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Evidencias invisibles:
hacia la aparición del otro
Claudia Fontes
Texto presentado en las Jornadas
"Visibilidad e invisibilidad en el arte actual",
Bello Horizonte, Brasil, 2001.
Voy a intentar acercarme al tema propuesto -lo visible y lo invisible
en el arte actual- analizando las condiciones de aparición de la
imagen en dos proyectos específicos que desarrollé en los
últimos cinco años: "Plan de invasión a Holanda"
y "Reconstrucción del retrato de Pablo Míguez".
Las imágenes que ven son dos personas con las cuales me relacioné
de manera muy especial para poder generar los dos proyectos de los cuales
quiero hablarles: Lotty van der Voorn y Juan Carlos Míguez. Mi
relación con estas dos personas es al mismo tiempo el punto de
partida y el punto de llegada de sendos procesos de construcción
de obra.En ambos proyectos me resulta especialmente difícil definir
en qué momento aparece una imagen única constitutiva de
todo el trabajo. Ambos proyectos en sí funcionan como una trama
de la que emergen ciertas imágenes al ser tejida, y de las cuales
voy a mostrarles algunas. Me gusta creer que la imagen definitiva, la
que me interesa comunicar como objeto de memoria, en tanto está
cargada de la motivación e intención del trabajo, es visualmente
inaccesible y se crea en la mente del espectador mediante la evocación
de su rastro.Quisiera contarles primero el desarrollo de los proyectos
para luego invitarlos a pensar conmigo una serie de características
que me importan de mi forma de trabajo.
El "Plan de invasión a Holanda" es un conjunto de acciones
del cual quedaron registros en distintos formatos, que funcionan entre
sí con la estructura narrativa del cuento clásico: introducción,
nudo y desenlace. Mi idea en ese momento era desarticular y poner en crisis
mi sistema de construcción de obra, con el objetivo de modificar
mi relación con el espectador. Sentía que los objetos que
había producido hasta ese momento comunicaban pero a la vez me
distanciaban del espectador, de alguna manera necesitaba recuperar la
relación emotiva que podía generar el trabajo como parte
del proceso creativo. Entonces me concentré en traer al mundo sólo
aquellos objetos que fueran absolutamente necesarios para mi supervivencia
emocional en Holanda, y que me sirvieran como herramientas para abarcar
este nuevo territorio que debía confrontar. Este sentimiento de
supervivencia se relacionaba en una escala ya no tan personal con la contradicción
que implica, como artista argentina, estar produciendo obra en un contexto
a mi juicio innecesariamente lujoso para el modo de producción
que yo conocía, contradicción que me confrontaba directamente
con la problemática del colonialismo cultural. De una manera bastante
fuerte sentí la amenaza de un proceso de desidentificación,
en el que se me impuso la siguiente pregunta: ¿de qué manera
podía yo producir un hecho artístico en este nuevo contexto
que no fuera complaciente y conformista con respecto a esta nueva condición
de producción que estaba tomando prestada por las circunstancias
de una beca? ¿Cómo no ofrecer una digestión rápida
ante una mirada ávida de clasificarme en estéticas y conceptos
ya definidos antes de mi llegada?La respuesta a esta pregunta aún
no la encuentro, pero la pregunta misma me hizo descartar algunas posibilidades
definiendo por la negativa la identidad de un proyecto posible: con esta
conciencia limité mi campo de acción al Flevopark, fuera
del ámbito seguro que me proponía el circuito de arte holandés,
y me impuse dentro del parque limitar mi lenguaje de comunicación
a los objetos. El objeto que hiciera tenía entonces que tener una
función muy clara y específica para que mi plan funcionara.
Tenía que ser más efectivo que cualquier cosa que hubiera
hecho hasta entonces. Observé que tanto en Holanda como en Argentina
la gente tiene una relación muy especial con los perros, el perro
es un integrante más de la familia, así que decidí,
de una manera absolutamente fetichista, realizar una réplica en
madera de mi perra que había quedado en Buenos Aires. Esta réplica
funcionó como señuelo para atraer a aquel espectador que
iba a darle sentido a mi trabajo. Necesitaba un cómplice holandés
que testimoniara la parte central de mi plan de invasión, un testigo
calificado, un espectador ideal que pudiera percibir mi urgencia. Casi
un milagro.... Entonces decidí sacarlo a pasear al parque y funcionó....
y funcionó muy bien. Funcionó perfectamente bien cuando
conocí a Lotty... . Esta primera acción se llamó
"A good wooden dog" (Un buen perro de madera). Como paso siguiente,
debía realizar la invasión efectiva, la apropiación
territorial. Entonces planté en una parte escondida del parque
un ombú tallado en madera verde recolectada en el mismo parque,
resto de poda de alguna especie local, con la intención de que
creciera un árbol real de la madera aún viva, bajo la tutoría
de Lotty. A esta acción la llamé "The giving tree".El
árbol y su potencia de crecer es el corazón del proyecto
y es la única imagen que Uds. no verán. Sí puedo
mostrarles dos imágenes relacionadas: la que le dio origen, y la
única imagen que rescaté luego de la desaparición
del árbol gracias a Lotty.
El árbol estuvo un mes plantado, durante el cual Lotty lo visitó
diariamente para registrar los avances de su crecimiento. No parecía
que fuera a crecer, a pesar de que lo había tratado en mi taller
con hormonas enrraizantes, pero como bien me dijo Lotty en una carta,
"lo que no es, tiene por definición la posibilidad de aún
ser".
Después de un mes desapareció. Entonces instalé carteles
pidiendo por su paradero, vivo o muerto, en todo el parque, y recibí
llamados en mi estudio con información sobre su destino, hasta
que apareció el secuestrador, que no quiso devolverlo.
Luego de este resultado, decidí pedirle a Lotty un último
favor: que me contara la historia según su punto de vista.
Ahora aprendí su relato de memoria y es lo único que puedo
decir con sentido en holandés.La tercera acción y desenlace
de la historia fue el hundimiento de mi bote en el dique de Flevopark,
acción registrada en el video "About sinking".
Esta acción sella mi complicidad con Lotty y mi partida de Holanda.
El origen de esta acción fue cumplir literalmente la observación
que Lotty me hiciera hacia el final de su relato: "ahora Claudia
va a mostrar otra cosa en el parque, pero aún más lejos
del camino, para que nadie pueda verla."Entonces decidí esconder
mi bote bajo las aguas en el dique de Flevopark, y le envié una
documentación del video a Lotty. Y me fui de Holanda para siempre,
cosa que no es cierta del todo: me fui de Holanda para siempre en forma
ficcional.
El otro proyecto del que quiero hablarles también sucede en un
parque, pero en un parque que aún no existe, lo están construyendo:
el Parque de la Memoria. "Reconstrucción del retrato de Pablo
Míguez" es un proyecto aún en curso que presenté
en ocasión de la convocatoria para el Concurso Internacional de
Escultura en Homenaje a los detenidos-desaparecidos durante la última
dictadura en mi país, Argentina. El proyecto se basa en reconstruir
-en una escultura- la imagen de Pablo Míguez, adolescente secuestrado,
torturado y asesinado por el último gobierno militar a la edad
de catorce años. En ese momento yo tenía la misma edad.
No tengo ninguna relación personal con su historia, salvo la que
me propuse tener a partir de rescatar su imagen. La obra resultante será
una escultura de acero inoxidable en escala real pulida espejo que estará
emplazada en el Río de la Plata, "apoyada" sobre el agua,
de manera que la imagen de la escultura se fundirá con su entorno
al reflejarlo. El cuerpo está de espaldas al espectador, de manera
que la cara no puede verse. La posición del cuerpo no es la que
ven en la maqueta, sino la que ven en esta foto del padre de Pablo a la
misma edad en que él desapareció. Me interesa el hecho de
que el padre "done" la imagen de su propia infancia para reconstruir
la imagen de su hijo. Esta es la imagen matriz, sobre la cual se superponen
otros datos para reconstruir la imagen final: el relato de quienes lo
conocieron, la investigación realizada con distintos programas
de software usados en antropología forense basándose en
fotos, y el calco y la referencia de distintos cuerpos "donantes
de imagen". La monumentalidad del objeto no emana de su fisicalidad
sino de la intención de reconstrucción de la imagen.
En ambos proyectos los objetos se camuflan y mutan virtualmente en su
contexto. El objeto visible es sólo la punta de un iceberg, el
señuelo o la pista. En ambos casos la relación visual entre
el material y su contexto conforma una imagen a punto de desmaterializarse.
La elección del material es la primera decisión en la construcción
de una imagen que esta destinada a ausentarse.
El sentido de la existencia de esos objetos radica en su condición
de imperceptibles y en su capacidad de disolución.En ambos proyectos,
ambos de carácter público, el conflicto y la esencia del
trabajo se encuentran en la imposibilidad del espectador de acceder a
la imagen principal o clave del proyecto, y en el carácter simbólico
de esta imposibilidad. Entramos así ya en el terreno de lo invisible
y por lo tanto en el terreno de la memoria... El hecho de convocar la
ausencia de la imagen, y específicamente la ausencia de la imagen
del cuerpo, se relaciona de manera directa con ciertos temas que me interesan:
memoria y transmisión oral, memoria y verdad histórica,
la relación entre ética y estética y a través
de ésta, la construcción del otro.En el caso del "Plan
de invasión a Holanda", la imagen del árbol elemento
logístico clave de la invasión- sólo aparece reconstruida
por el dibujo de Lotty y en su relato.
En el caso de la "Reconstrucción del retrato de Pablo Míguez",
la cara, el cuerpo y la actitud de Pablo son reconstruidos y materializados
lo más exactamente posible pero toda la voluntad de aparición
de la imagen se ve negada por la posición de la escultura en su
emplazamiento definitivo. Para mí esta es la representación
de la condición del desaparecido: está presente, pero nos
está vedado verlo. No es invisible, pero tampoco es visible. Soporta
un proceso de desidentificación, pero aún es posible identificarlo
a través de la memoria. La memoria toma el lugar de la verdad histórica.En
ambos casos se genera una situación de creencia en lo que existe
aunque no puede ser visto, o mejor, lo que existe porque no puede ser
visto.
En ambos proyectos se trata de un proceso de reconstrucción de
una imagen ausente, casi en los mismos términos en que se reconstruye
un crimen. Lo visible asume la función de evidencia de una situación
histórica, que como tal es irreversible y verdadera. Pero como
espectadores nunca accederemos a la reconstrucción de la imagen
original, aunque sí podemos evocarla y dar fe. Ambos proyectos
comparten una motivación similar, que es la de encontrar una instancia
en la que el sentido del trabajo sea validado por un otro emocionalmente
involucrado en la pertinencia del proyecto y en la aparición de
la imagen. Son proyectos de espectador específico. Quizás
este sea un intento de legitimar ante mis propios ojos la necesariedad
del trabajo y a la vez garantizar la ubicuidad del proyecto. El proyecto
tiene éxito sencillamente porque sucede.
A manera de conclusión debería contarles un poco más
por qué seleccioné estos dos proyectos para hablar de visibilidad
e invisibilidad. Mi relación con estos dos conceptos tiene que
ver con intentar provocar, mediante la desaparición del objeto,
ocultando su aspecto visible, la aparición del sujeto.
La efectividad de estos trabajos estaría dada entonces no por el
valor estético del objeto significante sino por el testimonio ético
en tanto voluntad de recordar- de estas personas involucradas.
Durante el desarrollo del proyecto de Pablo leí una ponencia sobre
derechos humanos de Thierry Iplicjian, de Amnesty International en Argentina.
Allí él propone una clasificación sociológica
posible de individuos tomando como pauta su comportamiento hacia el otro
en la sociedad. El texto se llama "Hacia la construcción del
otro". Me siento tentada de aplicar estas categorías a la
práctica artística, a la relación artista/ espectador
y por eso quisiera compartirlas con Uds. Él propone tres categorías
de individuos: ciudadanos, turistas e idiotas. Estas categorías
definen la relación del individuo con el otro. El ciudadano o politicós
es aquel capaz de reconocer al otro en tanto sujeto, y que puede abolir
la distancia de identificación con ese sujeto. El turista es aquel
que si bien reconoce al otro como sujeto, no puede acortar de ninguna
manera la distancia, cultivando una actitud voyeurista del otro. Y el
idiota es aquel que no sólo no puede acortar la distancia, sino
que no puede ver al otro como sujeto, sino como objeto, como cosa.
Esta clasificación me resultó muy útil para terminar
de entender mi posición como artista en mi contexto social. Si
Uds. quieren, el hecho de ejercitar la memoria a través de estos
proyectos es una necesidad simbólica de salvar la particularidad
de hechos, de personas, de vidas. Como artista-ciudadano quisiera hacerme
cargo de la aparición del otro, quisiera ser responsable de otorgarle
visibilidad a su carácter único e insustituible, irremplazable.
Muchas gracias.
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