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Debate posterior a la presentación de Christian Ferrer

 

Reinaldo Laddaga: -No sé si voy a ser capaz de hacer sólo una pregunta o más de una, porque hay un montón de cosas en tu presentación que suscitan la interrogación, la curiosidad e incluso el cuestionamiento. Trataba de situar todo el tiempo mientras hablabas cuál es el lugar dentro de Buenos Aires ahora de este lugar donde estamos, de Trama, este lugar físico, de este lugar en tanto colectividad. Sobre todo a partir de las figuras de los que vienen, que mencionabas al final: puesteros bolivianos, mujeres de la calle dominicanas. Acá hay unos cuantos que vinimos que no pertenecemos a ninguna de esas dos categorías. El otro lugar en donde mencionaste a Trama fue en relación a las tribus urbanas, a cuál es la relación entre el Estado como organización disciplinaria y/o política de las poblaciones y la auto organización de las tribus y construiste esta serie entre los motoqueros, H.I.J.O.S y por ejemplo Trama. Esa operación me pareció un poco compleja, porque Trama me parece que se ubica en un lugar un poco ambiguo en eso. Primero se hace con fondos estatales, en parte, no necesariamente argentinos, desviados para una finalidad que no pareciera ser estrictamente la del disciplinamiento, que sería lo propio del Estado, y tampoco parece organizarse en torno al tipo de figuras de consenso compartido, que serían las de motoqueros o aún de H.I.J.O.S., de modo que ahí pareciera ser que no es estrictamente una tribu en el mismo sentido. El término tribu me parece atractivo en tanto a su aspecto de auto-organización pero problemático en lo que generalmente en las tribus conciernen a la exclusión, y al tipo de identidad que se construye en torno a una tribu. Me pregunto si un lugar como Trama, no es un ensayo de construcción de una colectividad que no sería ni tribal, estrictamente, ni estatal, sino una forma que no pertenecería a ninguna de estas dos formas. Es curioso que esté entonces en un umbral de la ciudad, el de Buenos Aires y con algunos otros extranjeros -que no sé como entro en esta cosa, en tanto soy rosarino pero vivo en Estados Unidos desde hace unos años. Pareciera que Trama se sitúa en un lugar en cierto modo liminar en relación a la ciudad de un modo diferente al de la liminaridad que sería característica a los otros casos de vinientes que mencionabas.
Me pregunto con eso si lo que aparece es una figura de la ciudad que no responde estrictamente… Si no aparece en determinados lugares donde se producen pliegues en la ciudad que no son ni lugares donde lo que se manifiesta es la fuente de la ciudad -porque eso no sería aparentemente Trama- ni tampoco puramente lugares de la organización estatal y de la superficie y si eso no representa un tipo de apertura de la figura de la ciudad, de deslimitación de la ciudad, que problematiza la relación entre cosas como la ciudad y sus héroes, la ciudad y sus artistas, la ciudad y sus colectividades.

Christian Ferrer: -No todas las formas de asociación tribal son iguales, por un lado. Por otro lado, tampoco todos los fondos estatales son estatales, son fondos públicos también. En tercer lugar una de las tareas tradicionales de los grupos tribales es parasitar al Estado, el hecho de que esos sean fondos públicos no me parece a mí ni un desmedro ni nada. Es sencillamente lo que siempre han hecho todos los grupos tribales, que es tratar de saquear al Estado en lo posible. Un caso tradicional es la maffia, por ejemplo, en su forma clásica. En su forma actual ya es una parte del Estado, prácticamente, en Argentina por lo menos. Lo que trataba de demostrar con esa serie -me interesa más el concepto que la serie, de todos modos- es que hay una especie de combate permanente en toda sociedad entre las formas asociativas de orden tribal que no es lo mismo que las viejas tribus, y de las necesidades funcionales de un estado. Lo cual no quiere decir que sean perfectas, ni puras ni nada.
En realidad a mí me interesa más una metamorfosis de esas formas tribales que yo sí creo determinante para la vida argentina de aquí en adelante y quizás también ocurra en otros lados. Es decir, un grupo como Trama, sospecho, al igual que otros tantos que hay en la ciudad de Buenos Aires y en otro órdenes de cosas, son grupos de pares, en ese sentido no operan por jerarquías establecidas institucionalizadas como es necesariamente la forma estatal. Ahora bien, estos grupos de pares están asumiendo una forma interesantemente nueva en la Argentina que es una transformación de la vieja forma de la amistad. Argentina está tan destrozada, tan destruída, en sus formas organizativas clásicas: la familia, el orden laboral, las instituciones tradicionales con las cuales se relacionaba la gente, por ejemplo el partido político, los clubes, que poco a poco la amistad ha dejado de ser, como era hasta hace unos veinte años atrás, únicamente una forma interrelacional, es decir, sentimental, por decirlo de esta manera, y comienza lentamente a transformarse en una forma de organización de personas, que obviamente está connotada por afectos, pero también por funciones, es decir por objetivos, por operatorias, por interrelaciones en trama, en red -no me gustan a mí las palabras ni red ni trama para establecer una medida sobre eso. Es sencillamente una nueva forma de vida social, que está supliendo, sustituyendo y al mismo tiempo construyendo nuevas formas de existir en una sociedad que está completamente destrozada. En ese sentido se van enhebrando los mismos grupos tribales con los grupos de pares que solamente se respetan por lo que hacen unos y otros que los unen, con estas nuevas formas de organizatividad amistosa, que son distintas a la interrelación sentimental clásica de la amistad. Eso por un lado. No sé si te respondo con esto. Formas tribales hay muchos tipos de formas, no una, desde las más duras, barras bravas y motoqueros, hasta formas mucho más móviles y operatorias.

Eduardo Molinari: -Quisera pedirte si pudieras avanzar un poco más en la definición de los monstruos, por qué hablás de monstruos y por qué lo facúndico es monstruoso. ¿Qué es un monstruo?

Christian Ferrer: -Yo traje a colación lo de Sarmiento por un lado para unir una cosa y otra con lo goyesco, pero yo creo que él fue el primero en darse cuenta de que Argentina era un país monstruoso, y si no podía resolver el enigma planteado por Facundo, esa monstruosidad lo único que iba a hacer es amplificarse y continuarse. Es evidente para mí, por lo menos así me interesa leer al Facundo de Sarmiento, que Sarmiento no pensó lo monstruoso en términos de barbarie, sino que fue dándose cuenta de que hay una interrelación entre la civillización y la barbarie, y que mientras más se apaciguara la conciencia pública pensando que la vida urbana y europea había sustituído a la vida desértica, más se engañaba. Por eso Sarmiento tenía una única pasión que era una pasión pedagógica: fundar una escuela, fundar espacios arquitectónicos como observatorios, escuelas, jardines públicos, jardines zoológicos era establecer una forma de iluminar el cono de ignorancia que había en el país. Pero él se daba cuenta de que eran ideas vitales y no espacios arqutectónicos o, para decirlo de otra manera, que si no estaban esos espacios habitados por la vida, pasaban a ser… como decirlo… especificaciones de las partidas presupuestarias anuales, que se podían elevar o achicar.
Él fue el primero en darse cuenta de ese componente montruoso de la sociedad argentina. En el siglo XX ese componente aparentemente se ha ido sofisticando y haciéndose más sutil, pero sólo aparentemente. Quien siga un poco las fechas de la historia argentina del siglo XX se va a encontrar con que el país ha sido un desastre. Guerras civiles de todo tipo, matanzas también, fraticidio. Él fue entonces quien descubrió el componente monstruoso de la Argentina al cual yo llamo lo facúndico y no Facundo, que es una cosa distinta. Ese componente sigue activo, permanentemente activo. Los viejos despotismos coloniales, los viejos absolutismos de la clase dominante argentina del siglo pasado, se continúan al día de hoy en la sensación de impunidad de nuestras castas políticas, en las decisiones que toma la corte suprema de justicia, en el afán de lucro que se despliega aceleradamente y sin ningún tipo de cortapiso, de parapeto o de barrera por el país, es decir, lo facúndico sigue vigente.
Tomé la palabra porque Sarmiento fue el primero en darse cuenta de ese salvajismo latente que hay en la Argentina, de un país que por otra parte se cree muy culto, muy europeo y un país en el que no ocurren cosas como las que pasan, no sé, en Bolivia, en Paraguay, es decir, los vecinos. Ahora bien, desde otro punto de vista, la ciudad de Buenos Aires es vista como un monstruo también en la obra de Sarmiento, por cómo se plantea la necesidad de sacar de Buenos Aires a la capital, proponía un lugar llamado Argirópolis, que era la Isla Martín García, no ponía mucha distancia, pero bueno… Con esto quiero decir que él fue el primero en darse cuenta de que Buenos Aires era el índice que mostraba el fracaso de la nación.
Mientras más crecía Buenos Aires, más fracasaba la nación. Lentamente la ciudad se fue haciendo una ópera wagneriana, una obra monstruosa, que a la vez se transformaba en el mascarón de proa de la República, bella, por otra parte, y neuróticamente vital. Eso quiere decir productora de cultura, pero al mismo tiempo una especie de obra portentosa que destrozaba a cada uno de los habitantes. Es una doble cara de la misma moneda. La ciudad es monstruosa porque la horma de la ciudad necesariamente maltrata a cada uno de sus habitantes, que al mismo tiempo, por eso usaba la figura de la esfinge, no puede entender qué es lo que está pasando. La consecuencia de eso son distintos tipos de enfermedades psíquicas que van desde la depresión a las quejas permanentes, incluyendo las quejas de la cama, el malestar con el propio cuerpo, el malestar existencial, etc.

Gabriela Massuh: -Hablando de Sarmiento: hay una frase que quedó al borde de toda tu charla tan bien construída, impecable, y es algo que dijiste al principio, yo lo pongo en una especie de prólogo y es: hablaste textualmente del efecto de la escuela sobre los artistas. Qué quisiste decir con eso, ¿la escuela secundaria, el sistema escolar?

Christian Ferrer: -No, en realidad lo proponía como un chiste, quería decir cuando yo… Vos recordás cuando evaluamos los proyectos de los artistas, yo estaba sorprendido de la gramática delirante, de la ortografía salvaje, de la falta de interconexión racional en la gramática y me sorprendía ante todo la brevedad de la propuesta. En media página había una propuesta. Yo estoy acostumbrado a evaluar proyectos de cuarenta, cincuenta, sesenta páginas, decía ¿cómo es esto? Después alguien me dijo que en general a los evaluadores de proyectos de artes plásticas, que también son artistas, no les gusta leer más de media página tampoco. Pero entonces me impresionaba que fuera un tipo de mente que trabaja de otra manera. Digo, una de dos: o la escuela pública argentina no los afectó, o se vieron más afectados por la familia…(risas)

Leonel Luna: -Lo que pasa es que en nuestra solicitud de inscripción había un pedido de una página.

Christian Ferrer:
-Sí, hay gente que en un haiku dice cosas interesantes también… (risas). Pero quiero decir había algo que me sorprendía, incluso favorablemente, y esto es interesante de mencionar: en las propuestas de los artistas se notaba una cierta inconclusión, es decir, que no sabían bien hacia dónde iba a ir claramente el proyecto. Era un proyecto que se iba a ir haciendo. En cambio, cuando hay que pedir una beca a la Universidad pública argentina, hay un renglón con una especificación que dice "resultados que espera obtener", con lo cual pareciera ser que entre la metodología y lo que uno espera conseguir más la utilidad social con la cual uno tiene que garantizar la propuesta, ya está como organizado todo lo que se va a encontrar, como si alguien fuera a hacer una investigación sobre la clase social que va al Teatro Colón y descubriera que en general es una clase media alta, o algo así.
En cambio aquí me pareció un poco que la mayor parte de las propuestas partían de una intuición, de una imagen, de una idea, y no de cuál iba a ser el acabamiento de esa propuesta. Pero no, yo lo propuse como un chiste…
De más está decir que un artista es un autor, o que de alguna forma se ha asumido como autor, pues autores somos todos, todos los millones de personas que viven en la Argentina pueden ser autores. El problema es que ser un autor significa asumir la decisión, por un lado, asumir las consecuencias, también, y también poder asumir esa decisión. La mayor parte de las personas quedan desbaratadas casi inmediatamente desde ese esfuerzo. Ahora si la escuela pública favorece o no a los artistas, creo que la escuela pública en este momento no favorece a nadie. Pero no sé si alguna vez lo favoreció. Creo que Sarmiento tenía sí una imagen maravillosa de la escuela, conmovedora la imagen que tenía… Una escuela es como un surco nutricio para Sarmiento, es como una piedra de toque, era el espacio arquitectónico opuesto al laberinto donde cada teorema iba a tener una solución, donde cada pregunta iba a tener una respuesta. En ese sentido la escuela casi sería un refugio en medio de lo que era la tormenta argentina. Luego la escuela tuvo su evolución, y entre otras grandes cosas fue un amalgamador de la Argentina; en este momento a duras penas logra mantener algo.
Evidentemente un artista como cualquier otro oficio que a uno le parezca significativo no se crea ni tampoco se descrea en la escuela, es afuera y adentro a la vez.

Público: -Yo quería preguntarte dos cosas, creo que básicamente son prácticas en relación a un proyecto que estoy desarrollando y me interesaron un par de cosas que dijiste, como la idea de tomar espacios en la vía pública que no estén tomados por el Estado o por corporaciones. ¿Cuál es la idea de esos espacios que vos tenés?

Christian Ferrer: -Todos hemos visto hoy lo que hace Oscar Brahim, es decir, es un taxista, si no me equivoco, que va como una brigada de despliegue rápido: ve un cartel, e inmediatamente…Oscar Brahim tiene una aguda conciencia del efecto de la publicidad sobre las ciudades. Tiene un odio además, la odia ¿no? Lo cual está bien porque se ve que es un estímulo, lo estimula, lo excita incluso. Está excitado por la publicidad, y ese odio le permite hacer algo: él trasgiversa, interviene sobre esas pubicidades, trasgiversa todo y anda a la pesca, anda viendo cuál es el cartel que le estimula algo. Eso significa que los signos de la mercancía que están en toda la ciudad bajo la forma de afiche, bajo la forma de cartel, bajo la forma de soportes humanos, que se desplazan con la marca de la mercancía en su ropa, bajo la forma de publicidad televisiva, sonora, radial, o las ciudades mismas construídas casi a imagen y semejanza de las grandes corporaciones… No sé si alguien ha visto alguna vez la Avenida Paulista en Sao Paulo, es muy impresionante cómo se celebra a sí misma como la imagen que las corporaciones quieren dar de su propio poder. Aquí en la Argentina, bueno… la diferencia de las fortunas…apenas Catalinas Norte trata de mostrar lo que es el poderío. Pero las grandes corporaciones no solamente hacen negocios, también quieren imponer sus sistemas de representaciones, y encima ser queridas, ser amadas -pero esto es aparte.
Lo que hace entonces Oscar Brahim es intervenir sobre esos signos de la mercancía que a la vez representan los intereses de las grandes corporaciones.
No es que existen espacios no colonizados. Yo no dije eso. Yo dije que un artista tiene que tratar de establecer una zona, un espacio imaginativo libre, o liberado, de los signos que representan los intereses de las grandes corporaciones o de los Estados. Que no es lo mismo que una zona espacial. Esa imaginación libre, esas zonas de significaciones imaginarias libres son fundamentales, pues si no uno cae prisionero de esos signos, aún cuando haga parodia de ellos, aún cuando juegue con ellos. Eso me parece más importante, que en su cabeza pueda establecer una zona de imaginación libre. Y devuelva algo: que devuelva este mundo de significaciones a la ciudad. Ahora, formas de hacerlo, hay muchas, pero no es que hay espacios vírgenes en la ciudad, no colonizados. En todo caso habría que ver qué es lo que en nosotros mismos, en el sentido de la vista, nuestro sentido de la audición, lucha. Y combate a ese sistema de significaciones que se aparecen bajo las formas de sonoridad, bajo la forma de visualidad. Todos nosotros tenemos una imaginación acústica. Yo tengo en mis oídos jingles que vuelven una y otra vez, incluso después de años vuelven a estar ahí, habitan en nosotros. Por supuesto la cabeza de un argentino funciona como un teléfono descompuesto, por lo tanto nunca opera perfectamente: el jingle, la imagen visual, el logo, el estereotipo…Pero lo que yo planteaba es la imaginación del artista como cuestión. Eduardo Molinari, por ejemplo, que hoy presentó su proyecto, él trabaja con la memoria gráfica olvidada de una zona específica de la ciudad, uno pasea por esa zona y no ve nada, pero él ha visto un montón de cosas, todo eso está a la vista, chisporrotea ante el menor estímulo.

Sebastián Friedman: -Ahora que hablaste de espacios imaginarios pienso que también no necesariamente habría que tomar la calle sino que esos espacios imaginarios…me pregunto si esos espacios imaginarios podrían ser dentro de una galería o dentro de un espacio tradicional de exhibición o vos negás esos espacios directamente.

Christian Ferrer: -Yo no negué ningún espacio. ¿Por qué negar los espacios?, no es un problema de principismos ni de purismos. Es evidente por lo poco que conozco, que en los últimos veinte años se ha desarrollado sobre todo en Europa y EE.UU toda una cultura del museo y del catálogo que evidentemente es un clasificador de todos los bienes culturales, un clasificador poderoso, incluso diría sofisticado y muy bueno. Como es evidente también de que algunos de estos espacios pueden amparar obras perfectamente significativas. No es un problema además de tomar la ciudad ni de tomar las calles, sino más bien de que en la imaginación del artista esté presente este concepto enigmático llamado "proyección social", que yo vinculo más a la cultura de la cual no está desconcernido, no puede estar deconcernido.

Diana Aisenberg: -Me preguntaba si te parece más raro el concepto de "proyección social" que el de "práctica artística".

Christian Ferrer: -¿Más raro? Raro no, es un enigma, ¿no? Que no me parece mal, además. No como enigma, pero hay algo ambiguo o por lo menos no dirigido. En ese sentido me parece bien que no haya una direccionalidad clara, porque sino todo el mundo sabría exactamente qué es lo que la propuesta o la convocatoria quiere, y no se trata de eso. También es una idea que puede ser asequible a otro tipo de oficios, a otro tipo de prácticas.

Diana Aisenberg: - Yo me preguntaba si en "práctica artística" encontras lo mismo de ambiguo. O si te parece algo preciso.

Christian Ferrer: -Depende de cómo se defina "práctica artística". De la manera en que yo di por sentado cuando hablaba qué era una obra de arte, pero hay muchas definificiones posibles de "obra de arte". Igual no las opuse una a la otra, tampoco. Hay algo de no definido que me parece bien. Vuelvo a un camino que conozco: en las becas de la Universidad de Buenos Aires, hay varios renglones que son comiquísimos, hay uno que dice por ejemplo: "fundamente la utilidad social del proyecto". Eso se presta obviamente a las peores mentiras, porque hay que completarla. Porque si se pone "no tiene ninguna", no se va para ningún lado. Es evidente que en las prácticas artísticas hay algunas que son más intimistas que otras más sociales. Las novelas policiales es un género que está directamente ligado a las ciudades, mientras que uno ve una película de Bergman y son películas donde prácticamente los escenarios se mueven muy poco. Siempre son interiores muy claustrofóbicos. Esto no quiere decir que una sea más social que la otra, en absoluto. Pero hay algunos que favorecen más el trabajo con el escenario urbano. En uno de los proyectos que aquí se presentó, el de Sonia Abián, ella misma se transforma en soporte de una obra de arte, ella misma es la ciudad, en ese caso. En realidad, si quisiera ser más preciso con lo que yo intentaba decir, lo diría de esta manera: nosotros ¿qué forma tenemos de capturar a la ciudad? No podemos tener la antigua experiencia de llegar a una ciudad. La única forma es por avión, cuando vemos esa inmensa mancha que está allí abajo. Porque la antigua experiencia de llegar a una ciudad ya no es posible, o de subirse a un lugar y ver la ciudad, la ciudad es demasiado grande, son metrópolis. Eso quiere decir que la única forma que tenemos de recapturar la ciudad es televisiva. La televisión nos devuelve una imagen total de la ciudad, aunque fragmentada. Lo único que yo no tengo claro es si solamente toleramos mirar a la ciudad por televisión porque ya no toleramos la experiencia de la ciudad, o porque es la única forma que tenemos de recapturarla al ser tan grande. ¿Qué otra forma tenemos de recapturar la ciudad? A veces bajo la forma de postales, que parecen como un gran barco. Y la otra forma que tenemos es cuando nos damos cuenta de que todos nuestros sentidos corporales: el gusto, el oído, la visión, el tacto, el olfato, están llenos de ciudad, es decir, han capturado todos los estímulos que hay en la ciudad, es decir que nosotros mismos somos la ciudad, el cuerpo mismo es la ciudad. Por eso decía que las ciudades son superficies somáticas, no son algo que está ahí afuera de mi cuerpo, sino que hay una continuidad entre la piel y la ciudad.

 

 

Desastre, disparate y desmemoria. Christian Ferrer