vienen todos los días a montar una coreografía, a aprenderse una coreografía, a bailar. Creo que la necesidad de expresarse del ser humano es casi igual de fuerte que la necesidad de comer, y estas personas han perdido mucho antes que su trabajo la posibilidad de acceder al discurso que para nosotros es común. Han perdido esas oportunidades muchísimo antes o no las han tenido nunca. Creo que perder esa posibilidad como decía Andreas, de participar del espacio público, de ser parte de un discurso, de la posibilidad de crear, de expresarse y de tener una obra, es mucho peor que no poder comer.

Santiago García Navarro: -Me pregunto por qué en Malmö el 50% de los menores de 25 años no son suecos.

Charles Esche: -Tengo un montón de respuestas complejas, pero tiene que ver con que se han vuelto extranjeros en su propio contexto, y aún si nacieron en Suecia, por las políticas vigentes, no tienen la nacionalidad sueca. La social democracia que se plantea como políticamente correcta y antiracista en realidad es una política para la burguesía, entonces hay una especie de cesión por defecto anterior a todo y esto también se extiende a nuestro trabajo en ese contexto político. Nosotros en el museo estamos proactivamente creando un diálogo con esas otras comunidades, porque ese diálogo nunca antes existió. Nunca hubo ningún intento de establecer un diálogo con esa gente y tampoco nunca hubo una respuesta naturalmente, entonces la razón por la cual no se acercan es porque no creen que el museo tenga algo que ver con ellos y probablemente tengan razón. Acaso con el tipo de acercamiento que ayer planteé, tal vez a lo largo del tiempo, y esto va llevar años, logremos crear una confianza, logremos crear que la gente tenga un sentimiento de pertenencia y de propiedad. Que sientan que ese museo les pertenece de la misma manera que a los demás ciudadanos. Creo que esto va a llevar años hasta que podamos construirlo pero tenemos que empezar en algún punto y si empezamos ahora, podemos acaso en dos años lograr un interés en ellos y crear un espacio que se transforme en un foro de discusión donde las opiniones y miradas de esas comunidades también se puedan expresar y donde tengan una esfera pública y sus preocupaciones no se limiten únicamente a su propia comunidad. Esta es la aspiración que tengo, y ahora tenemos que ver a través de la práctica en qué medida podemos llegar, y vamos a lograr tantos éxitos como tantos fracasos a lo largo del camino.

Pablo Ziccarello: -Yo quería hacer una pregunta: se ha hablado de Trama en términos de institución o de proto institución, y una pregunta que quiero hacer –la red de Diana tal vez sea más útil en el sentido de que haya una respuesta de una voz más múltiple- para cualquiera de los que están en la platea, es en qué terminos definen institución. Se ha hablado mucho de eso y como parte de Trama no lo tengo del todo claro. Así que quien quisiera responder…

Juliana Iriart: -No podría definir a Trama como una institución, pero a mí me quedó una duda bastante importante con respecto a lo del control cuando hablaban. Me parece que o no lo interpreté bien o me parece que no es una palabra que se relacione con esta cosa que se define como institución de Trama. Si primero quieren definir institución y luego ver lo del control…como quieran…Me pareció que era una cualidad de estas cosas que se llaman instituciones y justamente no comprendo cual es el rol del control en estas instituciones.

Reinaldo Laddaga: -Brevemente para mí el control me parece una cosa tan simple como establecer este espacio antes que esperar que suceda en otro lugar, que lo establezca el Estado, que suceda espontáneamente, tan simple como eso para mí. Es decir, en parte controlar las condiciones de la propia enunciación.

Pablo Ziccarello: -Entonces la otra dirección de la pregunta va para Reinaldo, ¿en qué términos podés definir institución?

Reinaldo Laddaga: -Yo no quiero insistir en la palabra. Simplemente me parece que Trama tiene algunas características que pueden ser asociadas con una institución: tiene un nombre, por ejemplo, dura en el tiempo, tiene una estabilidad en cuanto a quiénes están ocupados de su gestión, hay algunas reglas de juego, hay un presupuesto, hay un montón de cosas que le dan una estabilidad que naturalmente no es la del museo, con una estructura piramidal, un director designado por tales y cuales años, reglas difíciles de controlar incluso para los que trabajan en el proyecto, no es naturalmente una institución si asociamos institución con el tipo de institución burocrática que es un museo, una escuela o algo parecido, no, naturalmente no lo es. Es por eso que se usaron otro términos, proto institución quizás sea mejor. No quisiera insistir demasiado en el término, tampoco veo ninguna razón para resistirse al término. De lo que se trata, y esto es, nuevamente, una decisión puramente estratégica respecto a cómo se hace para que esto se repita y dure en el tiempo y no lo contrario. Trama, como cualquier cosa, tiene que ver con establecer ciertas condiciones con las cuáles el proyecto adquiera estabilidad. Tampoco quiero insistir demasiado con el término institución, excepto que tampoco debiera insistirse en una posición fundamentalistamente anti institucional, porque no sería útil en este caso, simplemente.

Marcos Hill: -Volviendo a la cuestión de la necesidad de expresión humana, me gustaría desarrollar mi pensamiento cambiando la dimensión macro por una dimensión micro y haciendo primero una constatación y después una pregunta. La constatación es sobre lo que hemos visto en la semana, sobre las maneras de presentación de los becarios, que en mi punto de vista, algunos han presentado una dificultad de formalización de sus pensamientos y de su contenido. A pesar de que la mayoría de los contenidos -para no decir la totalidad de los contenidos- tuvieron una gran seriedad, una gran densidad y una gran sensibilidad. Estamos en un contexto de arte, entonces el modo en cómo el producto artístico es dirigido a la sociedad, yo creo personalmente, es una cosa importante. Entonces la primera constatación es con relación a la dificultad de una buena parte de los becarios con relación a adecuar el buen contenido a la forma de presentación. La segunda constatación que recibí es que esta problemática no fue muy percibida ni por los panelistas ni por los oyentes. Me queda como paño de fondo, el arte, lo artístico, el campo de ejemplaridades de la forma, de la visibilidad, de la imagen. Sin querer sin embargo ser un formalista, yo creo que cuando se consideran algunas cuestiones de forma, de imagen, no necesariamente se ubica uno en una situación formalista. Veo por ejemplo que los artistas contemporáneos de Europa o de EEUU, cuando construyen sus mensajes tienen una completa conciencia de esta perspectiva histórica en occidente y muchas veces en oriente. Mi pregunta es si el hecho de que esta cuestión, que para mí es muy importante, no haya sido notada durante la semana es debido a qué razones. ¿A la organización del evento, que ha privilegiado la cuestión social, que yo considero muy buena si es una cuestión ideológica oculta un poco por la globalización en la medida en que la globalización en Europa y EEUU es una cosa y globalización en el tercer mundo es otra? Tomando por base toda la metodología de acumulación de la información y del saber que el primer mundo tiene y que da bases al artista contemporáneo para construir su propuesta como en el caso de Andreas, que ha tomado como ejemplo un código iconográfico creado en los años veinte por un especialista ligado a la metodología de la ciencia estadística. Toda la poética visual de Andreas está calcada sobre una referencia histórica que tiene como base una memoria de un país que sabe muy bien valorar su tradición de memoria y sabe también metodológicamente organizar la reproducción de saber. Entonces mi pregunta es: la falta de atención y la falta de importancia que yo he visto en toda la semana ¿es por una cuestión metodológica más ligada a la valoración de la proyección social? Me pregunto también si esta parte de la elaboración de la forma y de la imagen no hace parte de una buena estrategia de proyección social del artista y si por otro lado no podríamos notar una cierta manipulación un poco invisible de una manera de mantener a países no desarrollados fuera del acceso a las fuentes de información necesarias y también de las metodologías de acumulación del saber del conocimiento, que en el caso de las artes plásticas y visuales incluye una historia de la forma, una historia de la imagen y toda una metodología que compone esta sensibilidad. Yo entiendo estética no solamente como belleza, sino también como sensualidad corporal, y esto es un hecho histórico en la historia del arte de occidente.

Andreas Siekmann: -Sólo puedo dar una breve respuesta en lo que hace a las referencias históricas. En mi proyecto lo que me interesaba era dar una ubicación histórica en toda esta observación cibernética de los años veinte. Lo que se hacía era una estadística no productivista, en un punto antimarxista, lo que me interesó como punto de partida una vez que cayeron los bloques ideológicos y además también me interesaba para no caer en la histeria actual, como si las luchas a las que nos enfrentamos hoy fuesen luchas nuevas. En realidad son luchas que se han dado y que se han repetido a lo largo de la historia. A través de la contextualización histórica, al establecer referencias históricas, como artista uno puede mantener su lucidez analítica y esto también involucra a los historiadores y a otros países y esto nos pone en una posición de fortaleza discursiva de modo tal que sobre la base del análisis, uno entienda cuáles son las condiciones económicas y sociales. Son las dos instancias decisivas en la selección de mi trabajo. Pero recién se mencionó que hay que tomar el mismo camino de la globalización y creo que hay una frase muy simpática de los situacionistas, naturalmente tenemos que seguir el mismo camino que los demás, pero tenemos que tomar ese camino como enemigos. Es una consigna muy agresiva, pero que me parecería importante subrayar.

Fabiana Barreda: -Quería hacer un comentario en relación a lo que consultó Marcos, porque creo que Reinaldo dijo que el valor del arte también depende de la lógica de la obra, o algo así. Porque para cortar con la circularidad de la globalización, en mi caso particular…. me quedé pensando también en la pregunta que había hecho él, para diferenciar globalización económica de globalización cultural. Y creo que hay un quiebre a la globalización que vos marcabas cuando por ejemplo en el debate entre los artistas o gestores invitados hablaban del tema del consumo o de otro tipo de fenómenos que no son de acá, o del tercer mundo. Creo que la globalización para Latinoamerica genera particularidades propositivas de hacer obra que justamente quiebran esta situación de globalidad como un sistema internacional circular y supuestamente simétrico y democrático. Y creo que la consulta en referencia a cuáles estrategias se pueden construir en relación a esto, es el valor político del arte. Me parece que acá gracias a Trama se empieza a generar este debate en estos términos, o como diría él, como una dialéctica del enemigo. En nuestro caso, las características del enemigo tampoco son globales, entonces yo creo que es a eso que esta tensión en esta red es lo que se empieza a generar. También pensaba en un manifiesto de Glauba Rocha que es "La estética del hambre", por ejemplo, o "La estética del sueño", que ante ciertas situaciones límites como nombraba nuestro amigo Santiago, creo que justamente son los momentos de corte más tensos, con una situación global económica aparentemente para generar una resistencia en términos propositivos de hacer obra. Y que quizás eso se estuvo bordeando, pero bueno, sería mejor enunciarlo más duramente.

Reinaldo Laddaga: -A ver si puedo reunir las dos cuestiones, porque me parece que las dos cosas están vinculadas y también con lo que acaba de decir Andreas respecto al enemigo.
Nombrar al enemigo es un gesto siempre complejo, rara vez se nombra al enemigo simplemente a partir de conseguir información. Hay un lugar en el que hay que hacer algo con las informaciones dispersas que se tienen y decir: ese es el enemigo. Estaba pensando esto en relación a la estrategia que asocio por ejemplo con el Grupo de Arte Callejero cuando identifica al FMI, lo que es una identificación del enemigo. La identificación del enemigo tiene siempre valor estratégico necesariamente, porque nosotros sabemos que es el FMI pero también otras cosas, también una constelación de la cual el FMI es quizás la parte hegemónica pero que en el gesto de denominación "el FMI", hay una reducción de complejidad que tiene valor político naturalmente, y que depende de una decisión política.
Si hay algo que pareciera definir la situación de globalización es una hipercomplejización de la figura del enemigo y de las líneas de enemistad. Esto me parece importante porque la denominación del enemigo es la estrategia mayor del arte político del siglo XX. La denominación del enemigo bajo la forma de la sátira, bajo la forma de la denuncia, bajo la forma de la alegoría, pero la denominación del enemigo es aparentemente el gesto central en la tradición moderna del arte político. Denominar al enemigo es darle rostro y por lo tanto es darle una forma, es decir "eso que está ahí es el enemigo que tiene ese rostro y esa forma", y esa estrategia sin duda de arte político da lugar a una estrategia de la forma determinada, que tiene un valor determinado que es posible realizar. Creo que justamente coincido contigo (a Marcos Hill) en que había un problema grande en algunas presentaciones en relación a la presentación, y en relación a la cuestión de qué es lo que estamos viendo, desde dónde, para qué lo estamos viendo, cuál es la relación entre eso y el discurso… Esto ha sido particularmente sensible, este problema de la forma, en trabajos en los cuales es particularmente central la dimensión de la acción. Aquellos trabajos en los cuales lo que se propone el artista es darle a un grupo de gente un instrumento para que haga algo, o diga algo. Donde pareciera que el momento decisivo de la experiencia es el momento en que alguien hace algo con algo, en que alguien dice algo, y en donde el producto del artista tiende más al polo del instrumento o del útil, que de la obra. Creo que acá hemos estado viendo cosas muy diferentes verdaderamente. En algunos las presentaciones son mejores y en otros son peores no sólo por razones de talento a la hora de presentar las cosas, sino por razones más serias. Porque hoy estamos en el contexto de arte, o en la genealogía del arte también asistiendo a experiencias que no se resuelven en una dimensión a la cual es posible darle forma y que en la mayor parte de los casos tampoco se remiten a una política de la identificación del enemigo. Creo que esta situación, Trama concretamente, es una situación particularmente inestable en parte por eso y creo que atestigua un momento en donde bajo el nombre de arte estamos asistiendo a cosas muy diferentes entre sí.

Marcos Hill: -Cuando me refería a las dificultades de los becarios, no me refería a la forma. Me refería a una inconciencia involuntaria en relación al poder de los instrumentos que ellos están utilizando. Entonces no es una cuestión de valoración estética, para mí es una cuestión de formación, de educación, de instrumentalización para la utilización de los medios. No es una cuestión formalista ni una discusión estética. Es una cuestión de formación y de educación. No estoy de acuerdo con Ud., porque una de las mejores presentaciones que en mi punto de vista reunía todas las cualidades de densidad y de seriedad de contenido, de calidad formal y de imagen, era precisamente una presentación de una acción. Justamente percibí una fragilidad de conciencia. No estoy aquí evaluando la calidad a partir del efecto. Estoy aquí evaluando la calidad a partir de la intención de hacer algo en el campo del arte y de construir visualmente un contenido de gran poder. Yo creo que es una cuestión muy seria, y una cuestión estratégica, sobre todo para nosotros que somos de países del sur -yo soy brasileño, Uds. quizás lo han notado por mi dificultad para hablar el castellano- y prácticamente casi todos los problemas que Uds. tienen los compartimos, a pesar de que Brasil no está siendo citado en la lista de los más pobres ni de los más perjudicados en el proceso de globalización, Brasil tiene problemas tan complejos como Argentina o como cualquier otro país. Entonces mi pregunta no está focalizada en la estética o en el formalismo. Yo creo que focalizar la cuestión de la instrumentalización de la forma y de la imagen para volver más competentes las proposiciones del contenido es una cosa muy importante. Y yo no he visto a nadie que se preocupara de este problema de una manera especial.

Graciela Ciampini: -Yo quería aportar tal vez a la inquietud de él, por lo que aprecié yo de las pocas exposiciones que escuché justamente fueron supuestos proyectos que compartían una carencia desde el exponente de poder fundamentar con su discurso ese proyecto, desde lo conceptual.

Sonia Abián: -Quería volver sobre la cuestión de nombrar al enemigo. Había dicho Reinaldo que nombrar al enemigo fue una de las mayores estrategias del arte del siglo XX. Un poco apareció esto en algunas preguntas. Lo que quería decir es que me parece que actualmente incluso en el lenguaje cotidiano se nombra al enemigo: se llama imperialismo, se llama FMI, se llama sistema neoliberal. Me parece bastante peligroso para nosotros si queremos modificar una situación, nombrar a un enemigo e identificarlo me parece una manera muy fácil. Porque nombrarlo enemigo siempre implica estar de un lado y poner al enemigo enfrente y de alguna manera uno es la víctima de ese supuesto enemigo y creo que esa es una situación peligrosa. Me parece que uno de los desafíos del arte hoy y en general es justamente hablar, hacer una crítica, una acción o lo que sea, sin nombrar un enemigo, pero no porque no haya que nombrarlo y nombrarlo tácitamente, sino porque nombrar un enemigo deja afuera al otro polo. Me parece que hay que ampliar un poco la visión, el recorte.

Christian Ferrer: -Yo te diría que víctimas hay. Otra cosa es que la víctima haga de su condición una victimología. En otras palabras, que crea que por ser víctima tiene una superioridad moral. Eso me parece una diferencia que hay que hacer, pero víctimas hay necesariamente. Eso por un lado, por otro lado la política es de alguna forma, no identificar, sino elegir un enemigo, en gran medida. Otra cosa es, de la complejidad política, geopolítica, económica, cultural que hay en el mundo, hacer una especie de estereotipo, de caricatura. Ahí es donde comienza a fracasar la identificación de ese enemigo. De otra manera estamos en el terreno del liberalismo, que es el terreno del consenso, de llegar a consensos todo el tiempo, bueno, es el terreno del parlamento argentino…

Eduardo Molinari: -Yo quería retomar el tema del testigo. Me parece que se le adjudicó al rol del artista como testigo un rol demasiado pasivo. Me parece que en realidad el testigo está relacionado directamente con la idea de dar testimonio de algo, no solamente de verlo, y me parece que la idea de dar testimonio tiene que ver con la idea de la construcción de una narración o la idea de un discurso propio. Entonces no minimizaría tanto el rol de testigo.

Fabiana Barreda: -También considero cuando se hablaba de dialéctica más que de enemigo, en relación a lo que decías vos, Reinaldo, yo no creo que haya sido solamente una estrategia de la alegoría o de la sátira o de la denuncia o del testimonio, porque sería el valor nominal del arte, sería pensarlo en términos para mí, desde el formalismo. Yo pienso que el valor político de la lógica del sistema de construcción de una obra de arte genera proposiciones, sistemas de conocimiento, formas de enunciación, paradigmas, formas de conocimiento y creo que ese proceso tiene una eficacia, tiene un valor político muy poderoso que todavía en relación a Latinoamérica sigue siendo un estado de tensión con respecto a esta situación global/ local. Yo creo que nuestra dialéctica en el modo de construcción de obra está muy en tensión con esta situación global/ local porque económicamente estamos en tensión con esta situación global/ local. Y a su vez es bastante más compleja que un sistema parasitario de Trama, más allá de un discurso progresista, sino que a veces generamos procedimientos monstruosos porque son diferentes a los modelos de paradigma de la historia del arte y que todavía no han sido puestos en tensión en relación a otros procesos o lugares, incluso estas tramas. Cuando se hablaba aquí de un subsidio holandés, que haya un subsidio holandés no condiciona las modalidades de producción. Este tipo de paradojas económicas y políticas en términos de sentido me parece que son las que nos dan el entrecruzamiento de cómo generar una estrategia frente a eso. Lo que decía nuestro compañero de Brasil, que a mí me interesó, es cómo debatir específicamente estos sistemas de construcción de obra como poderío, digamos, dialéctico. Incluso cuando decía Andreas, si uno está haciendo arte en el espacio público, debatir qué se está haciendo como arte en el espacio público. Ya el acto mismo es cuestionar el acto mismo de cómo hacerlo en términos estratégicos. Y hablar en términos estratégicos también genera acá un crack y una tensión, pero la tensión no como algo negativo, sino bueno… Pensaba inclusive en la gestión de Charles, cuando él mostraba las obras que se hacían específicamente con la comunidad tenían vida para mí. Cuando se mostraba la comunidad expuesta, tenía casi el valor museográfico de una comunidad puesta. Hasta la muestra era museográfica, que en mi caso en particular no me generaba adrenalina de arte, digamos. Generalmente me parecía más fuerte cuando vos saliste a panfletear, a enganchar a estas nuevas Spice Girls suecas…ese tipo de cosas que estaban ligadas incluso a cuando yo te pregunté ayer qué era lo que la comunidad te pedía a vos, más que lo que vos le proponías a la comunidad. Vos decías que generalmente la comunidad te pedía cosas sesentistas o setentistas. Me pareció interesante hasta el aspecto negativo de eso. Esa dialéctica entre un sistema de web line que es interesantísimo y volantear para mí es resetentista porque tiene que ver hasta con el piquete de un partido político militancia troskista, que fue lo que hiciste, esas dialécticas nos pasan a nosotros también acá. Esas cosas pensaba…

Nora Dobarro: -Son contradicciones las que voy a plantear, porque creo que son muchas cosas, pero…Necesité lo que planteó acá Marcos Hill, en todas las ponencias, en algunas más que en otras. También me resultó muy halagador que desde el plano de lo social representado por Ferrer, se nos hiciera una demanda a los artistas. Creo que en este caso se volcó bastante la proyección social, me parece muy necesario, y que es el entrenamiento hacia el artista, digamos. Aquí encontramos un entrenamiento de índole social, que en la lectura habitual como individuos la sentimos pero en la práctica intelectual últimamente no tenemos mucho acceso a eso o no se nos está… o no sabemos muy bien a veces cómo lograrlo porque nuestra práctica es otra. Trama creo que es un inicio -creo no, apoyo absolutamente la intención- y también me surge otra pregunta ¿Qué hubiera pasado si todos los proyectos hubieran estados cerrados, formalmente? Esto acaba de suceder, esta pregunta, porque creo que un proyecto no terminado, suelto, con dificultades también ayudó a todo este debate. Me parece que la mirada de los otros, los flancos que presentaron cada uno de los proyectos que podemos, digamos, incluso cuestionar estética o formalmente o como queremos que fueran, quisiéramos que fueran, nos ayudaron a estas reflexiones, a estos interrogantes a continuar esta pregunta. Aseguro que la mirada de los otros enriquece la experiencia de todos. Estuve también muy asombrada, y que me parece muy positivo, que aún con intereses tan contrapuestos, y aún con generaciones tan diferentes, no haya habido peleas, que generalmente se dan o se dieron en encuentros que conocemos, por ahí dentro del campo de la reunión de artistas o de la reunión con otras disciplinas. Son reflexiones que no niegan posturas diferentes.
Hay algo que, para mí, me molestó hoy, y es el hecho de decir que no valía la pena ir a ningún otro lugar más que a Trama. Esto es una crítica que hago a Trama. O sea, considerarse dueños de una verdad es bastante interesante por el poder que eso da, pero creo que es antigua la pretensión, que justamente debemos sumar, debemos ver la historia, debemos ver que otros artistas han hecho cosas, en nuestro lugar, así como lo planteamos desde el campo social, desde el campo plástico.

Claudia Fontes: -Creo que estuviste en la charla anterior cuando hablamos los organizadores de Trama. Yo no controlo lo que dicen los invitados. Ellos se pusieron a hablar de Trama. Creo que estás siendo bastante injusta porque conocés la historia de Trama. Para los que no estuvieron en la charla anterior, una de las cosas que mencionamos es que la próxima actividad de Trama va a ser un Taller de capacitación para entrenar artistas en gestión cultural, del cual también vamos a participar como artistas, y al cual vamos a invitar a una lista de iniciativas que mencionamos.

Nora Dobarro: -Eso no tiene nada que ver con lo que estoy hablando. Estoy diciendo que a una persona que viene del exterior y que no ha visitado la Argentina decirle que no se puede ir a ver nada más, que no hay nada hoy en Buenos Aires…

Claudia Fontes: - ¿Quién le dijo?

Nora Dobarro: -Yo escuché eso hoy en la mesa.

Público: -No, lo dijo como algo general, no sabemos quién se lo dijo.

Pablo Ziccarello: -Eso lo dijo Charles Esche hablando de los museos, comentó que no había ido a los museos porque alguien le dijo que no había nada interesante para ver. No dijo quién le dijo. Alguien le dijo y no sabemos quién.

Claudia Fontes: -Lo que me gustaría para ser respetuosa con la gente del Instituto Goethe porque ya estamos retrasados con respecto al tiempo que les pedimos, sería pedirles al panel una última reflexión por favor…

Christian Ferrer: -A mí se me ocurre una cosa, y es que escuché cantidad de veces hoy la palabra globalización. Es una palabra que yo me la tengo en lo posible prohibida pero claro, no funciona la prohibición, porque por más prohibición gramatical, todo el mundo la usa y uno termina reactivando y hablando pero es una palabra que antes de ser hablada debería ser pensada por cada usuario. Al final uno termina reactivando a la oferta del productor de la globalización, como un cliente, aunque se defienda lo local, porque es en el mismo eje. Para entender esto, o por lo menos para hacerme entender a mí mismo, lo que intento decir lo propondría de la siguiente manera: ¿cómo sería una hipotética globalización sino existieran los EEUU? ¿Cómo hubiera sido? Ahí se nota claramente el vector –que no es solamente los EEUU- por poner en un lugar determinado el impulso de la globalización, que en otro momento podría haber sido en otro lado. Tampoco critico a EE.UU, yo quiero aclarar que el antiyanquismo me parece la enfermedad infantil del izquierdismo, y muy por el contrario hay un gran desconocimiento tanto de la gente que apoya como de la que critica la globalización de los EE.UU. Pero este es otro tema. Lo que quiero decir es que cuando uno se propone pensar eso, tiene que pensarlo políticamente y también pensar la palabra misma, palabra que a mí no me agrada ni como concepto político, teórico, social, geopolítico. Ahí habría que hacer una historización por un lado del tema; pero me llamó la atención en este contexto cómo se usa la palabra, porque yo estoy tan acostumbrado a leerla en periódicos y tan acostumbrado a escucharla en el ámbito de las ciencias sociales, entre los intelectuales, en la televisión, pero no pensé que los artistas estuvieran también tan interesados en esa palabra.

Andreas Siekmann: -El término de globalización es un reemplazo para el paradigma del imperialismo, y ambos conceptos abstractos ocultan que siempre hay relaciones bilaterales, y creo entonces que es muy importante subrayar que el imperialismo no sólo viene de afuera y nos infiltra sino que siempre en el propio país hay fuerzas que le dan cuerpo a estas asimetrías de poder.
En cuanto a las instituciones, transiciones, son formas legales y Trama no tiene que transformarse en una forma jurídica, pero las formas jurídicas se inscriben en el contexto de un sistema jurídico. Creo que Trama no necesita ni tiene que ser una institución, pero la pregunta sería si Trama puede plantear una demanda a las instituciones que no cumplen con las obligaciones para las cuales han sido creadas, como por ejemplo dar lugar al derecho a la expresión cultural.

Reinaldo Laddaga: -Me parece apasionante y sorprendente el nivel de contacto y persistencia que mantenemos en medio del general malentendido. Creo que si bien es apasionante una situación como esta es justamente por el nivel de generación de malentendido que hay, que es difícil generar en situaciones más formalizadas, del tipo de la clase o del seminario académico, o del grupo de amigos, justamente, malentendidos sin duda que tienen que ver con que estamos poniendo cada uno de nosotros una enorme cantidad de cadenas de reflexión y especulación alrededor de términos como institucionalización, o institución o globalización que sin duda entendemos cada uno de nosotros de modos bastantes diferentes en función de nuestras historias intelectuales en particular, de nuestra procedencia no sólo a largo plazo, sino en estos días y sobre todo de la evaluación que hacemos respecto al valor político local, en relación al uso de cada una de estas palabras. Creo que "forma" es otra de estas palabras en las cuales está este potencial enorme de malentendido. Uno podría suponer que cuanto más malentendido más publicidad, y eso sería un criterio de éxito más que de fracaso en una situación como esta.

Charles Esche: -Quisiera volver sobre esta cuestión de la globalización, porque creo que es una realidad con la cual nos estamos enfrentando todos y la única estrategia posible desde mi punto de vista es aprovechar las posibilidades que crea la globalización. Hay posibilidades de conexión, posibilidades de comunicación que nos brinda la globalización y no podemos ignorarlo, no podemos darle la espalda, y no podemos creer en el campo cultural que no está sucediendo. Y que simplemente por imaginar que no está sucediendo no podemos terminar divorciándonos de un fenómeno cultural y económico. Por eso también en el campo cultural tenemos que discutir sobre esa palabra tan fea que además es tan difícil de definir, pero también es importante tratar de utilizarla como un instrumento. Siempre vamos a ser avasallados por la globalización económica, siempre vamos a ser superados, pero siempre hay brechas, hay grietas, espacios que se abren y es allí donde se abre el espacio para el tipo de intercambio cultural que plantea Trama que me parece sumamente valioso. Y naturalmente los malentendidos ocurren, pero suelen ser las maneras más generadoras de situaciones creativas y deberiamos fomentar los malentendidos y al mismo tiempo tratar de superarlos.

 

N de la R: Las palabras de Charles Esche y de Andreas Siekmann fueron traducidas simultáneamente del inglés y del alemán por Silvia Fehrmann durante el debate en el Instituto Goethe. La desgrabación se realizó sobre la voz de la traductora

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