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Claudia del Río: -Quería
preguntarles a cada uno ¿qué relación hacen
entre arte y resistencia?, digo al día de hoy, después
de lo que estamos hablando, me parece que esa palabra sobrevuela
cierto aire.
Diana Aisenberg: -Nunca lo había
pensado en esos términos de resistencia, pero está
bueno... Hablan de espacio público, todo esto es muy gracioso
en un punto, cuál es el espacio, si está, si no está,
uno nunca sabe nada, ¿no? Y tiene que haber algo de resistencia,
lo que pa-sa es que la palabra es horrible, es realmente muy desagradable.
Claudia del Río: -Por la edad
que tenemos, cer-ca de los cuarenta, un poquito más, es una
palabra que es dolorosa.
Sonia Abián: -¿Por qué
hay una resistencia contra la palabra resistencia?
Diana Aisenberg: -Porque es fea
Sonia Abián: -Pero ¿por
qué es fea?
Diana Aisenberg: -Yo entiendo que se pueda
leer al arte como un arma de lucha, entiendo también que
se pueda leer como un arma de lucha violenta, y entiendo muchas
cosas que prefiero no entender, entonces la resistencia me pone
en un lugar molesto. Yo entiendo que una obra resista y entiendo
que resista contra, pero como yo me considero artista, no me gusta
pensarme desde ese lugar, del que resis-te, para mí el acto
artístico es transformador de por sí, entonces no
leo la parte de resistiendo a, sino la acción
de moviendo algo, que es mucho más alegre para mí.
No me gusta quedarme en la otra parte. No es una ener-gía
que a mí me interese como motor de producción de arte,
el estar resistiendo a, me hace acordar al sobreviviente,
yo no digo que no lo seamos y que no nos podamos mirar como sobrevivientes,
pero no me gusta ubicarme en ese lugar para la producción,
no creo que me sirva ni a mí ni al que mira.
Santiago García Navarro: -Sin embargo,
tomando una palabra que me pareció muy pertinen-te de Reinaldo,
ante el desmoronamiento, una posibilidad de resistencia es la reparación.
Como modo de construcción es una manera de resistir, probablemente
invirtiendo el costado negativo de la resistencia...
Reinaldo Laddaga: -A mí me parece
también que hay una posibilidad de pensar el término
resistencia no sólo de un modo estrictamente negativo, sino
justamente la resistencia como un lugar de constitución de
poder. Cómo se constituye poder es una cosa misteriosa y
posiblemente la situación de resistencia sea una situación
de constitución de poder en una determinada circunstancia.
Marcos Hill: -Me gustaría hacer
una pregunta a toda la mesa, tomando un poco la problemática
de la proyección social del artista y considerando esta dimensión
alternativa del espacio público, me parece que para nosotros
no está muy claro la posición del artista dentro de
esta dimensión alternativa del espacio público y de
la sociedad. ¿Tendrían Uds. un nivel de hipotésis,
alguna idea, por más hipotética que sea, de esta ubicación
de la tradición social del artista?, porque yo creo que es
un foco importante y que muchas veces se disuelve en la problemática
social leída desde un punto de vista más filosófico
o sociológico, lo que no es necesariamente negativo. Yo creo
que desde el momento en que estamos dentro de un espacio que afirma
la posición del artista, es algo importante a un nivel de
ejercicio, pensarlo, aunque sea dentro de la dimensión hipotética.
Reinaldo Laddaga: -Yo creo que tenemos
que reimaginar al artista. Creo que una determinada constelación
histórica lo imaginó de un determinado modo, como
el que provee determinados materiales para determinados modos de
exposición o algo parecido. Estoy pensando, pongamos por
caso el escritor, para des-plazar la cuestión del artista
plástico. El escritor a partir de la invención del
copyright en el siglo XVIII se constituye en proveedor de contenido
para determinados objetos cuyos detalles de construcción
y de distribución no domina. Es difícil pensar al
autor en el sentido moderno sin una serie de re-arreglos materiales,
institucionales que son la lenta obra del largo siglo XVIII. Pongamos
el caso de la persona que escribe texto electrónico: no tiene
otro remedio que ocuparse de determinadas cuestiones que quedan
en la constelación clásica a cargo del editor por
un lado, del impresor por otro, de los arreglos institucionales
que sostienen esto, por lo tanto el que escribe texto electrónico
no puede sino intervenir en un cierto proceso de construcción
institucional, del cual el autor clásico podría retirarse.
Esto fuerza necesariametne a repensar la posición del artista,
el autor en este caso, en un espacio social determinado. Me parece
que en relación a este caso cada vez más común
del artista al mismo tiempo curador, y sostiene una institución,
y construye redes, y todo esto, hay un proceso de reimaginación
práctica de la figura del artista que me parece que es necesario
ver adónde llega, pero me parece que de lo que se trata es
de que podemos considerar al artista como alguien particularmente
competente a la hora de estructurar relaciones so-ciales, no sé,
no necesariamente, pero quizás. Estamos en un proceso de
recomposición de la figura del artista y de cómo se
recomponga esa figura me parece que depende cómo pen-semos
algo así como la proyección social.
Santiago Pagés: -Se habló
mucho en algún mo-mento de política en tanto a cómo
operar respecto al medio con la obra o con la producción,
y no de cultura. Y a mí me parece que en muchos casos, la
política o la economía misma finalmente lo que vacían
es nuestra cultura e imponen otra, entonces creo que también
un poco está por ahí, respecto a tu pregunta.
Andreas Siekmann: -Si descontextualizo
los proyectos que estuvimos viendo, parecería que toman el
espacio público como un espacio de reforma y no como un espacio
de resis-tencia, porque eso parece no ser el consenso. Esto me planteaba
la pregunta ¿Cómo ven Uds. el concepto de negación,
el concepto de negación de las producciones culturales?
Reinaldo Laddaga: -Voy a tratar de tomar
la cuestión de lo negativo en relación a la noción
de crítica. Tengo la impresión de que la idea de la
relación entre arte y política desde hace bastante
tiempo se ordena en torno a la noción de crítica.
Me parece que en la práctica, en tanto arte crítico,
el arte produce dos cosas:
o indignación porque expone la violencia que habita un sistema
social determinado, o pro-yección de un estado de socialidad
deseable. Tiende a ser en tanto crítico, o proyección
de una utopía o exposición de un estado de cosas que
debiera conducir a la indignación. Me pa-rece que ambos gestos
siguen siendo perfectamente posibles y necesarios. Me parece que
al mismo tiempo, lo que yo por lo menos trataba en mi ponencia de
esbozar es que también se hace esto en el nivel de, por ejemplo,
la exposición de imágenes o textos o algo parecido;
encuentro una inquietud en la formación de sistemas sociales
efectivos, de redes, y demás que no pareciera formar parte
de la dimensión crítica o negativa del arte, pero
que sí debiera ser en alguna medida ejemplar, y en este caso,
participe más de lo que tiene que ver con la posición
utópica, pero creo que hay un lado del vínculo de
prácticas que se producen en la genealogía del arte
y el campo social que no pasa por la figura de la crítica
y por lo tanto de la negación sino por la construccion efectiva
de colectividades limitadas. Cuán limitadas es difícil
decirlo a priori, me parece.
Andreas Siekmann: -Yo estaba pensando
en el libro El retorno de lo real. A mí me asombró
cómo los proyectos que estuvieron presentando excluyen el
contacto con las circunstancias políticas actuales. No se
relacionan con esas circunstancias políticas, y al mismo
tiempo estos proyectos hablan de la pérdida con cierta preocupación,
pero si no incluyen un concepto de negación o un contacto
de lo que está sucediendo en el campo político, terminan
siendo cómplices y se terminan transformando en cómplices
de estas estructuras afirmativas.
Diana Aisenberg: -Yo creo que es una acción
po-lítica, que no es una negación, que está
la op-ción de no intervenir o no hacer intervenir en los
proyectos la situación política. Esta la opción
política de no hacer intervenir esos mecanismos al menos,
los que nosotros estamos acostumbrados en Sudamérica en los
proyectos artísticos. Puede ser una decisión muy conciente
y muy política, sin ser ninguna negación.
Sonia Abián: -Quería decir
que quizás la pregunta de Andreas se relaciona con la primer
pregunta de Claudia acerca del tema de la resistencia, que se relaciona
con el tema políti-co, y da la impresión que hay una
resistencia a hablar de la resistencia y al mismo tiempo de lo político.
Diana Aisenberg: -Yo personalmente no
tengo ninguna negación, ninguna resistencia psicoló-gica,
es simplemente una decisión clara de no interferir en ciertas
esferas con ciertos códigos y es una decisión artística,
no tiene que ver con una resistencia personal ni con una nega-ción
porque no me doy cuenta de lo que pasa. No sé si estoy entendiendo
bien las preguntas...
Público: -Me parece que también
se pueden construir espacios de poder no solamente des-de la resistencia
o desde la resistencia por lo menos tan literalmente pensada. Uno
puede realizar una construcción que finalmente resulte en
resistencia leida desde esos términos, pero que tiene un
motor, un origen en una idea pro, que construye algo. Resistencia
implica la aceptación absoluta de que el otro tiene el poder
y de que yo debo resistirme de algún modo a eso. Me parece
que uno puede construir otro poder.
Rocío Pérez Armendáriz:
-A mí me suena la pa-labra resistencia a algo sumamente rígido
en un punto, me suena a algo que viene así y se queda acá
parado resistiendo (gesto de chocar los puños). La idea general
de los proyectos a mi entender, es generar preguntas que nos permitan
cierto movimiento para adoptar alguna forma de resistencia, pero
que no suene a resistencia en esos términos de rigidez. Me
parece que muchos de los proyectos hablan polí-ticamente,
no de políticas partidarias ni de ninguna crítica
desde ese lugar, me parece que es política lo que se hace
dentro de cualquiera de estos proyectos. De hecho creo que hasta
son comprometidos políticamente sin ser partidarios y creo
que la mayoría tienen que ver con la resistencia en el sentido
móvil, de generar preguntas que puedan abrir posibilidades
de pensar la misma situación; porque, evidentemente, algunas
formas de resistencia no están resultando o no han resultado
históricamente y tal vez se puede proponer repensar las situaciones
como para resistir de otra manera.
La otra vez hablábamos con una gente de la manera de hacer
piquetes y decían que la me-jor manera no era hacer uno que
dure 40 ho-ras en un lugar, sino hacer uno acá media hora,
viene la policía, inmediatamente otra célula está
trabajando en otro lugar, cortando otro es-pacio. Entonces es una
manera de resistir desde el mismo lugar, con la misma protesta pero
siendo móvil. Con la misma ideología pero con otra
propuesta. Esa cosa rígida trae aparejada inmediatamente
algún tipo de violencia de corte y de confrontación
no productiva, que arma mucho más a un lugar y al otro de
rigi-dez, mientras que estas posibilidades de resistir desde diferentes
lugares moviéndonos me parece que son mucho más resistentes:
lo flexible es más resistente.
Reinaldo Laddaga: -Estaba pensando en
la cuestión de lo negativo, y creo que el valor de lo negativo
en cada caso está verdaderamente vinculado al contexto.
Incluso al contexto de visibilidad de una imagen. Realmente una
intervención urbana en Amsterdam, viene a suceder en un espacio
callejero estructurado de un modo verdaderamente diferente al modo
en cómo está estructurado Buenos Aires o Río
de Janeiro. Viene a referirse a una comunidad homogeneizada y heterogeneizada
que tiene consensos y disensos que se estructuran de un modo bastante
diferente que en determinadas ciudades ame-ricanas, europeas, latinoamericanas.
Pienso elegir el caso de Estados Unidos por ejemplo y de la relativa
escasez de obra pública hecha en los últimos años
en Estados Unidos al mismo tiempo que en Europa probablemente lo
más vital de la producción artística reciente
tenga que ver con la ocupación de espacios de la calle o
de espacios públicos. Esto por un lado puede verse como una
carencia, un conformismo americano, por otro lado como una evaluación
atinada de cuáles son las condiciones de visibilidad en la
ciudad en los EE.UU. Con esto no quiero decir que tenga ninguna
conclusión clara al respecto. Sí, que en este ca-so
la decisión con respecto al uso de lo negativo es una decisión
que está verdaderamente vinculada al contexto.
Diana Aisenberg: -Lo que yo quería
decir en relación a esto, a la palabra resistencia, no al
con-cepto resistencia, que me hace acordar al de vanguardia, en
relación a que son términos bélicos que directamente
se relacionan con la guerra y se supone que la época de las
vanguardias terminó, a muchos les gusta decir que siguen,
todos discuten, si están o no están pero realmente
es un deseo personal mío que se dejen de usar ese tipo de
palabras para hablar cuando se habla de arte: vanguardia, retaguardia,
resistencia, y negación... ni qué hablar...
Gabriela Massuh: -Creo que estamos poniendo
un valor excesivamente negativo a la palabra resistencia, yo creo
que acá hubo dos proyectos hoy, que son ejemplares de resistencia.
El proyecto de los Ranchos es un acto de conservación, un
trazado cartográfico de cierta vivienda, de cierto modo de
estructuración, de relación que tiene que ver con
el país y es un acto de rescate. Todo acto de rescate ahora
es acto de resistencia clarísimo, ante la destrucción
de formas culturales, ese es un acto de resistencia. Otro proyecto
que para mí fue un acto claro de resistencia fue el de la
encomienda (La encomienda perfecta, Rocío Pérez
Armendáriz) porque es el intento de juntar formas de la nostalgia
que pueden perderse en el momento en que uno se puede ir. Hay una
noción tan enorme de la pérdida que aparece una necesidad
de trazar un mapa de pequeñas cosas que se quieren conservar.
Ese pequeño conservacionismo a nivel individual, que se puede
pro-yectar a un ámbito público, o a otro ámbito
es un acto de resistencia. ¿Por qué tanto miedo?
Diana Aisenberg: -No es miedo, Gabriela,
no es una cuestión de miedo. Estoy de acuerdo con lo que
decís, y el arte resiste de por sí, sólo por
existir resiste, resiste un montón de fuerzas, es esencia
del arte la resistencia. Yo estoy hablando de la carga negativa
que tiene la pa-labra en sí, cuando son palabras que se vienen
tomando de un vocabulario bélico, en ese sentido prefiero
no hablar de resistencia hablando de arte, no es porque no crea
que haya un...
Gabriela Massuh: -...Espera un minuto.
Cristo re-sistió, Gandhi resistió, Mandela resistieron.
No es de la guerra, no es lo mismo que vanguardia.
Diana Aisenberg: -Sí, pero siguen
siendo ejemplos de sufrimiento físico frente a una realidad
política. Es lo que yo pienso. Yo no estoy en contra de esos
comportamientos. Estoy hablan-do de hasta qué punto incorporamos
esa terminología o esos comportamientos como léxico
artístico o comportamiento artístico, o al lugar del
artista. Estoy cuestionando eso nada más. Es una pregunta.
Andreas Siekmann: -Vuelvo sobre algo que
ha-bía planteado ayer. Hay una conferencia de Foucault sobre
Klausevitz en la que reflexiona sobre la frase de Klausevitz que
la guerra es la continuación de la política con otros
medios y Foucault lo da vuelta y dice que la política es
la continuación de la guerra con otros medios y de ahí
desarrolla el concepto de gubernamentabilidad, tratando de demostrar
como en el liberalismo se crea la ficción o la idea de un
suje-to que se gobierna a sí mismo. Traigo esto a colación
pensando en qué medida estos proyectos de compromiso social
no terminan haciéndole el juego a la sociedad con la que
se están relacionando, si no terminan siendo afirmativos.
¿En qué medida estos proyectos escapan de la idea
de gubernamentabilidad?, ¿Pueden pensarse al margen de esta
cuestión de gubernamentabilidad? ¿En qué medida
se sustraen de esta idea de gubernamentabilidad?
Reinaldo Laddaga: -Puedo ensayar una res-puesta.
Es una pregunta compleja y a lo mejor tendría que retomar
algunas cosas que trataba de decir hace un rato. En una cierta medida,
el neoliberalismo efectivamente existente en la Argentina se realiza
bajo condición de un proceso de reforma organizativa, de
descomposición de las estructuras del estado de bienestar
y de las estructuras asociadas al mismo: sindicatos, es-cuelas públicas,
y todo esto. Sería largo seguir con esto pero al final del
camino lo que parece-ría haber por la vía de la precarización
laboral, por la destrucción de las condiciones de solida-ridad
a nivel del barrio, al nivel del oficio y todo esto, son procesos
de hiperindividualización y de desafiliación. A mí
me parece que esa es una parte por lo menos de la condición
efectiva en la que se encuentra la Argentina. ¿Qué
se puede hacer con respecto a eso?, por supuesto que no está
claro, ¿qué puede hacer el arte con respecto a eso?
Tampoco me parece absolutamente claro, pero no me parece insensata
la idea de que desde el campo del arte se puede ensayar ejercicios
de imaginación organizativa por un lado y de construcción
de instrumentos de comunicación, y de modelos de comunicación
por otra parte, que realicen una tarea de reparación (y vuelvo
a mi término) respecto a esta condición, que me parece
que puede pensarse desde la perspectiva foucaultiana de la gubernamentabilidad.
De una gubernamentabilidad que no me parece que se describa bien
en términos de disciplinariedad o biopolítica, como
en el caso de Foucault, y que tiene que ver con procesos de ultraindividuali-zación
que produce una descomposición fuerte de la posibilidad de
diálogo entre las personas y por otra parte de influencia
de los individuos respecto a los poderes. ¿Qué puede
hacer el ar-te con respecto a eso? Sin duda, algo que puede hacer
es lo que ha hecho, que hace desde hace mucho tiempo: denuncia explícita
de determinadas condiciones de hecho, crítica y producción
de imágenes destinadas a la movilización. Puede hacer
esto sin duda y debe hacerlo y me parece que esta dimensión
de lo político me parece ne-cesaria. Me pregunto, y no tengo
una respuesta clara al respecto, si no hay otras cosas que también
puede hacer el arte, en otros lugares y en la medida en que encuentro
que es característico de lo que sucede en el campo del arte
últimamente un esfuerzo de desarrollo de la imaginación
organizativa. Desde siempre y pa-ra ir a otra fuente en cuanto a
teoría política, Michael Mann ha mostrado desde hace
mucho tiempo que en parte la condición de posibilidad de
procesos de reenginering, de recomposición social como se
ha dado en la Argen-tina tienen que ver con lo que él llama
flanqueo organizativo. Mi pregunta y mi inquie-tud es
si el arte puede hacer algo ahí, en ese espacio. No en el
espacio de las representacio-nes simplemente sino en el espacio
de la organización. No está claro para mí cual
es la res-puesta al respecto, pero me parece que es central, en
lo que se refiere a la condición ar-gentina actual, el efecto
de pérdida de poder concreto de los individuos a partir de
lo que es un proceso de recomposición social efec-tuado desde
la esfera de los poderes.
Charles Esche: -Es una cuestión
interesante, sobre la cual me gustaría hablar un poco mañana,
pero creo que se relaciona con lo que señalaste, referido
a este llamado a juntarnos. Existe una cita muy buena de un artista
americano muy importante -muy importante para mí- Vito Acconci,
en la que dijo que una galería podía ser el lugar
donde la comunidad se llama al orden. Dijo esto en 1980, hace un
tiempo largo, pero parece muy relevante hoy en día. No quería
hablar de esto, pero creo que es en parte un camino posible hacia
una respuesta.
La pregunta que quería hacer, a partir de lo que Andreas
dijo, es sobre este tema de la re-sistencia, porque me parece que
tenemos que definir qué estamos resistiendo, y este es el
gran truco del neoliberalismo, porque finalmente la resistencia,
a causa de la individuali-zación en el neoliberalismo, se
vuelve una resistencia contra uno mismo. Se transforma en una resistencia
contra un cierto nivel de deseo que el neoliberalismo y el capitalismo
crea en nosotros mismos. Entonces cuando hablamos de Gandhi o hablamos
de la situación de Sudá-frica, se habla de un sentido
de oposición muy claro: oposición al apartheid, oposición
al imperialismo. Ahora, lo que encontramos dentro del capitalismo
global es un sentido bastante contaminado de qué es eso.
Y me parece que el arte, junto con otros medios, puede intentar
alguna clase de definición de eso, y quizás esa definición,
cuando hablamos de relaciones globales, tiene que ver con el amable
neocolonialismo -que en realidad puede ser un término mucho
más útil que globalismo en su fase eco-nómica,
y por supuesto hay un globalismo cultural que estamos testimoniando
ahora que es diferente -(a la traductora) me extendi dema-siado,
lo lamento...
Lo que quise decir es cómo podemos o qué podemos definir
en la situación argentina como resistencia. Porque si es
resistencia a un gobierno argentino, me parece que sería
resistencia a lo que en inglés se llama un tigre de papel.
En otras palabras, resistencia a algo que en sí mismo no
tiene poder efectivo real para cambiar la situación, de todos
modos. Quizás vemos eso con Venezuela en este momento. Allí
hay un intento de desarrollar otro modelo y parece ser que es extremadamente
difícil.
Andreas Siekmann: -Una respuesta. Pienso
que como trabajadores-empresarios autónomos, en lo que nos
hemos transformado nosotros, estamos en una situación de
permanente competencia, no sólo con nosotros mismos sino
con todo el contexto, estamos en una especie de autoregresión
porque competimos contra nosotros mismos.
Reinaldo Laddaga: -¿Puedo agregar
algo a esta cuestión? Yo creo que hay un punto interesante
interesante en lo que Charles está mencionando, particularmente
para el contexto argentino y en relación a la figura de la
crítica y de lo negativo, que en mi caso es algo que está
al nivel de la impresión simplemente, pero es una impresión
sin embargo fuerte y persisten-te, que es un cambio fuerte en la
función de lo ideológico en cuanto a la gestión,
en lo que se refiere al Estado argentino. Incluso la dictadura,
extremamente violenta, se veía demandada a presentar alguna
figura de lo nacional efectivamente, del proyecto de país,
de lo que seríamos nosotros versus ellos, mientras lo que
pa-recería característico entre la población
y el gobierno en Argentina es un tipo de uso de la información
que tendría que ver con lo siguiente: la respuesta usual
de los poderes es esto es así, no esto
somos nosotros, este es el proyecto de país. Hay algo,
alguna modificación, no digo en absoluto una desaparición,
pero una modificación en la función de la ideología
en la gestión de las poblaciones que me parece que coloca
en una situación compleja y difícil a todo arte que
se realice en la tradición de la crítica ideológica.
Estaba pensando por ejemplo en el proyecto del Grupo de Arte Callejero,
la bandera de Liquidación-FMI. Hay una función
allí de nominación del otro, del enemigo estrictamente,
que es útil sin duda estratégicamente, en una determinada
medida, pero es equívoca también en otro sentido y
por otra parte pareciera en cierto modo caer fuera del tipo de economía
de poder que pare-ciera plantear el Estado argentino. Sería
muy largo de discutir esto, pero me parece que es particularmente
central esta cuestión dado que estamos hablando de arte y
dado que la forma canónica de la crítica social en
contextos artísticos ha sido la crítica ideológica.
Tengo la im-presión de que la ideología no ocupa,
por lo menos en la Argentina, o en Estados Unidos, por otra parte,
el lugar que solía ocupar.
Público: -Quería saber si
podías hablar de esto de acción periférica,
creo que dijiste una pala-bra en inglés, creo que reenginering.
Me parecía interesante el concepto, como otra visión
desde donde poder repensar el arte o actuar de alguna manera sin
que sea este arte de denuncia o este arte de ir contra, que uno
se pregunta contra qué, si no hay contra qué, el contra
qué es contra uno mismo de hecho...
Reinaldo Laddaga: -Ahí volvemos
a lo que acaba de marcar Charles respecto a que el desafío
del régimen presente de gobierno es su empeño en sustraerse
en tanto fuente del poder, y el hecho de que el poder aspira a hacerse
no identificable. Esto es característico no sólo del
Estado nacional en un lugar como Argentina sino también del
poder en las fábricas, el poder de los mana-gers, y todo
esto. Hay una diferente economía del rostro del poder y por
lo tanto también de la ideología que cambia todo esto.
Reenginering es una recomposición organizativa. A eso me
refería, una recomposición organizativa con-creta
cuando se acepta el fin del pleno empleo, altos niveles de desocupación,
desmantela-miento de la posibilidad de poder sindical.
Sonia Abián: -Quería hacer
una acotación de algo que ya se dijo. Se habló del
acto de res-cate como un acto de resistencia. En el contexto actual
de nuestro país el simple hecho de hacer ya es un acto de
resistencia y como tal es una afirmación.
Charles Esche: -¿Puedo preguntar
qué estas resistiendo?
Sonia Abián: -Todo te lleva a no
hacer, todo te lleva para abajo, en ese sentido ubico la palabra
resistencia, resistencia a una tendencia a la inercia, a la inmovilidad,
a la detención, a la muerte.
Charles Esche: -En una situación
de alto capitalismo en la cual el único modelo es en realidad
más, y más, y más: más consumo -esto
existe en todas partes- incluso en una situación de decadencia,
el modelo es más consumo, más éxito, más
belleza, lo que sea. En realidad la inercia, el aburrimiento, el
rechazo a hacer cosas, podría ser su propia forma de resistencia.
Me parece que el objeto de resistencia necesita ser cuidadosamente
definido y yo no puedo definirlo, ese es el problema, porque pienso
que al final se convierte en resistencia a los propios juegos de
deseos desarrollados por el capitalismo. Esta es la trampa, esta
es la cinta de Moebius en al que estamos atrapados, creo que comenzamos
por un lado del objeto que pretendemos mirar, lo rodeamos y terminamos
dándonos cuenta que en realidad es chato; quizás sepan
lo que es una cinta de Moebius: es un objeto tridimensional que
en realidad sólo existe en dos dimensiones. (Si no saben
lo que es una cinta de Moebius, esta no es una muy buena analogía,
disculpen...)Público: -Me parece que el capitalismo en la
Ar-gentina no corresponde exactamente a la des-cripción del
capitalismo en los Estados Unidos. Yo sinceramente adhiero a esas
posturas y co-nozco mucha gente y muchos artistas que trabajan en
ese sentido: el día de no consumo, no mirar televisión,
etc, etc. Pero acá realmente la realidad es muy diferente
a eso. Estamos atosigados de ese mensaje pero no tenemos la posibilidad
ni siquiera de cumplirlo, entonces la cosa es un poco más
compleja.
Charles Esche: -No hay posibilidad de
quejarse, lo único que hay es la creación de deseo,
por-que concretar los deseos creados por el capitalismo sería
acabar con el capitalismo, lo cual es una posición imposible
de mantener dentro del capitalismo.
Reinaldo Laddaga: - Yo no creo que verdaderamente
el capitalismo funcione sobre todo en función de la generación
de deseos imposibles de satisfacer o algo así, sino que en
el caso presente con veinte por ciento de desocupación más
otro quizás veinte por ciento de de-socupación encubierta,
funciona fundamentalmente a través de la inducción
de inseguridad, de inseguridad con respecto a cuál es la
propia posición en la estructura. De ahí la diferencia
en la posición de la ideología, porque en el modelo
que estás planteando la ideología tie-ne una función
central: generar deseos, generar determinado tipo de deseo y determinado
tipo de estructura de subjetividad. El lugar de la ideología
en la Argentina es otro en la medida en que de lo que se trata es
de la confrontación a la población con el puro hecho
de un nivel de inseguridad muy alto. De ahí que me parezca
que la formación de espacios públicos, nuevamente,
que hagan posibles la conquista de posiciones de poder, aún
cuando ese poder sea simplemente el de hablar, tenga una función
fuerte en una situación como la Argentina.
Público: -Siguiendo lo que vos
decís, creo que Trama en este momento, una de las cosas que
es, es resistencia en el sentido de que lo que provoca es que haya
una escucha y un deseo de entendimiento y de llegar a algún
punto no sólo entre nosotros sino con los de afuera. Me parece
que eso está empezando a pasar en el reto de la sociedad,
que ya, esta cosa de decir no me importa total no me pasa
a mí, ya se quiebra y empieza a haber una necesidad
de escucha que hace que aparezcan esos espacios públicos
porque sería imposible no llegar a entenderse.
Eduardo Molinari: -A mí me parece
que Santiago en un momento dijo algo importante que tiene que ver
con el alto capitalismo, que creo también que no sólo
es una imposición económica sino que es una imposición
cultural. Entonces si hablamos de resistencia estamos hablando de
una resistencia a imposiciones de determinadas visiones culturales.
También creo en relación a lo que decía Reinaldo,
en cuanto a la función de los artistas, que el arte tiene
la capacidad de crear símbolos históricamente, y que
esos símbolos en las últimas décadas, al menos,
justamente por estos sistemas han sido totalmente vaciados de contenido
o bastardeados directamente, entonces hay cierto desafío,
por lo menos yo lo siento de esa manera, de que los artistas po-damos
generar nuevos símbolos que sean estimulantes y que brinden
nuevamente esperanzas.
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