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Artistas que forman redes, instituciones, como
espacios de lo posible
Trama organizó un ciclo de debates que abrió
todo un campo de reflexión sobre la práctica
artística contemporánea.
"¿Puede ser todo temporario? ¿Y
qué podemos entender por temporario, considerado
no ya en el espacio transitorio del ámbito
público, sino en el espacio público
institucional del museo, la kunsthalle (sala de
arte) o el espacio gestionado por artistas? Creo
que (lo temporario) tiene que ser un elemento constructivo
en la reconsideración de la relación
entre el arte y lo social en nuestro mundo ahora
f|rmemente posvanguardista (pos-Guerra Fría)".
Interrogantes como éste, planteado por el
escocés Charles Esche, director del Museo
de Malmö (Suecia), atravesaron en un intenso
ida y vuelta las 35 horas de discusión propiciadas,
durante la última semana, por el "Taller
de investigación sobre las prácticas
artisticas y su proyección social",
una nueva iniciativa de Trama, programa de cooperación
y confrontación entre artistas que coordina
Claudia Fontes.
El ciclo de debates se organizó en el Instituto
Goethe y funcionó como un espacio de diagnóstico
de la situación de la práctica artistica
en la Argentina, de confrontación con otros
contextos muy distintos del nuestro, de propuestas
de intervención, apropiación y refundación
del espacio público, e incluso de replanteo
de lo que podría entenderse hoy por arte
e instituciones (tema, este último, que atacaron
desde diversos ángulos Esche, el f|lósofo
rosarino Reinaldo Laddaga, profesor de la Universidad
de Pensilvania; el sociólogo Christian Ferrer
también fue invitado a participar con una
ponencia.
Los debates compartieron escena con las presentaciones
de proyectos elaborados por artistas locales, en
su mayoría becados por Trama -Florencia Blanco,
Sebastián Friedman, Grupo de Arte Callejero,
Eduardo Molinari, Oscar Brahim, Santiago Pagés,
Claudia Del Río, Sonia Abian, Diana Aisenberg,
Rocío Pérez Armendáriz, Leonello
Zambón y Lucas Ferrari- y los invitados extranjeros
Andreas Siekmann (Alemania), Ade Darmawan (Indonesia)
y Dennis Adams (Estados Unidos).
La mayoría de estos proyectos, que de un
modo u otro suponían cierta proyección
social, cuestión, por otra parte, muy discutida
en las charlas, partían o concluian en un
objeto o consistían en intervenciones o invenciones
de gráfica publicitaria. Algunos, sin embargo,
pusieron en crisis los conceptos de "obra"
y "espacio público", insertándose,
como dijo Laddaga, en un campo más amplio,
"el espacio de lo común". El f|lósofo
dejó, pues, abierto el problema de cómo
retraducir estas categorías cuando la "obra"
es apenas un punto de paso en una producción,
y la sociedad ha perdido fuerza como figura de comunidad,
como "pueblo".
Señaló también como marcas
del contexto actual "un déficit de colectividad
y un exceso de conexión", dados por
la hipercomunicación del mundo globalizado,
la retracción del Estado de bienestar y el
fin del sistema del arte concebido desde el siglo
XVIII y en vigencia hasta hace muy poco tiempo.
Y refirió cómo artistas en diversas
partes del mundo, individualmente o por medio de
la construcción de microsistemas sociales
distintos del tradicional concepto de nacionalidad,
se ocupan de reparar este proceso de desintegración.
"Cada acto de reparación es un acto
de generación de poder", dijo. Y mencionó,
como ejemplos concretos entre los presentes, el
proyecto Ruangrupa, de Darmawan, Historias del arte/Diccionario
de certezas e intuiciones, de Aisenberg, incluso
el programa Trama, en tanto conformación
de una colectividad temporaria que apuesta a extenderse
a otras comunidades y a ejercer una transformación
efectiva en su medio. En este sentido, Laddaga llegó
a proponer la conformación de este tipo de
redes como una función creativa del artista.
Ruangrupa es un grupo de artistas que trabaja por
fuera de la órbita estatal, en el frágil
contexto sociopolitico de Jakarta. Tiene por base
de operaciones un espacio en el que los miembros
y gente de otras procedencias se encuentra para
investigar, exponer, discutir y trabajar. Ruangrupa,
que se maneja por relaciones horizontales, ha resultado
muy exitoso como forma de socialidad centrada en
la intervención de espacios públicos
por medio de performances, pintadas en muros y otras
acciones callejeras. Darmawan, por su lado opera
también en salas de exhibición, con
propuestas que apuntan a constituir nuevas redes
sociales.
El trabajo de Aisenberg, por fin, consiste en un
diccionario en constante expansión en el
que colaboran más de doscientas personas.
Su estructura abierta permite, asi no sólo
la composición de un registro de conceptos
que delimitan un territorio rico y subjetivo de
cruces propio de una época, sino también
de una plataforma de proposiciones para pensar el
arte y su entorno en los próximos años.
Esche encaró esta nueva constitución
de redes desde lo institucional, y dejó otra
pregunta en suspenso: "¿Podríamos
imaginar una institución de arte contemporáneo
como un vector abierto en el que diferentes grupos,
objetos, individuos y zonas de información
se crucen y diversif|quen? La fluidez, lo temporario
o, para usar un térmi no mío, «el
lugar de posibilidad», me parece que están
def|niendo términos en el terreno de la investigación
en arte".
Santiago García Navarro
La Nación, Suplemento Vía Libre, 30
de noviembre 2001
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