Hora Cátedra
Motivaciones para la realización de este proyecto
Hace un tiempo ingresé a trabajar como docente de plástica
en dos escuelas primarias. Mi formación docente vino a mí
inesperadamente, siendo que éste era el título que otorgaba
la institución a la que asistí con expectativas de formarme
en realidad como productora de imágenes, como artista visual.
Un episodio bastante común en los profesorados artísticos
Una de las cosas que llamó mi atención dentro de la escuela
fue reencontrarme con ciertas imágenes, verdaderamente alejadas
de mi vida cotidiana, de la historia vivida. Aquellas que conforman
el imaginario de la historia ilustrada de Argentina, que pueblan las
escuelas antes de cada feriado y se desechan finalizado el acto escolar.
Una enorme producción de imaginería histórica,
reproducida y copiada de manuales año tras año que no
trasciende las paredes de las escuelas, excepto como fondo de las fotografías
que toman los orgullosos padres de pequeñas damas antiguas y
negritos vendedores de empanaditas calientes.
Es notable, a su vez, comprobar la distancia que existe entre ciertos
monumentos históricos y su representación didáctica.
Recuerdo que jamás reconocí el cabildo cuando lo vi por
vez primera , tan incompleto; o como no logré ver el amarillo
huevo que supuestamente cubre la casita de Tucumán en alguna
foto que se cruzó en mi camino. La imagen iconizada permanece
en mí casi tal vez más fuertemente que el mismo relato
acnecdótico de la revolución de mayo, de la declaración
de la independencia; al menos de la manera en que me la habrán
contado en la escuela.
Conjeturas e interrogantes
Me he visto realizando cabildos, abanicos y "casitas" de Tucumán,
en cartulinas escolares y papeles afiches; y acudió siempre a
mí la pregunta por el lugar que ocupan estas efímeras
realizaciones en mi producción. ¿Será la docencia
parte de mi rol como artista?¿Qué relación habrá
entre la creación de imágenes y el traspaso del repertorio
simbólico nacional, la repetición de estas imágenes
esquemáticas?¿Qué función cumplen hoy estas
imágenes?¿Será posible un encuentro imaginario
entre el contexto de la escuela y el circuito de producción artística?¿Será
posible incluso un encuentro entre las imágenes escolares y la
vida citadina?
Así también ciertas locaciones ejercen sobre mí
resonancias nostálgicas de una infante que jamás estuvo
verdaderamente, por ejemplo en Tucumán. Al responder entonces
a la convocatoria de TRAMA en Tucumán decidí situarme
en esa brecha entre los saberes a priori que uno tiene de los lugares
y la experiencia concreta de esos lugares, que es el hilo conductor
de los trabajos que ya venía desarrollando, en un proceso guiado
por preguntas tentativas mas que por certeras respuestas. Un reconocerme
extranjera podría decirse.
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Objetivo
Son entonces interrogantes los que me motivan a la realización
de este proyecto: reinsertar en el escenario real (Tucumán, la
Casa Histórica) la "casita" del manual. Transformar
esta casa blanca en aquella amarilla. En aquella casita que fue para
mí tanto más real que la verdaderamente existente.
Metodología
Teñir la fachada de la Casa Histórica de este amarillo
escolar a través de un baño de luz, realizado con 18 par
mil y cinco reflectores de mercurio con gelatina amarilla. En una acción
que intenta tanto reinsertar la casita aprendida, como escenificar la
acción pedagógica. Abrir en un momento cualquiera una
Hora Cátedra, de 40 minutos, delimitada por el sonido de dos
timbres: uno al comienzo, otro al final. Los timbres serán tocados
por mí que estaré vestida con un guardapolvo blanco.
Perspectiva
Reinsertar la imagen mediatizada (que ha cambiado mucho a partir
del amplio desarrollo del diseño gráfico y las publicaciones
de revistas para maestras) es un acto Quijotesco. El acto de un personaje
en el que el saber narrado, es menos su existencia que su deber. Ahora
bien, Don Quijote quiere demostrar que tiene la misma naturaleza de
los textos de los que ha surgido. En este caso el personaje vestido
con un guardapolvo, proyecta sobre lo real, lo imaginario. Sobre las
cosas como son dadas, la forma que le ha sido dada, cuestionando si
se quiere la noción de realidad. En esta puesta en escena del
conflicto entre las formas dadas por un saber narrado y la experiencia
del espacio, el símbolo nacional determina el espacio específico
que alberga el conflicto. Mas allá de su aire bucólico,
de rescate de lo que lo forma, de presentificación de la ausencia,
se trata de una ausencia cuya presencia anterior (rescatada ahora por
la nostalgia) es reconocible dentro del campo de la memoria colectiva,
pero cuyas asociaciones diferenciantes provienen del campo de lo afectivo
y se derivan a una vivencia del contexto del que surgen y no del campo
de referencialidad de estas imágenes, de lo que en la obra se
define como contexto imaginario a partir del símbolo nacional.
Inscripciones
El apelar a un símbolo nacional como garante del color local,
como alusión literal se desgarra cuando las asociaciones que
la incluyen dentro del campo de la memoria son relacionadas a una vivencia
infantil dentro de una institución de aprendizaje. Donde la independencia
es depositada en un símbolo y difícilmente haya encontrado
por momentos un anclaje en la experiencia vital. En algún período
de nuestra historia los símbolos nacionales intentaron ser basamentos
para la construcción de la identidad nacional. Me remito aquí
en particular a la escuela normal y su imaginería fundante, que
intentó homogeneizar el imaginario a fin de instituir una memoria
nacional y colectiva, ante una población de inmigrantes. De allí
también el mito de la maestra heroica y el surgimiento mítico
de los Estados Latinoamericanos. De este Estado Nación que por
otra parte es el supuesto feliz garante de la ciudadanía. En
democracias que se han caracterizado por no garantizar un ejercicio
de la ciudadanía, la demanda global de localizarse se transforma
en muchos casos en una bucólica quijoteada que al llegar al segundo
tramo del repliegue del texto sobre su propio contexto (dado por la
primera parte de la novela), la posibilidad estaría dada por
un texto a priori que sería la democracia en su definición
y no en su praxis. La Casa de Tucumán, la Casa Histórica
por hablar un poco en jerga tucumana, es el emblema arquitectónico
de un revisionismo que ha mirado fotos antiguas, ha desenterrado las
bases derrumbando la fachada reconstruída, para re-reconstruir
la casa de la independencia, a fin de fundamentarla allí mismo
en donde se ha fundado.
Transferencia
Al trabajar en una escuela, en esa institución encargada de homogeneizar
aprendizajes, me pregunté por la utilidad de éstos en
los tiempos que corren. Más allá de las posibles respuestas
que pueda conjeturar la sensación de infructuosidad era muy fuerte.
Las respuestas son siempre tentativas y hacen a posiciones interpretativas
que puedo yo tomar con respecto a mi obra, la obra sin embargo es una
recreación de ese anclaje de la mirada que genera la duda y que
en una ambiciosa fantasía propia en lo que hace a la transferencia,
mi deseo tiende a que mis preguntas sean ofrecidas a otro.
Así entonces planteo mi obra en el espacio público, en
la fachada de esta Casa Histórica, como metáfora de lo
público y apelando a su resignificación íntima
y singular.
Amalia Pica