Taller de investigación sobre producción artística y contexto de creación

Amalia Pica

Becaria


HORA CATEDRA, fue un bañado lumínico amarillo realizado sobre la fachada de la Casa de la Independencia en el mes de octubre del 2002. Su duración fue de 40 minutos delimitados por un timbre al comienzo y otro al final, activados por la artista vestida con guardapolvo blanco.

 


Hora Cátedra

Motivaciones para la realización de este proyecto
Hace un tiempo ingresé a trabajar como docente de plástica en dos escuelas primarias. Mi formación docente vino a mí inesperadamente, siendo que éste era el título que otorgaba la institución a la que asistí con expectativas de formarme en realidad como productora de imágenes, como artista visual. Un episodio bastante común en los profesorados artísticos
Una de las cosas que llamó mi atención dentro de la escuela fue reencontrarme con ciertas imágenes, verdaderamente alejadas de mi vida cotidiana, de la historia vivida. Aquellas que conforman el imaginario de la historia ilustrada de Argentina, que pueblan las escuelas antes de cada feriado y se desechan finalizado el acto escolar. Una enorme producción de imaginería histórica, reproducida y copiada de manuales año tras año que no trasciende las paredes de las escuelas, excepto como fondo de las fotografías que toman los orgullosos padres de pequeñas damas antiguas y negritos vendedores de empanaditas calientes.
Es notable, a su vez, comprobar la distancia que existe entre ciertos monumentos históricos y su representación didáctica. Recuerdo que jamás reconocí el cabildo cuando lo vi por vez primera , tan incompleto; o como no logré ver el amarillo huevo que supuestamente cubre la casita de Tucumán en alguna foto que se cruzó en mi camino. La imagen iconizada permanece en mí casi tal vez más fuertemente que el mismo relato acnecdótico de la revolución de mayo, de la declaración de la independencia; al menos de la manera en que me la habrán contado en la escuela.


Conjeturas e interrogantes
Me he visto realizando cabildos, abanicos y "casitas" de Tucumán, en cartulinas escolares y papeles afiches; y acudió siempre a mí la pregunta por el lugar que ocupan estas efímeras realizaciones en mi producción. ¿Será la docencia parte de mi rol como artista?¿Qué relación habrá entre la creación de imágenes y el traspaso del repertorio simbólico nacional, la repetición de estas imágenes esquemáticas?¿Qué función cumplen hoy estas imágenes?¿Será posible un encuentro imaginario entre el contexto de la escuela y el circuito de producción artística?¿Será posible incluso un encuentro entre las imágenes escolares y la vida citadina?
Así también ciertas locaciones ejercen sobre mí resonancias nostálgicas de una infante que jamás estuvo verdaderamente, por ejemplo en Tucumán. Al responder entonces a la convocatoria de TRAMA en Tucumán decidí situarme en esa brecha entre los saberes a priori que uno tiene de los lugares y la experiencia concreta de esos lugares, que es el hilo conductor de los trabajos que ya venía desarrollando, en un proceso guiado por preguntas tentativas mas que por certeras respuestas. Un reconocerme extranjera podría decirse.

Objetivo
Son entonces interrogantes los que me motivan a la realización de este proyecto: reinsertar en el escenario real (Tucumán, la Casa Histórica) la "casita" del manual. Transformar esta casa blanca en aquella amarilla. En aquella casita que fue para mí tanto más real que la verdaderamente existente.

Metodología
Teñir la fachada de la Casa Histórica de este amarillo escolar a través de un baño de luz, realizado con 18 par mil y cinco reflectores de mercurio con gelatina amarilla. En una acción que intenta tanto reinsertar la casita aprendida, como escenificar la acción pedagógica. Abrir en un momento cualquiera una Hora Cátedra, de 40 minutos, delimitada por el sonido de dos timbres: uno al comienzo, otro al final. Los timbres serán tocados por mí que estaré vestida con un guardapolvo blanco.

Perspectiva
Reinsertar la imagen mediatizada (que ha cambiado mucho a partir del amplio desarrollo del diseño gráfico y las publicaciones de revistas para maestras) es un acto Quijotesco. El acto de un personaje en el que el saber narrado, es menos su existencia que su deber. Ahora bien, Don Quijote quiere demostrar que tiene la misma naturaleza de los textos de los que ha surgido. En este caso el personaje vestido con un guardapolvo, proyecta sobre lo real, lo imaginario. Sobre las cosas como son dadas, la forma que le ha sido dada, cuestionando si se quiere la noción de realidad. En esta puesta en escena del conflicto entre las formas dadas por un saber narrado y la experiencia del espacio, el símbolo nacional determina el espacio específico que alberga el conflicto. Mas allá de su aire bucólico, de rescate de lo que lo forma, de presentificación de la ausencia, se trata de una ausencia cuya presencia anterior (rescatada ahora por la nostalgia) es reconocible dentro del campo de la memoria colectiva, pero cuyas asociaciones diferenciantes provienen del campo de lo afectivo y se derivan a una vivencia del contexto del que surgen y no del campo de referencialidad de estas imágenes, de lo que en la obra se define como contexto imaginario a partir del símbolo nacional.

Inscripciones
El apelar a un símbolo nacional como garante del color local, como alusión literal se desgarra cuando las asociaciones que la incluyen dentro del campo de la memoria son relacionadas a una vivencia infantil dentro de una institución de aprendizaje. Donde la independencia es depositada en un símbolo y difícilmente haya encontrado por momentos un anclaje en la experiencia vital. En algún período de nuestra historia los símbolos nacionales intentaron ser basamentos para la construcción de la identidad nacional. Me remito aquí en particular a la escuela normal y su imaginería fundante, que intentó homogeneizar el imaginario a fin de instituir una memoria nacional y colectiva, ante una población de inmigrantes. De allí también el mito de la maestra heroica y el surgimiento mítico de los Estados Latinoamericanos. De este Estado Nación que por otra parte es el supuesto feliz garante de la ciudadanía. En democracias que se han caracterizado por no garantizar un ejercicio de la ciudadanía, la demanda global de localizarse se transforma en muchos casos en una bucólica quijoteada que al llegar al segundo tramo del repliegue del texto sobre su propio contexto (dado por la primera parte de la novela), la posibilidad estaría dada por un texto a priori que sería la democracia en su definición y no en su praxis. La Casa de Tucumán, la Casa Histórica por hablar un poco en jerga tucumana, es el emblema arquitectónico de un revisionismo que ha mirado fotos antiguas, ha desenterrado las bases derrumbando la fachada reconstruída, para re-reconstruir la casa de la independencia, a fin de fundamentarla allí mismo en donde se ha fundado.

Transferencia
Al trabajar en una escuela, en esa institución encargada de homogeneizar aprendizajes, me pregunté por la utilidad de éstos en los tiempos que corren. Más allá de las posibles respuestas que pueda conjeturar la sensación de infructuosidad era muy fuerte. Las respuestas son siempre tentativas y hacen a posiciones interpretativas que puedo yo tomar con respecto a mi obra, la obra sin embargo es una recreación de ese anclaje de la mirada que genera la duda y que en una ambiciosa fantasía propia en lo que hace a la transferencia, mi deseo tiende a que mis preguntas sean ofrecidas a otro.
Así entonces planteo mi obra en el espacio público, en la fachada de esta Casa Histórica, como metáfora de lo público y apelando a su resignificación íntima y singular.

Amalia Pica




Amalia nació en Neuquén Capital, en 1978. Vive y trabaja en Buenos Aires. Profesora Nacional de Escultura recibida en la ENBAPP y está cursando el SEU en el IUNA. Actualmente es ayudante de cátedra en OTAV-Grabado en el IUNA y es docente de plástica en dos escuelas primarias. Asiste al taller de Clínica de obra de Tulio De Sagastizábal y realizó varios cursos y seminarios entre ellos el de Redacción de Tesis y Proyectos para artistas dictado por los Licenciados Alicia Romero y Marcelo Gimenez, en el 2002. Ha participado en muestras colectivas y ha realizado acciones, performances e intervenciones en espacios públicos.

e-mail amaliapica@hotmail.com